La Agencia Francesa de Seguridad y Salud Alimentaria, Ambiental y Laboral (ANSES) ha publicado una evaluación científica sobre los riesgos del vapeo en la que concluye que el cigarrillo electrónico presenta riesgos para la salud, aunque estos son inferiores a los asociados al tabaco convencional. El informe introduce así una diferenciación explícita entre ambos productos desde el punto de vista toxicológico.
El organismo subraya que vapear no está exento de efectos adversos, pero cuestiona la percepción social que lo sitúa en un nivel de riesgo equivalente o superior al del cigarrillo convencional. Todo ello, tras revisar más de 2.500 estudios científicos al respecto.
Ausencia de combustión
Uno de los ejes centrales del informe es la ausencia de combustión en el funcionamiento del cigarrillo electrónico. El vapeo produce un aerosol mediante calentamiento, una cuestión que, para la ANSES, supone una importante ventaja con respecto a los cigarrillos convencionales, que sí queman el tabaco liberando numerosas toxinas.
La ausencia de combustión, señala el informe, reduce de forma significativa la exposición a sustancias tóxicas y cancerígenas. El análisis comparativo entre humo del tabaco y aerosol del vapeo muestra diferencias significativas. Muchas de las sustancias nocivas presentes en el humo del cigarrillo convencional están ausentes en el aerosol de los dispositivos electrónicos. Cuando algunas de ellas se detectan en el vapeo, señala el informe, sus concentraciones son considerablemente inferiores a las registradas en el tabaco fumado.
La evaluación incluye un análisis específico de la exposición a aldehídos y otros compuestos derivados del calentamiento, lo que permite establecer diferencias cuantitativas entre ambos productos.
Nivel de evidencia y límites
El informe distingue entre los riesgos probados del tabaquismo —ampliamente documentados— y los riesgos posibles o probables asociados al vapeo. La ANSES señala que aún no existe consenso científico definitivo sobre los efectos a largo plazo del uso continuado del cigarrillo electrónico, por lo que mantiene un enfoque de prudencia.
En términos de salud pública, la conclusión es clara: vapear no es inocuo, pero implica una menor exposición a sustancias tóxicas en comparación con el tabaco combustible.
Perfil de los usuarios
El informe subraya que el vapeo está estrechamente vinculado al consumo previo de tabaco. El 98 % de los vapeadores adultos son fumadores o exfumadores, y el 61 % mantiene un consumo dual, es decir, combina cigarrillos electrónicos y tabaco convencional.
En Francia, el uso diario del cigarrillo electrónico afecta al 6,1 % de los adultos, frente a un tabaquismo diario del 18,2 %, el nivel más bajo desde finales de los años noventa. Estos datos refuerzan la idea de que el vapeo se concentra principalmente en personas con historial previo de tabaquismo.
El objetivo es la cesación tabáquica
La ANSES no recomienda que personas no fumadoras comiencen a vapear. Sin embargo, reconoce que, si un fumador tiene dificultades para dejar el tabaco, el cigarrillo electrónico puede constituir una alternativa desde un enfoque de reducción de riesgos en comparación con el cigarrillo convencional.
Este uso debe plantearse como una medida transitoria dentro de un proceso de cesación tabáquica, cuyo objetivo final es abandonar tanto el tabaco como el vapeo. El organismo insiste en que la meta en términos de salud pública sigue siendo no fumar ni vapear.
Productos regulados
Las conclusiones del informe se refieren exclusivamente a dispositivos y líquidos comercializados en canales oficiales y regulados, que cumplen con estándares de calidad y control establecidos por las autoridades sanitarias.
La ANSES advierte de que estos resultados no pueden extrapolarse a productos adquiridos fuera de los circuitos legales, como dispositivos comprados a proveedores de terceros países sin sistemas de control equivalentes. En esos casos, no puede garantizarse la composición real de los líquidos, los niveles de nicotina ni la ausencia de sustancias no declaradas.
De forma sintética, el organismo establece cuatro principios: el vapeo no es inocuo; presenta menor toxicidad que el tabaco combustible; reduce la exposición a sustancias nocivas; y puede desempeñar un papel limitado y condicionado en fumadores adultos que no logran abandonar el cigarrillo convencional.