Madrid vivirá este 2026 una coincidencia tan singular como simbólica: el 141 aniversario del Ángel Caído, una de sus esculturas más emblemáticas, coincide en el calendario con la visita del papa León XIV a la capital. Dos hitos que, aunque sin relación directa, han vuelto a poner el foco sobre una obra que desde hace décadas despierta fascinación, debate y cierto halo de misterio.
Ubicada en el corazón del Parque del Retiro, la escultura representa a Lucifer en el instante de su caída, derrotado tras rebelarse contra Dios. Su presencia en un espacio público, y especialmente en una ciudad de fuerte tradición católica, ha sido históricamente objeto de atención, más aún en un contexto como el actual, marcado por la presencia del pontífice en la capital.
A este interés renovado contribuye también uno de los elementos más comentados del monumento: su ubicación a 666 metros sobre el nivel del mar. La cifra, asociada popularmente al 'número de la Bestia', ha alimentado durante años interpretaciones simbólicas que resurgen ahora con fuerza. Sin embargo, los datos topográficos desmontan cualquier teoría esotérica: Madrid se sitúa en una altitud media cercana a los 655 metros, por lo que la cifra responde más a una casualidad que a una intención deliberada.
Una obra única en el mundo
El Ángel Caído es una creación del escultor madrileño Ricardo Bellver y está considerada una de las pocas representaciones monumentales de Lucifer en el espacio público a nivel internacional. La obra capta con gran dramatismo el momento de la expulsión del ángel rebelde, con un cuerpo en tensión y rodeado por una serpiente que simboliza el pecado.
El conjunto se completa con un pedestal decorado con figuras demoníacas y concebido como una fuente, lo que refuerza su carácter escénico. Esta combinación de elementos ha convertido la escultura en uno de los puntos más fotografiados del Retiro y en una parada habitual tanto para turistas como para madrileños.
Su origen se remonta al siglo XIX. Inicialmente modelada en yeso, fue adquirida por el Estado por 4.500 pesetas con la intención de exhibirla en la Exposición Universal de París de 1878. Ante la exigencia de materiales más duraderos, se decidió fundirla en bronce, lo que permitió su conservación y posterior instalación en Madrid.
La inauguración tuvo lugar en 1885 bajo la regencia de María Cristina de Habsburgo, que promovió su ubicación definitiva en el Retiro. El espacio elegido contaba con una carga histórica previa, ya que había albergado construcciones como la Real Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro.
Inspiración literaria y lectura contemporánea
La obra de Bellver está directamente inspirada en El paraíso perdido, del poeta inglés John Milton, donde se narra la rebelión de Lucifer y su caída definitiva. Este trasfondo literario aporta una dimensión adicional a la escultura, que trasciende lo religioso para adentrarse en el terreno simbólico y artístico.
En el contexto actual, con la visita papal como telón de fondo, la figura del Ángel Caído adquiere nuevas lecturas. La coexistencia en una misma ciudad de un evento de profundo significado religioso y una de las representaciones más icónicas del diablo en el arte público genera un contraste que no pasa desapercibido.
No es única en el mundo
Madrid esconde además otras referencias contemporáneas al mito del ángel caído. En pleno centro, en la calle Mayor, se encuentra la escultura “Accidente aéreo”, del artista Miguel Ángel Ruiz Beato. Situada en la azotea de un edificio, representa a un hombre alado que sufre un accidente al regresar a una ciudad que ha crecido sin que él lo perciba.
Durante años, esta obra fue interpretada como una especie de reinterpretación moderna del mito de Ícaro o incluso como una continuación simbólica del Ángel Caído del Retiro, aunque su autor aclaró que se trata de una reflexión sobre el paso del tiempo y la transformación urbana.
Más allá de Madrid, otras ciudades también cuentan con representaciones de Lucifer, como en los jardines del Capitolio Nacional de Cuba o en la plaza Statuto de Turín. Sin embargo, ninguna ha alcanzado el nivel de notoriedad ni la carga simbólica que rodea a la escultura madrileña, que este 2026 vuelve a situarse en el centro de la conversación pública por una coincidencia tan llamativa como inesperada.
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