A simple vista, el terror y la comedia no tienen nada que ver. Diría más: son polos opuestos. Y cómo se suele decir, los polos opuestos se atraen. Porque, en realidad, el terror y la comedia son dos caras de una misma moneda. Ambos buscan colarse bajo la piel del espectador para provocarle las emociones más difíciles de contener, pero también de conseguir.
Actualmente, tenemos entre los recientes estrenos tres películas que aprovechan esta combinación, Pretty Lethal, They will kill you y Ready or Not 2. Las cuales, por cierto, tienen más similitudes que la mezcla de géneros: en las tres hay hermanas que buscan protegerse la una a la otra y una panda de gente adinerada que cree que pueden hacer lo que quieran, lo que incluye las cosas más macabras y salvajes que pueda uno imaginar.
En Ready or Not, la noche de bodas de una pareja se convierte en una lucha por la supervivencia cuando la familia del novio decide dar caza a la novia. Esto se debe a que, muchos años atrás, se hizo un pacto con un demonio para hacerlos ricos, pero mantener esa fortuna requiere sacrificios. Lo que podría quedarse en un survival horror más, rompe constantemente la atmosfera con situaciones absurdas y exageradas, dando paso así, a la comedia.
¿Cuántos de los que estáis leyendo esto os habéis reído cuando no tocaba? En mitad de una discusión, en un momento tenso en el trabajo o incluso en un funeral. No es que esas situaciones hagan gracia o resulten divertidas, se trata de un mecanismo de defensa. Y eso el cine de terror lo sabe aprovechar muy bien. Mientras el terror construye la tensión, la comedia la rompe, provocando una risa que surge en los momentos más incómodos. Esta dinámica no solo hace más llevadera la violencia en pantalla, sino que intensifica la experiencia emocional del espectador.
Sam Raimi es experto en esta combinación, convierte el horror en un espectáculo grotesco donde lo terrorífico y lo ridículo conviven sin fricciones. Lo hemos visto en Evil Dead 2, Army of Darkness, Drag me to Hell o en la reciente (y divertidísima) Send Help, donde un accidente de avión intercambiará los roles entre jefe y empleada cuando se demuestre que ella es una experta de la supervivencia.
El slasher también se reinventa a través del humor en propuestas que apuestan por el fantástico y las situaciones más surrealistas. Por ejemplo, en Happy Death Day una chica queda atrapada en el día de su cumpleaños, día en el que también es asesinada. Con cada repetición busca la manera de sobrevivir y así salir del bucle. En el caso de Freaky, tenemos un Ponte en mi lugar (Freaky Friday) donde la final girl intercambia el cuerpo con el asesino, subvirtiendo así las reglas clásicas del género. Ambos títulos son del mismo director, Christopher Landon.
En el subgénero de los zombies, la comedia ha dado lugar a propuestas muy celebradas como Shaun of the Dead, más conocida en España como Zombies Party, o la japonesa One Cut of the Dead, que lleva esta mezcla a un terreno metanarrativo tan ingenioso como sorprendente.
Y si hablamos de metacine, no podemos obviar la brillante The Cabin in the Woods, que descompone los tropos del género al situar a sus personajes en un escenario donde todos los clichés posibles pueden hacerse realidad. Un desfile de homenajes a películas concretas como Evil Dead o variantes del terror como puede ser el J-Horror.
Recursos narrativos como el found footage, muy popular en el terror (como ya hemos hablado aquí) han incorporado elementos humorísticos. En Creep o The Visit, la incomodidad y el absurdo se entrelazan para generar una risa nerviosa que refuerza, en lugar de diluir, la tensión.
Con el estreno de They will kill you y Ready or Not 2, el cine vuelve a apostar por esta combinación de sangre y humor incómodo, siguiendo la línea de películas que entienden perfectamente que el miedo y la risa no son opuestos, sino complementarios. Al fin y al cabo, reírse en medio de la situación más terrible no es una contradicción, sino una forma natural y humana de enfrentarse a ella.