Cuando una parte de los fumadores abandona el mercado legal para recurrir al comercio ilícito, el consumo de tabaco no desaparece. Simplemente cambia de canal de distribución. Ese desplazamiento plantea un desafío que cada vez preocupa más a las autoridades, ya que los cigarrillos de contrabando o falsificados escapan a los controles oficiales y al pago de impuestos especiales, cuya recaudación contribuye a financiar servicios públicos como la sanidad, responsable de atender muchas de las enfermedades asociadas al consumo de tabaco. Al mismo tiempo, ese dinero acaba alimentando redes criminales que encuentran en el tabaco un negocio cada vez más rentable.
La lucha contra el tabaquismo sigue siendo uno de los grandes objetivos de cualquier estrategia de salud pública. La combustión del tabaco libera miles de sustancias, muchas de ellas tóxicas, relacionadas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias y distintos tipos de cáncer. Sin embargo, el debate sobre las políticas de control del tabaco también obliga a tener en cuenta qué ocurre cuando una parte del consumo termina desplazándose fuera del mercado regulado.
Este debate ha cobrado mayor relevancia mientras España estudia incorporar el empaquetado genérico, una medida que ya aplican varios países europeos y que consiste en eliminar prácticamente todos los elementos distintivos de las cajetillas para reducir su atractivo comercial. La propuesta forma parte de la futura Ley Antitabaco, cuyo debate público se ha centrado principalmente en la prohibición de fumar en las terrazas, aunque también incluye otras medidas que han generado posiciones enfrentadas tanto dentro como fuera del ámbito político.
Australia suele citarse como el gran referente internacional por haber sido el primer país en implantar esta política. Quienes defienden el empaquetado genérico sostienen que la medida contribuyó a reducir el tabaquismo, aunque distintos expertos recuerdan que coincidió con otras actuaciones, como importantes subidas de impuestos, por lo que resulta difícil atribuir ese efecto exclusivamente al cambio en el diseño de las cajetillas.
Más de una década después, el país también se enfrenta a un importante crecimiento del mercado ilegal del tabaco. El último informe del Comisionado para el Tabaco Ilícito y los Cigarrillos Electrónicos del Gobierno australiano estima que el comercio ilícito representa ya alrededor del 55 % del mercado, con un valor cercano a los 5.600 millones de dólares australianos y unas pérdidas fiscales que podrían situarse entre 7.700 y 11.800 millones en impuestos especiales.
Otras estimaciones elaboradas por el Australian Bureau of Statistics también reflejan un incremento significativo del consumo procedente de fuentes ilícitas en los últimos años, una evolución que preocupa tanto a las autoridades como a las fuerzas encargadas de perseguir el fraude.
Europa ofrece ejemplos similares. Francia, que introdujo el empaquetado genérico en 2017 y suele figurar entre los países con una regulación del tabaco más estricta, aparece en el último estudio elaborado por KPMG como el mayor mercado ilícito de cigarrillos de Europa. Según ese informe, en 2025 cerca del 41 % de los cigarrillos consumidos en el país procedían de canales ilegales, lo que equivale a unos 20.500 millones de unidades fuera del mercado regulado.
Los Países Bajos, donde esta medida se aplica desde 2021, también registran un aumento del comercio ilícito, con una cuota superior al 22 % del mercado, cifras que no se observaban desde hace casi dos décadas.
Ahora bien, atribuir exclusivamente esta evolución al empaquetado genérico sería una simplificación. El crecimiento del contrabando responde a numerosos factores, entre ellos el incremento de los impuestos, las diferencias de precios entre países, la actuación de organizaciones criminales o la eficacia de los controles aduaneros. Precisamente por esa complejidad, resulta difícil aislar el efecto concreto de una única medida regulatoria.
Por tanto, ello no significa que el fenómeno deba ignorarse. Si algunos de los países que han apostado por políticas antitabaco más ambiciosas registran al mismo tiempo algunos de los mayores niveles de comercio ilícito del mundo desarrollado, parece razonable incorporar esa experiencia al debate antes de adoptar nuevas regulaciones.
Impacto sobre el consumo y sus efectos sobre el comercio clandestino
España afronta el reto de seguir reduciendo el consumo de cigarrillos sin perder de vista otro objetivo igualmente importante: evitar que una parte creciente del mercado termine en manos del crimen organizado. Además del impacto sobre la seguridad y el fraude fiscal, el crecimiento del mercado ilícito también plantea interrogantes desde el punto de vista sanitario, ya que estos productos escapan a cualquier control oficial sobre su fabricación y distribución.
La experiencia internacional muestra que cualquier política de control del tabaco debería evaluarse de forma global, teniendo en cuenta no solo su impacto sobre el consumo, sino también sus efectos sobre el comercio ilícito, la recaudación fiscal y la capacidad de las autoridades para mantener el mercado dentro de los canales legales.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.