La idea de que al hombre le corresponde una mujer por derecho viene de lejos. Ya en el Antiguo Testamento veíamos como a un solitario Adán le quitaban una costilla para fabricarle a Eva, una mujer destinada a hacerle compañía en el Jardín del Edén. Mary Shelley, en Frankenstein, planteaba esto como un dilema moral y Víctor Frankenstein nunca llegaba a crear a la mujer para La Criatura.

El cine, sin embargo, ha querido explorar esta vía en varias ocasiones. La más reciente acaba de llegar a los cines: The Bride! Lo que nos lleva a echar la vista atrás y observar cómo este medio ha representado a la novia del monstruo o, en términos más amplios, a la mujer creada para alguien. Y es que cuando hablamos de La Criatura, hablamos del resultado de la vanidad del hombre, pero cuando hablamos de La Monstrua hablamos del deseo de someter disfrazado de remedio contra la soledad. Una figura que ha servido como espejo de las ansiedades culturales en torno al cuerpo femenino y su autonomía.

La referencia fundacional sigue siendo La novia de Frankenstein (1935), dirigida por James Whale, donde irónicamente, el personaje que da título a la película apenas aparece unos minutos en pantalla. Aun así, este personaje pasó a ser un icono imperecedero de la cultura pop gracias a su diseño, pero también su grito de rechazo al ver al Monstruo marcó un momento clave dentro del imaginario del género. Creada con el fin de ser compañera, su primer impulso, consciente o no, es negarse.

El terror de serie B retomaría esta idea varias décadas después. La novia de Re-Animator, secuela del clásico de culto de Stuart Gordon, homenajeaba al film de Whale mediante una reinterpretación grotesca y gore, solo que aquí no se buscaba el acompañar a otra Criatura, sino el crear a la mujer perfecta. El cuerpo femenino se convierte en ensamblaje: una criatura construida a partir de fragmentos, convertida en espectáculo visual y exceso corporal. La mujer monstruo deja de ser únicamente objeto romántico para transformarse en algo manipulable.

Algo similar ocurre en Frankenhooker, donde el exploitation y el humor negro esconden una lectura sorprendentemente crítica. Un joven científico pierde a su novia en un terrible accidente que deja su cuerpo irreconocible y solo sobrevive su preciosa cabeza. Es entonces cuando decide reconstruirla para devolverla a la vida. Para ello decide utilizar partes del cuerpo de mujeres prostituidas, víctimas de un sistema que ya trataba sus cuerpos como mercancía, mujeres a las que no considera de valor más allá de ser utilizadas en su experimento. Incluso decide crear a su novia a la carta, seleccionando cuidadosamente cada parte para que sea a su gusto. Cuando finalmente cobra vida y escapa a explorar el mundo, va arrasando con los proxenetas y puteros que explotaban a cada una de las partes que la conforman.

La reinterpretación contemporánea más sofisticada de este arquetipo llega con Poor Things, de Yorgos El relato subvierte rápidamente la premisa de La novia de Frankenstein, e incluso del propio Frankenstein, para explorar cuestiones incómodas sobre consentimiento, aprendizaje, deseo y autonomía. Bella Baxter no existe para completar a nadie, su viaje consiste precisamente en descubrir qué significa existir fuera de cualquier convencionalismo moral o social.

The Bride! retoma la premisa original otorgándole, por fin, el protagonismo a quien históricamente no lo tuvo. La posibilidad de que esta nueva novia rechace el papel asignado abre una lectura distinta: ¿qué ocurre cuando la creación no desea pertenecer a su creador? ¿Y qué pasa cuando dos monstruos deciden vivir sin responder a las normas que intentaron definirlos?

El mito de Frankenstein siempre ha hablado del peligro de jugar a ser Dios, pero quizá el verdadero horror no esté en desafiar a la muerte, sino en fabricar afecto, identidad o amor a medida.