La llegada de León XIV a España no solo ha dejado imágenes históricas del recibimiento oficial en el aeropuerto de Barajas. También ha puesto el foco en uno de los gestos más simbólicos del protocolo vaticano: el vestido blanco que ha lucido la reina Letizia durante su encuentro con el Pontífice.
Mientras la mayoría de las mujeres deben vestir de negro en presencia del Papa, la Reina ha vuelto a hacer uso del conocido como "privilegio del blanco", una excepción reservada a un reducido grupo de miembros de la realeza católica y que hunde sus raíces en siglos de tradición.
Felipe VI y doña Letizia han sido los encargados de dar la bienvenida a Robert Prevost a su llegada a Madrid, en una recepción oficial que posteriormente ha continuado en el Palacio Real junto a la princesa Leonor y la infanta Sofía. Para una ocasión de tal relevancia institucional, la Reina ha recuperado uno de los diseños más especiales de su armario.
Una tradición reservada a muy pocas mujeres
El denominado privilegio del blanco es una dispensa concedida por la Santa Sede que permite a determinadas reinas y consortes vestir completamente de blanco durante las audiencias y encuentros oficiales con el Papa.
Su origen se remonta a las antiguas monarquías que permanecieron fieles al catolicismo cuando otros reinos europeos abrazaron el protestantismo. Como reconocimiento a esa vinculación histórica con la Iglesia, el Vaticano autorizó a sus soberanas a romper una de las normas más conocidas del protocolo pontificio.
En la actualidad, solo siete mujeres en el mundo disfrutan de este privilegio. Además de la reina Letizia y la reina emérita Sofía, pueden vestir de blanco ante el Papa las reinas Matilde y Paola de Bélgica, María Teresa y Estefanía de Luxemburgo, y la princesa Charlène de Mónaco.
El vestido elegido por doña Letizia
Para esta primera jornada de la visita papal, la Reina ha apostado por un diseño de la firma española The 2nd Skin Co., confeccionado en encaje de guipur y con una elegante silueta de inspiración clásica. El vestido, de manga larga, cuello caja y falda con volumen, fue estrenado durante el viaje de Estado a Egipto en 2025 y se ha convertido en una de las piezas más sofisticadas de su vestidor.
Como marca el protocolo vaticano, los complementos también han seguido una línea de máxima sobriedad. Doña Letizia ha combinado el vestido con unos zapatos destalonados blancos de Magrit y un bolso a juego, renunciando a las joyas llamativas. En su lugar, ha llevado unos discretos pendientes de oro y diamantes y su habitual anillo de Coreterno. En cuanto al peinado y maquillaje, ha optado por una imagen muy natural, con la melena lisa y suelta, recogida tras las orejas, y un maquillaje apenas perceptible.
Un gesto cargado de simbolismo
Aunque el blanco suele asociarse a la pureza o la paz, en este caso su significado va mucho más allá de una elección estética. El privilegio del blanco es uno de los símbolos más visibles de la estrecha relación histórica entre determinadas casas reales europeas y la Iglesia católica.
Por eso, cada vez que la reina Letizia se encuentra con el Pontífice, su vestimenta despierta tanta atención como el propio acto institucional. En esta ocasión, además, la imagen de la Reina vestida de blanco junto a León XIV ha servido para inaugurar una visita histórica que durante los próximos días llevará al Papa por Madrid, Barcelona y Canarias.
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