Durante décadas, el Patronato de Protección a la Mujer fue una maquinaria silenciosa al servicio de la moral oficial del régimen. Creado en 1941 y activo hasta bien entrada la democracia, este organismo franquista se convirtió en uno de los dispositivos más longevos —y menos conocidos— de control y represión sobre las mujeres en la España del siglo XX.
El nuevo libro de Carmen Guillén, doctora en Historia Contemporánea y autora de la primera tesis doctoral dedicada íntegramente a esta institución, arroja luz sobre una realidad que durante años permaneció oculta tras el lenguaje de la caridad y la redención. Bajo los principios de “trabajo y oración” como vías de expiación, y “disciplina y castigo” como método de adoctrinamiento, el Patronato articuló un sistema que permitió el internamiento de miles de mujeres sin necesidad de delito ni juicio previo. Bastaba una etiqueta: “inmoral”.
La autora, esta obra publicada por Editorial Crítica (Planeta), reconstruye con rigor documental cómo Iglesia y Estado confluyeron en un proyecto común de vigilancia del cuerpo y la conducta femenina. Jóvenes consideradas “descarriadas”, chicas que “suspiraban demasiado por los hombres”, menores embarazadas, víctimas de abusos o simplemente mujeres que no encajaban en el ideal nacionalcatólico fueron enviadas a centros donde el silencio era norma y el castigo, cotidiano.
El libro no se limita al análisis institucional. Su mayor fuerza reside en la incorporación de testimonios directos que revelan la dimensión humana del drama. Las páginas recogen relatos de castigos físicos extremos, humillaciones, trabajos forzados y amenazas constantes. Una de las supervivientes recuerda: “El silencio es lo que me marcó más. Hay varias capas de silencio como el que había en los centros, el silencio propio, el silencio de mi casa y el que ha habido en general sobre el tema”. Ese silencio —apunta Guillén— no fue solo una consecuencia, sino también una herramienta de poder.
Especialmente revelador resulta el análisis del concepto de “inmoralidad”, convertido en categoría jurídica difusa que legitimaba la denuncia, el ingreso y la duración del encierro. No hacían falta pruebas ni hechos comprobables: el juicio moral bastaba para privar de libertad a una joven. La autora demuestra que el Patronato fue una pieza clave en la arquitectura política del franquismo, destinada a modelar el comportamiento femenino y reforzar un orden social profundamente patriarcal.
Se aborda el tema desde la investigación académica y la vocación divulgativa
Carmen Guillén, profesora en la Facultad de Medicina de Albacete (UCLM) y especialista en historia de la medicina y de la sexualidad, aborda el tema con un enfoque que combina investigación académica y vocación divulgativa. Su trabajo, reconocido en 2021 con el Premio a la Mejor Tesis Doctoral en materia de violencia de género, aporta no solo datos inéditos, sino también una reflexión sobre la memoria colectiva y las deudas pendientes con las víctimas.
Este libro no es únicamente una reconstrucción histórica: es una invitación a escuchar lo que durante décadas fue acallado. Al rescatar las voces de quienes padecieron el Patronato, la obra interpela al presente y recuerda que el control sobre el cuerpo de las mujeres fue política de Estado. Y que asumir ese pasado es condición necesaria para que no vuelva a repetirse.