Un informe impulsado por la Plataforma Edificación Passivhaus y el Consejo General de la Arquitectura Técnica de España concluye que las viviendas levantadas bajo estándares Passivhaus registran niveles de gas radón más de un 50% inferiores a los que se detectan en edificios residenciales habituales. La diferencia se mantiene incluso en territorios donde el suelo favorece la aparición de este contaminante.

La investigación analizó durante doce meses 73 edificios repartidos por once comunidades autónomas. Se compararon inmuebles certificados Passivhaus con otros construidos según criterios tradicionales, para comprobar cómo variaba la concentración de radón en función del tipo de edificación y de la estación del año.

Por qué el radón importa

El radón no se ve ni se huele y procede de la descomposición del uranio presente en determinados suelos. La Organización Mundial de la Salud recomienda no superar los 100 becquerelios por metro cúbico, ya que este gas es la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaco y estaría vinculado a alrededor del 7% de los fallecimientos anuales por esta enfermedad en España.

El presidente del CGATE, Alfredo Sanz Corma, insistió en que la calidad de la vivienda debe entenderse como un asunto de salud pública y no solo de eficiencia energética.

Qué hacen distinto las viviendas Passivhaus

Según explicó la presidenta de PEP, Concha Uría, el radón tiende a acumularse en las zonas bajas de los edificios, por lo que la ventilación mecánica doble resulta decisiva. El estándar Passivhaus combina aislamiento continuo, eliminación de puentes térmicos, estanqueidad al aire, sistemas de ventilación con recuperación de calor y carpinterías de altas prestaciones.

El objetivo del estudio fue comparar estos inmuebles con viviendas que únicamente cumplen el límite legal de 300 Bq/m3 fijado por el Real Decreto 1029/2022. Para ello se instalaron 152 detectores pasivos que midieron los niveles de radón tanto en verano como en invierno.

Sobre el estudio

La investigación incluyó comunidades con riesgo medio y alto según el Código Técnico de la Edificación, entre ellas Galicia, Castilla y León, Extremadura, Madrid o Cataluña. En zonas con suelos graníticos y alta permeabilidad, las diferencias fueron claras.

En Galicia, donde más del 14% de la población estaría expuesta a valores superiores a 300 Bq/m3, se detectaron cifras muy inferiores en viviendas Passivhaus. En Lugo, por ejemplo, los registros invernales se situaron en 62 Bq/m3 frente a 290 en edificios convencionales, y en Valdoviño se midieron 65 Bq/m3 en verano frente a 831 en las viviendas tradicionales.

Soto del Real, en Madrid, mostró la mayor brecha entre ambos modelos constructivos. Las casas Passivhaus oscilaron entre 70 y 296 Bq/m3, mientras que las convencionales alcanzaron picos de hasta 2.380 Bq/m3, muy por encima del máximo permitido.

En Cataluña, todas las viviendas Passivhaus analizadas quedaron por debajo del umbral recomendado por la OMS, con registros de hasta 23 Bq/m3 en Barcelona. En áreas con menor concentración natural, como Viladecans, las diferencias fueron menores, con cifras similares entre ambos tipos de vivienda.

En Extremadura y Castilla y León, donde existen zonas con más de 400 Bq/m3 de referencia, las viviendas Passivhaus se mantuvieron por debajo de 50 Bq/m3. En la Comunidad Valenciana, Aragón, Asturias y Navarra los niveles fueron demasiado bajos para extraer conclusiones firmes.

Gas radón: un problema poco conocido

Durante la presentación también intervino Sonia García, investigadora del Instituto Eduardo Torroja, quien recordó que basta una pequeña presencia de uranio en el suelo para que se genere radón. “Los suelos porosos facilitan su entrada en los edificios”, señaló, y añadió que los ciudadanos deberían saber si una vivienda está preparada frente a este gas, del mismo modo que reciben información sobre su consumo energético.

La coordinadora técnica de PEP, Rosalía García, subrayó que los criterios Passivhaus no son recientes ni experimentales, sino estándares desarrollados en los años noventa que siguen siendo efectivos.

Por último, Marina Morales, del Ministerio de Sanidad, apuntó que aún falta información sobre los efectos del radón en comparación con otros factores ambientales como la contaminación o la radiación solar, a pesar de conocerse su riesgo a largo plazo.