Hace aproximadamente una semana, la imagen de un agente de la Policía Nacional agrediendo a una profesora en Valencia daba la vuelta a redes sociales y a los medios de comunicación de nuestro país.
La dureza del vídeo contrastaba con el sentido pacífico de la manifestación de los docentes valencianos, que llevan un mes de huelga para reclamar mejoras a la Generalitat. En las instantáneas se apreciaba cómo un funcionario empujaba por detrás a la docente -jubilada- ocasionándole heridas y provocando la intervención sanitaria.
Fueron varios los sindicatos policiales que salieron en defensa del compañero y justificaron la acción, señalando que la persona sobre la que se ejerció la violencia se encontraba ocupando vía pública. También cargaron contra la delegada del Gobierno de España en la Autonomía, Pilar Bernabé.
Frente a esa reacción, que echaba más leña al fuego y reavivaba el debate sobre la profesionalidad del Cuerpo, surgió una voz discordante que, si bien opera desde hace una década, se ha convertido en mediática en los últimos días al criticar abiertamente esa acción en concreto y la violencia policial injustificada en general.
Se trata del Sindicato Reformista de Policías (SRP), una agrupación sindical que, como su propio nombre indica, escapa a ciertas ideologías y/o comportamientos que predominan en el ideario colectivo cuando se habla de estos servidores públicos.
"Algunos quieren que seamos seudomilitares"
Nos atiende al otro lado del teléfono el fundador de esta iniciativa y actual portavoz, Manuel Soler, que nos explica un poco los orígenes y objetivos de este proyecto y analiza la situación actual que, a su juicio, atraviesa el Cuerpo.
SRP nace en 2016 “como consecuencia de la ley de régimen de personal vigente impuesta un año antes por el PP”, sitúa a modo de base. Dicha normativa, lamenta “impide que el sector sindical sea completamente diferente al que ellos quieren”. Básicamente, su finalidad principal pasa por la adquisición de “derechos fundamentales como la libertad sindical”, pero eso es limitar mucho su línea de actuación.
Siempre con una “versión sindical propia” y el apoyo de históricos del sindicalismo como Comisiones Obreras (CCOO) o UGT, se definen como contrapeso del “estatus de la Policía que algunos quieren conservar, en el que para unas cosas somos civiles, pero para otras quieren que seamos seudomilitares, con himnos, banderas, formaciones castrenses”. “Todo esto es un perjuicio en el siglo XXI”, tiene claro Soler.
"En la Transición, la Policía se adaptó a la sociedad (...) Ahora muchos no la reconocemos"
El portavoz de SPR establece una breve cronología, desde la Transición hasta los últimos años, cuando el Cuerpo ha experimentado de nuevo una radicalización. “Después de la Transición se adaptó un Cuerpo que unificaba el general y la policía armada, con un esfuerzo por parte del PSOE y los sindicatos”, rememora.
Entonces, señala, “la Policía se adaptó a la exigencia de la sociedad en la demanda de derechos y libertades”, algo que “se trasladaba a sectores marginados”. “La Policía fue muy respetuosa y se adaptó perfectamente porque los dirigentes políticos supieron hacer esa transformación y mentalizar a los funcionarios de que la Policía no podía ser represiva, sino preventiva, y así hemos estado durante muchos años”, defiende.
Sin embargo, afea que hace como diez años que “se está llevando a cabo una formación y mentalidad ideológicas a través de determinados sindicatos que hacen que en estos momentos muchos policías de los que hemos estado en primera línea no reconozcamos a la Policía”. “Algunos sindicatos están mandando mensajes a favor de determinadas opciones políticas, llámense PP, Vox… con unos significados muy peligrosos”, dice contundente.
El caso de la profesora de Valencia es muy esclarecedor, con unos hechos que ciertos sectores no solo justificaron, sino que utilizaron de arma arrojadiza contra una miembro del Ejecutivo. “Este tipo de actuaciones pueden echar por tierra el trabajo y ofrecer una concepción del Cuerpo totalmente diferente a lo que pensamos y creemos que existe”, expone Soler, responsabilizando de ello a movimientos dentro del propio Cuerpo y al propio Ministerio del Interior.
"Hay miles de compañeros atónitos"
El fundador de la iniciativa que centra estas líneas tiene claro que cuando “se comete un error o un exceso hay que ser consecuente”, pero no quiere dejar pasar la oportunidad de poner en valor el trabajo de muchos otros compañeros: “De verdad que la mayoría de los funcionarios son personas cualificadas, honestas, trabajadoras y sacrificadas con el ciudadano”.
“Hay miles de compañeros que están atónitos actúan con la prudencia que les falta a algunos sindicatos”, añade, destacando que tienen “las puertas abiertas” para todo aquel que decida no plegarse ante el corporativismo y esa realidad que tanto ruido hace: “Ojalá cada vez más empiecen a pensar que aquí hay hueco para ellos; para llevar esto a un terreno fértil, neutral y evitar la distorsión de la función sindical”.
El entrevistado habla de “miedo” entre los trabajadores, y no elude que son una “especie rara” dentro del colectivo. “Se nos ha tachado de todo”, reconoce, pero no baja los brazos. “A nosotros no nos preocupa ser minoría, sino que esa mayoría no sea consecuente con los ciudadanos, los colectivos y los propios policías”, indica.
Soler pide una “profunda reflexión a través de la cúpula policial y de los dirigentes políticos” que permitan “sentar una base para que estas actuaciones que denunciamos no lleguen a más”, con un mensaje muy claro: “Tenemos una visión y un concepto de sindicalismo real y efectivo 100% como el resto de sindicatos de clase, y ahí queremos estar”.
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