A estas alturas, Fillas de Cassandra ya no son una promesa de la nueva música gallega, sino una de sus realidades más singulares. El dúo formado por María SOA y Sara Faro ha construido en muy poco tiempo un proyecto reconocible, con una identidad propia que mezcla tradición oral, electrónica, performance y una mirada política muy definida. Primero llamaron la atención con Acrópole, el disco con el que irrumpieron con fuerza en la escena gallega y que las situó en el centro de la conversación cultural gracias a canciones como II. Lisístrata (varre vasoira). Después llegó Hibernarse, un trabajo en el que reivindicaban la pausa, el descanso y los tiempos lentos frente a la velocidad de la industria cultural. Ahora abren una nueva etapa con Tertúlia, su segundo disco, en el que vuelven a empujar los límites de su sonido y de su discurso.

La idea que atraviesa este nuevo trabajo no es menor. Para Fillas de Cassandra, la tertulia no es solo una imagen amable ni una evocación costumbrista, sino una forma de volver a hacer comunidad en un presente marcado por la prisa, el aislamiento y la sobreexposición. Hablar, reunirse, compartir rabia, deseo o contradicciones se convierte así en un gesto político. En esta conversación con Revista Bando, María SOA y Sara Faro hablan de ese nuevo disco, de la necesidad de desobedecer, del lugar del feminismo en la cultura y de la dificultad de crear sin someterse del todo a las reglas de la industria.

Pregunta (P): ¿Qué podéis decirnos de Tertúlia

Respuesta (R):  Para nosotras, Tertúlia es un concepto que cambió al revisitarlo y pensar desde qué lugar nos atraviesa ahora. Tiene que ver con hacer comunidad, con volver a salir a las calles, romper un poco con el individualismo y conectar con otras personas: con las vecinas, con las amigas, con las desconocidas. Y a partir de eso, crear en colectivo.

P: En el disco habláis de desobedecer. ¿A quién o a qué hay que desobedecer?

R: Hay que desobedecer a todas las cosas. A todo lo que constituye el sistema en el que vivimos, que es opresor y nos aturde. Y en estos tiempos todavía más, con toda la ofensiva ideológica y con todo lo que eso tiene que ver también con nuestra salud mental.

P: ¿Por qué aparece ahora esa necesidad?

R: Nuestro proyecto también va contando los momentos que vivimos. El primer disco nace en un contexto muy concreto, en pleno fervor feminista, y hablábamos de la mitología desde ahí. Ahora, con más tiempo y con más paciencia para pensar qué nos estaba pasando, aparece la necesidad de volver a hablar y de volver a echar el tiempo y echar el cuento.

P: En este trabajo hay más electrónica, más capas vocales, más cuerpo. ¿Os interesaba salir de la etiqueta de folclore contemporáneo?

R: No diría que nos sintiéramos atrapadas, porque compartimos herramientas de la música tradicional y nos encantan, forman parte también de nuestra identidad. Pero nunca fueron lo único que definía el proyecto. Fillas de Cassandra se redefine constantemente según lo que a María y a Sara les apetece, les atraviesa y quieren comunicar. Sonoramente nunca nos atamos a un estilo.

P: ¿Os preocupa que una parte del público solo quiera esa raíz y se incomode con terrenos más pop o más experimentales?

R: Hay que aceptar que en cualquier proyecto habrá personas a las que un disco les atraviese más que otro, también por el momento vital en el que estén. Ganaremos personas con estas nuevas aperturas, perderemos otras, otras se quedarán con nuestro proyecto, pero no queremos poner ahí el espacio mental. Estén o no esas expectativas, lo que tenía que estar presente va a seguir estando porque está en nosotras.

P: Habéis dicho que la industria actual es horrible para un proyecto como el vuestro. ¿Qué parte del negocio choca más con vuestra forma de crear?

R: La exigencia de estar produciendo constantemente. La propia palabra “industria” ya te empuja a eso. Y para nosotras los procesos creativos, como ya reivindicábamos en Hibernarse, necesitan hibernación, artesanía y descanso. Si tienes que estar todo el rato en cartelera, es muy difícil darte ese tiempo para crear. Y también pesa la obligación de estar pendientes del feedback continuamente.

