El reloj marcaba las 20:30 horas; el termómetro, 38 grados. No importaba, nadie asistía a ello. En el Riyadh Air Metropolitano todas las almas allí presentes este sábado, fundidas en un mismo baile, rendían pleitesía a aquel niño criado en el barrio de Son Gotleu, Palma de Mallorca, al que sus aciertos, sus errores y su pasión lo han llevado a abrirse en canal ante un mundo que hoy le llama Rels B.
Fueron miles las miradas que acompañaron a Daniel Heredia en su cita con Madrid, para firmar junto a él este último baile que inició en marzo de 2025, también sobre el suelo de la capital y que, tras visitar arenas y pabellones de más de una decena de países, vuelve aquí para cerrar un ciclo.
Un estadio entregado fue testigo de lo que Skinny Flakk lleva consiguiendo desde sus primeros pasos, allá por 2014: asistir a un viaje íntimo y un cara a cara con uno mismo. Cuarenta y un temas que brindaron, desde el primero hasta el último, la oportunidad a todos los presentes de echar las vista atrás, mirar a los ojos a los éxitos personales del pasado, las decepciones, romper a bailar al ritmo de aquellos temas que nos llevan a los veranos felices -fueran o no en Mallorca-, quebrarse con los que nos recuerdan las etapas más exigentes y asistir, en definitiva, a una noche ya forjada a fuego en la memoria de tantos.
Con voces como las de Cráneo, Recycled J, Maikel Delacalle, o J Abecia, Rels B lo entregó todo, nada le quedó en el tintero. Testigo de este broche de oro fueron las canciones que lo vieron nacer hace una década como Tienes el don; también lo fueron aquellas que le vieron crecer y hacerse fuerte en un camino que no siempre le fue sencillo como La Prisión o La Última Canción; hasta sellar esta velada con los temas más actuales que le han llevado a recorrer Europa y Latinoamérica en su gira A New Star World Tour y, más recientemente, con su último disco, Love Love FLAKK.
Desconozco si esta ha sido la última vez que he vibrado, cantado, perdonado y soñado con Daniel en directo. La vida es una rueda en constante movimiento e igual que abrir y cerrar este ciclo no entraba en mis planes, quizá en unos años esta misma vida me brinde otra oportunidad inesperada. Pero sería egoísta por mi parte quedarme a la espera, sin celebrar ni agradecer la música vivida y sentida de aquel niño mallorquín. Por ello, sirva esta crónica y este fin de gira como un canto -nunca mejor dicho- a lo disfrutado, a los errores cometidos, a todo lo vivido y aprendido y que, a día de hoy, con el pecho lleno de gratitud, me llevan únicamente a desear que todo siga igual... o que vaya mejor.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.