El artista hispanoargentino Juli Giuliani ha pasado por Revista Bando para presentar su nuevo trabajo, Volver al Principio, un proyecto conceptual gestado entre Buenos Aires y Barcelona que explora los ciclos vitales, la identidad y la relación entre arte y sociedad. El álbum llega acompañado de una película de 45 minutos dirigida por Yugen22, pensada como parte inseparable de la experiencia. A lo largo de la conversación, el músico explicó que el proyecto nace con la intención de ser consumido de forma completa, frente a las dinámicas actuales de escucha fragmentada. “En una época en la que todo se consume de manera superficial, quería incentivar a que la gente escuchase el disco entero. Creo que gana mucho si se vive como un viaje”, afirma.
El artista reconoce que inicialmente pensó titularlo La espiral, aunque finalmente descartó el nombre por la existencia de otro disco previo. Aun así, la simbología del ciclo atraviesa toda la obra, tanto en la música como en la película que la acompaña.
“La vida son subidas y bajadas, ciclos. Uno no tiene que sentirse mal por estar mal, porque forma parte del proceso”, señala.
Un disco construido como un ciclo
Giuliani concibe el álbum como una estructura circular inspirada en la idea del tiempo cósmico y en los ritmos naturales. “Muchas culturas entienden el tiempo como algo cíclico. El disco está construido con esa idea: cada canción representa simbólicamente un mes y el conjunto hace un ciclo”, explica. El disco también aborda el conflicto identitario del artista, nacido entre culturas y países. Criado entre Bélgica y Argentina, Giuliani reconoce que ese desarraigo ha marcado su trayectoria.
“Durante mis veinte tuve mucho conflicto sobre quién soy. En ningún sitio soy del todo de ese sitio. Al final entendí que tú eres tu casa”, resume. Ese proceso introspectivo atraviesa el álbum, que define como “un trabajo de mirar hacia dentro para entender tus procesos vitales y avanzar”.
Industria musical, números y autenticidad
El artista también reflexiona sobre el estado actual del rap y la presión de las métricas digitales. Critica que el éxito se mida únicamente por cifras: “La música no es como el fútbol, donde gana el que mete más goles. Pero hoy, si no tienes números, no entras en el radar”. Aun así, rechaza la romantización del underground: “Mantenerse underground por ‘ser real’ me parece una gilipollez. Si puedes ganar dinero con tu música, maravilloso”.
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