El Ayuntamiento de Madrid como referente LGTBI de la España vaciada. Vivir para creer… La plataforma ArcoÁvila, organizadora del Orgullo de Ávila, ha anunciado -no sin polémica- que va a reconocer este año al Ayuntamiento de Madrid en sus Gala de Premios a la Diversidad, que celebrará el próximo 11 de julio. ArcoÁvila distingue al consistorio de José Luis Martínez Almeida “por su activismo LGTBI+” - cita literal -, en un proceso en el que esta plataforma, dirigida por un concejal del PP de Ávila, entrega sus premios sin encomendarse a ningún tipo de jurado, sin actas, sin votaciones y sin memoria de justificación. Lo que de toda la vida ha sido un premio “a dedazo”.

El orgullo de Ávila va a premiar así a Martínez Almeida que es el mismo alcalde que jamás ha ondeado la bandera arcoíris en el Palacio de Cibeles y que enviaba también a la Policía Municipal a arrancar por la fuerza las banderas LGTBI y las pancartas en favor de los derechos del colectivo colocadas tanto por Más Madrid como PSOE en sus dependencias municipales. Todo un ejemplo de políticas anti-LGTBI y retroceso que el orgullo de Ávila y ArcoÁvila ha querido reconocer para vergüenza de todas las personas LGTBI de Ávila.

Ante las críticas recibidas en redes social, la única reacción de ArcoÁvila ha sido eliminar y bloquear los comentarios en la publicación de Instagram donde se anuncian los premios. Pero esto es solo una muestra de la deriva partidista y sectaria de esta entidad que se aprovecha del Orgullo abulense para la ‘venta’ de galardones a empresas de dudoso activismo LGTB y para el ‘colegueo’ con políticos del PP a los que se ofrece la oportunidad para un nuevo pinkwashing de la derecha española

La celebración del Orgullo en la pequeñas capitales de provincia es quizá uno de los mayores méritos del colectivo, llegando a aquellos rincones de la España olvidada, donde las personas LGTBIQ+ se ven obligadas a elegir entre el armario o el sexilio. Tal es el caso de Ávila que, aunque tuvo su primer Orgullo en junio de 2008, no fue hasta 2020 cuando la plataforma ciudadana ArcoÁvila comenzó a celebrar, cada vez con mayor solidez, los actos del Orgullo abulense.

En aquel año se presentaban como una plataforma de ciudadanos que aspiraba a constituirse como “asociación con su acta fundacional, estatutos y órganos de gobierno”, cosa que parece no haber ocurrido todavía, pues no aparece en ninguno de los Registros Públicos consultados. La opacidad de su estructura y funcionamiento es total.

Como “presidente en la sombra” de ArcoÁvila se sitúa el Alfonso González Garrido, concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Ávila. Esta discreta pero influyente figura ha sido determinante para la escalada de decisiones, cuanto menos cuestionables, del órgullo abulense.

Los “Premios a la Diversidad y el Activismo LGTB” de Ávila han premiado, en sus seis ediciones, a nombres sorprendentes, como el vidente Rappel (2025) o Leonardo Dantés (2026), cuya lucha y activismo podrían ser cuestionables si al menos existiesen. El excentricismo no es diversidad. Llevar túnica o hacer canciones chabacanas no te convierte en activista por los derechos LGTBIQ+.

Pero estos galardones no solo han pecado de esperpénticos, sino también de polémicos. Este fue el caso de David Enguita, también del Partido Popular de Madrid y premiado en 2025 tras la publicación de un libro infantil en el que romantiza el proceso de compra de un bebé en México a través de un vientre de alquiler.

Sin embargo, el cénit de vergüenza llega con la cascada de premios a compañeros de partido de Alfonso González Garrido. La primera, en 2025, fue Silvia Clemente, consejera de sucesivos Gobiernos autonómicos de Juan Vicente Herrera (PP) desde 2001 hasta 2015, cuando pasó a ser Presidenta de las Cortes de Castilla y León. En los casi veinte años que fue Consejera, su partido bloqueó sistemáticamente la aprobación de una Ley LGTBIQ+. CyL sigue siendo actualmente la única comunidad autónoma de España sin esta norma de protección específica.

Además de diplomas estrambóticos, estos premios a la Diversidad y el Activismo recaen año tras años en empresas y entidades privadas cuyo único vínculo con el activismo es el patrocinio o colaboración económica puntual. En esta línea, se han premiado corporaciones tan distantes de la lucha por los derechos LGTBIQ+ como Coca-Cola, la consultora Grant Thorton o el grupo de comunicación Promecal, galardonado en esta edición, y cuyo presidente es Méndez Pozo, condenado por corrupción y estrechamente ligado al Partido Popular. 

En conclusión hay tres vías para ser galardonado por ArcoÁvila: la comprada, mediante patrocinios y colaboraciones cuyo rastro se pierde ante la inexistencia de cuentas orgánicas y la opacidad de su estructura; la militancia en el PP, asegurando una buena dosis de pinkwashing con la inestimable ayuda de González Garrido; y la lucha y el activismo, la única legítima y tristemente eclipsada por las anteriores.

No hay que restar mérito al hecho de haber colocado la fecha del Orgullo en el calendario de una pequeña capital de provincia castellana, donde la diversidad nunca ha encontrado su máximo exponente. Pero no podemos aceptar que la buena intención justifica la mala praxis. El espacio se ha convertido en cortijo sin ventanas que reparte premios y diplomas como tómbola sin pudor. Sin una sola página web o espacio de rendición de cuentas en el que se puedan consultar cuestiones como sus órganos directivos, ingresos obtenidos con las venta de merch, actividades recaudatorias y patrocinios, o sencillamente, empleo detallado que se da a esos fondos. En definitiva, la vieja historia de quienes se aprovechan de algo tan importante como el Orgullo LGTBIQ+ en una pequeña capital de provincia para satisfacción de egos, amistades, compadreos y lavados de cara. 

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