España podría enfrentarse en los próximos días a un cambio brusco del patrón meteorológico, con un escenario que ya ha comenzado a despertar comparaciones con uno de los episodios más extremos de los últimos años: Filomena. Aunque los expertos insisten en la prudencia, la combinación de una borrasca atlántica y la posible formación de un bloqueo atmosférico en omega en el Atlántico norte sitúa al país ante un inicio de 2026 marcado por la inestabilidad, las lluvias, el descenso térmico y la amenaza de nieve.
Según los análisis de Meteored, a partir del viernes está prevista la llegada de la borrasca Francis, que avanzará desde el Atlántico e irá cruzando la Península durante el fin de semana. Este sistema no llegará solo. Su desplazamiento coincidirá con una configuración atmosférica poco frecuente pero muy influyente: un potente bloqueo en forma de omega que podría alterar de forma significativa la circulación habitual del chorro polar sobre Europa.
Este tipo de bloqueo recibe su nombre por la forma que adopta el chorro polar, dibujando una Ω en los mapas meteorológicos. En su centro se sitúa una zona de altas presiones que actúa como un auténtico tapón atmosférico, flanqueada por dos áreas de bajas presiones que refuerzan el conjunto. El resultado es un estancamiento del patrón meteorológico, que impide el avance normal de las borrascas y prolonga las situaciones durante varios días o incluso semanas.
En el escenario que manejan los modelos, España quedaría situada bajo el ramal descendente del chorro polar, una posición clave que facilita la llegada de masas de aire frío de origen polar o incluso ártico hacia latitudes más bajas. Al mismo tiempo, Francis impulsará aire templado y húmedo de procedencia subtropical desde el sur y suroeste, generando un cóctel meteorológico potencialmente inestable.
Si esta configuración termina por consolidarse, sus primeros efectos se dejarán notar a partir del viernes. Antes de que el bloqueo en omega quede completamente definido, las altas presiones permitirán la entrada de la borrasca atlántica, con un aumento de la nubosidad y lluvias que podrían extenderse a buena parte del país durante el fin de semana. Será posteriormente, ya de cara al inicio de la próxima semana, cuando podría producirse un descenso acusado de las temperaturas.
Lluvias generalizadas y riesgo de nieve
Aunque la incertidumbre sigue siendo elevada, los modelos apuntan a un episodio de precipitaciones relativamente generalizadas. A partir del lunes, el posible desplome térmico abriría la puerta a la aparición de nieve a cotas más bajas de lo habitual, especialmente en zonas de montaña. Los Pirineos, la Cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico y el Sistema Central figuran entre las áreas con mayor probabilidad de nevadas.
Algunos escenarios más extremos contemplan incluso nevadas más extensas si el choque entre las masas de aire frío y templado se produce sobre la Península. En este contexto, ciertos servicios meteorológicos regionales, como Meteo Salamanca, ya señalan la posibilidad de nevadas relevantes en el Sistema Central coincidiendo con la festividad de Reyes, aunque insisten en que el pronóstico está sujeto a cambios.
¿Otra Filomena?
Las comparaciones con Filomena han comenzado a circular tras la publicación de algunas simulaciones, pero los expertos subrayan que no se trata de una situación idéntica. En enero de 2021, España ya se encontraba bajo una masa de aire muy frío y persistente antes de la llegada de la borrasca, lo que favoreció nevadas históricas en amplias zonas del país.
En el caso actual, el orden de los factores sería distinto. Francis introduciría primero vientos del sur y temperaturas relativamente suaves, y solo después podría producirse la irrupción del aire frío. La clave estará en la posición exacta del anticiclón del bloqueo y en la trayectoria final de la borrasca. Si el choque de masas se produce más al norte, la nieve quedaría restringida a las áreas habituales. Si ocurre más al sur, el episodio podría ganar en extensión e intensidad.
Por ahora, los meteorólogos llaman a la cautela. El escenario es dinámico y todavía puede variar en los próximos días. Lo que sí parece claro es que España se enfrenta a un episodio meteorológico complejo, con ingredientes suficientes para mantener la atención puesta en el cielo ante un arranque de año potencialmente marcado por el frío, la lluvia y la nieve.
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