Sôber vuelve a sacar disco siete años después. Fieles a su filosofía, los madrileños han cuidado muy mucho cada detalle de este nuevo trabajo que recibe el nombre de Anandamida, la molécula de la felicidad.
Carlos Escobedo, vocalista y guitarrista del grupo, explica a ElPlural.com los entresijos de este nuevo ‘hijo’ en una conversación que es, a su vez, un repaso por la trayectoria de una banda que empezó en la década de los 90 y sigue dando caña a día de hoy. Su evolución, que es también la de la música rock y metal, en un artículo.
PREGUNTA (P): ¿Cómo vuelve Sôber?
RESPUESTA (R): Con las pilas cargadas, porque después de la gira que hicimos de 30 aniversario ha venido muy bien este pequeño parón para afrontar esas canciones nuevas, darles el aire que buscábamos a nivel de producción y enfocar una nueva década con unos Sôber renovados y con más actitud incluso que antes. Yo creo que te refuerza el hecho de llevar tanto tiempo y que todavía sigan saliendo canciones y sigas emocionándote con ellas.
P: ¿Cómo va a ser este disco y el show que le sigue?
R: El disco es difícil de encasillar para el compositor, pero creo que es un disco mucho más rockero, más cañero; no hay opción a baladitas ni medios tiempos. Es un disco mucho más enérgico y también pensado en el directo. Como bien decías, a continuación, surge la gira porque encontrarnos otra vez con nuestro público en las salas es de las cosas que más añoramos, es lo que nos mantiene con esa chispa y energía cargada para afrontar lo que viene. El objetivo es llegar a los corazones y al público que nos sigue, e incluso rescatar a toda esa gente que quizá se descolgó del grupo con el tiempo.
P: ¿Por qué os costó tanto revelar el nombre del disco?
R: Porque hasta que uno no lo tiene muy claro tiene ese respeto hacia los fans. Queríamos sacar la información que fuéramos teniendo cuando estuviera todo listo, porque a veces no lo tienes todo tan claro. Hasta el último momento, el título del disco estaba bailando. Al elegir Anandamida, que es la molécula de la felicidad, hacemos un paralelismo de lo que sentimos cuando hacemos música y nos subimos al escenario: un momento pleno y pletórico de felicidad.
P: No sé qué más expresa ese título aparte de esto que me cuentas. Si al margen de esa alegría, alude un poco a la trayectoria del grupo, con sus subidas y bajadas.
R: Anandamida es una molécula de la felicidad y un neurotransmisor que genera el propio cuerpo. Me enteré por mi hija, que estudia farmacia y cuando me lo explicó dije: “Hostia, es justo lo que estaba buscando”. Me pareció el símil perfecto porque es una molécula que la genera el propio cuerpo cuando está pasado por un momento más oscuro y que, sin saber cómo, surge y te da un impulso. Dicen que hay gente que cuando está moribunda, deshidratada en un desierto, tiene como un momento de lucidez que le dura una hora como para poder buscar algo de agua. Es este punto de rescate.
Al componer, uno busca esos momentos de inspiración donde el cerebro genera estos neurotransmisores y fluye la pluma. El disco tiene 11 canciones porque son 11 grandes momentos de conexión con uno mismo donde el cerebro está a flor de piel y te pones a escribir y no paras. Para mí es lo más bonito y lo que hemos querido transmitir; el disco como momento de inspiración.
El título del disco se lo debemos a mi hija. La anandamida la genera el cuerpo en los momentos oscuros
P: ¿Cómo ve un grupo con tanta solera la industria del rock actualmente?
R: Realmente no hay una industria como tal; lo que hay son grandes bandas que seguimos haciendo lo que nos gusta. Para las bandas noveles es muy complicado porque no hay muchos medios de comunicación. El rock está viviendo un momento muy bueno a nivel festivales y demás, pero para las bandas nuevas es seguramente el más duro: mucha información donde los grandes clásicos copan los puestos de cabezas de cartel en los festivales.
Nosotros que venimos de ahí, teníamos un poco más de cancha; de telonear y estar. Ahora está todo un poco blindado, y la industria tiene que regenerarse porque si no solo quedaremos los de siempre. Aunque bandas como Arde Bogotá, que yo lo considero muy rock, o Ultraligera tienen mucho éxito, a la parte más underground o metal le cuesta más sostenerse.
P: ¿Y a la inversa? ¿Habéis tenido que adaptaros también vosotros a los tiempos?
R: No mucho, la verdad. Quizá más en cuanto a que antes sacabas un single y después el disco, y ahora dos o tres singles, trabajas un poco con la visión de plataformas…Pero nosotros seguimos sin creer en los singles aislados, sino en un disco más conceptual. Creemos que son canciones de un solo álbum, del que estamos preparando los últimos toques de lo que será la versión física, donde la gente compre un formato y pueda disfrutar también de la parte gráfica. Adaptarse sí, porque todos tenemos un móvil y redes sociales, pero no hemos cambiado nuestra filosofía de trabajo.
P: Hablabas al principio de la gente que se puede ir desenganchando. ¿Cómo hacéis para después de tantos años seguir transmitiendo, incluso a las nuevas generaciones? Porque entiendo que ya no vale, o no solo, solo con el viejo rockero.
R: No hay un secreto. Me encantaría dar un consejo cuando me preguntan. Yo trabajo al 100% y adapto mi vida a la música, dedicando esos momentos que me hacen falta para componer. Luego desecho muchas canciones y me quedo con las 11 que representan una emoción, un momento de mi vida o una experiencia.
Cuando haces algo que nace de las vísceras, de la parte más interior, a veces conectas con el público y te das cuenta de que el público y vosotros habéis crecido a la vez. Ahora vemos en las primeras filas a los hijos de la gente que nos seguía, niños de 10 o 12 años que vienen de escuchar las canciones desde pequeños y ya son grandes fans. Es conectar con la manera que tienes de contar las cosas, y con una actitud sólida y auténtica.
Nuestro público ha crecido con nosotros. Ahora vemos en primeras filas a sus hijos de 10 o 12 años
P: ¿Cómo se compagina la vida personal con la musical después de tanto tiempo? No es lo mismo empezar a tocar con 20 años que cuando pasan décadas.
R: Es muy importante porque además te da la estabilidad emocional necesaria en un negocio tan inestable. Cuando sacas un disco estás un tiempo fuera de casa y luego tienes periodos mucho más tranquilos, compositivos y reflexivos.
Cultivar a la persona detrás del personaje es algo en lo que trabajo desde hace años; tengo una hija de 23 años y mi pareja de toda la vida y me dan la estabilidad para seguir en esto. Aunque viajemos mucho, siempre vuelves a tu refugio que te da la calma para generar lo que viene.
P: No puedo pasar de alto un hecho que yo calificaría de histórico para para el mundo de la música, y es lo que ha pasado con el Viña Rock. Vosotros renunciasteis a ir después de unos meses. ¿Fue convicción propia o más fruto de la presión?
P: Nosotros debemos ser de los más desconectados de la historia. Hemos ido un año sí y uno no a tocar desde hace 28, y este nos tocaba. De repente nos empiezan a caer de todos los colores porque existe esta conexión con KKR, nos informamos bien y nos vemos inmersos en una coyuntura difícil porque no comulgamos con eso.
Yo hablo incluso con el dueño del festival, me cuenta que hay un inversor, pero de un primo de un primo de un primo, que ni siquiera ellos conocían, y que están intentado resolverlo. Nosotros decidimos bajarnos y volver a estar cuando todo vuelva a ser el Viña que conocemos desde hace tantos años.
Y así fue. El festival cuando retomó ya no quiso contar con nosotros, pero no significa que para el año que viene no nos vuelvan a llamar, porque creemos en la filosofía con la que el Viña Rock se gesta y demás.
Creo que también hay detractores como en todos los sitios, festivales a los que les ha venido muy bien esto. Se han pillado más de 300 cuentas falsas que estaban metiendo mierda, y de eso no se habla. Creo que cuando hay algo que funciona tanto y tan bien hay detractores, aunque por la parte más personal decidimos bajarnos hasta que se resuelva.
P: Si el año que viene os llaman, ¿iréis?
R: Sí, claro. No entiendo por qué no.
Si el año que viene nos llama el Viña Rock, iremos
P: Hablábamos antes del lado personal. ¿Cómo se lleva tener a tu hermano en el trabajo?
R: Tenemos una filosofía de curro desde hace muchos años donde cada uno asume su rol como compañeros. Ya somos una gran familia; incluso con nuestro técnico, Alberto Seara, llevamos casi 28 años juntos. Al principio era más difícil decirse las cosas, porque a un familiar no le dices igual las cosas que a otra persona, pero cada uno entendimos nuestro papel y ahora está muy claro.
P: ¿Cómo resumirías vuestra carrera? O, si lo prefieres, ¿cuál ha sido vuestro mejor y peor momento?
R: Hemos pasado por momentos de tensión absoluta. Paradysso fue disco de platino y le rodeó una gira en la que no tuvimos tiempo ni de rascarnos.
(…) En 2005 decidí parar para oxigenarnos, poner los pies sobre la tierra… Y a día de hoy, creo que fue lo mejor que pudimos hacer, para no llegar a un punto sin retorno. Actualmente, tengo que decir que cuando Sôber vuelve otra vez a la parte más activa a nivel de disco, gira… dejamos todo como muy ordenado para que siempre haya unas bases y que aquello no nos vuelva a ocurrir. Hablamos todo muy bien, hasta que no tenemos las canciones no ponemos fecha al disco…
Creemos que lo que surge te tiene que tocar la patata, y el día que no surja, no habrá disco y ya está. Pasas por muchos altibajos, pero creo que ahora estamos en un punto muy potente, con un directo muy creativo y uno de los, para mí gusto, mejores discos que hemos hecho.
P: ¿Qué historia os queda por escribir de 2026 en adelante?
Sôber: No soy de muchas expectativas, prefiero disfrutar el aquí y el ahora, como ensayar y enamorarme de las canciones nuevas. Nos gustaría hacer una buena gira y presentar el disco en toda Latinoamérica, algo en lo que ya trabajamos. Aceptaremos con ilusión lo que venga.
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