P: ¿Os habéis sentido alguna vez empujadas a simplificar vuestro mensaje para que funcione mejor?

R: No. Y si alguna vez pasó, no le hicimos caso. En este disco nos dimos cuenta de que estábamos furiosas, rabiosas, y que queríamos ser incisivas porque esta ofensiva hay que combatirla. Incluso nos interesaba cierta idea de clandestinidad: mejor decir las cosas que queremos decir que callarlas.

P: ¿Sigue existiendo una barrera real para los proyectos hechos en gallego?

R: Sí. A veces se romantiza mucho esa idea de que, si algo es verdadero, llegará a todas partes. Es un discurso precioso, pero no siempre ocurre así. Cuando tocas fuera ves que la música se entiende y que llega, pero luego hay festivales, programadores o instituciones que no van a ciegas con el idioma, y deberían hacerlo.

P: ¿Sentís que el feminismo en la cultura está viviendo un repliegue?

R: Sí, sentimos que hay un repliegue. Ahora colocarte públicamente como feminista tiene cierto castigo social, aunque también nos alegra pensar que no hacerlo empieza a tenerlo. Lo que preocupa es todo lo que se puede desandar y tener que volver a conquistar espacios que ya parecían abiertos. Ahí es donde no queremos replegarnos.

P: Cuando os preguntan si vais a seguir haciendo música feminista, ¿qué respondéis?

R: Que no queda otra. El feminismo no tiene que hablar explícitamente del feminismo para estar presente. Es una perspectiva, una forma de organizarse, de estar, de mirar. El problema es que a veces se banaliza y se convierte en un eslogan, y no tiene nada que ver con eso.

P: ¿Qué historias de mujeres os interesa contar ahora?

R: En este disco quisimos recuperar a muchas mujeres que nos inspiran no solo desde la música, sino también desde la imagen, la pintura, la performance o la escritura. El propio título, Tertúlia, nace de un cuadro de Ángeles Santos. También están Maruja Mallo, Ana Mendieta o Gloria Fuertes. Hay muchísimas mujeres presentes en el disco, explícitamente o no.

P: ¿Os habéis dejado algo por contar en Tertúlia?

R: Esperemos que sí, porque eso significará que quedan muchas cosas por hacer. Las conversaciones de una tertulia son inagotables: pasas del cuchicheo al grito, de la rabia al baile, del desamor al alboroto. Ojalá todo lo que está contado aquí le llegue de verdad a quien lo escuche.

P: ¿Qué es para vosotras el directo?

R: Es el encuentro. El momento en el que nuestra música termina de existir, porque también existe cuando vuelve del público hacia nosotras. El proyecto empezó ahí, en el directo, antes incluso de grabar nada. Tocábamos por ahí, de boca en boca, y eso sigue siendo lo más puro y lo más primigenio de Fillas de Cassandra.

P: ¿Qué esperáis de Tertúlia en directo?

R: Permitírnos otros lugares. Este disco deja más espacio a muchos sentimientos y está más anclado en el presente y en el futuro. Los conciertos son justamente ese lugar donde construir desde ahora y ver qué pasa con la gente delante.

P: ¿Qué habéis aprendido en estos dos años de relación con el público?

R: A entender que existe una conversación compartida. Al principio había una necesidad muy fuerte de retenerlo todo, de pensar que no queríamos olvidar nunca esa emoción. Y con el tiempo hemos aprendido a leer mejor a la gente, a encontrarnos más dentro de lo que somos encima del escenario y a ser más honestas.

P: El trabajo audiovisual también pesa mucho en vuestro universo. ¿Os permite llegar a gente que quizá no entra por la música en directo?

R: Sí. Es otro lenguaje y otra manera de contar. Hay personas para las que la puerta de entrada no es el concierto, sino las pantallas, el cine o lo audiovisual. Que nuestro lenguaje aparezca también ahí permite que entren en el proyecto desde otro lugar.

P: ¿Qué pregunta os hacen menos de lo que os gustaría?

R: Muchas veces se nos pregunta por los resultados o por cómo va a funcionar algo, y menos por el origen de las ideas. Nos interesa más hablar de dónde parten nuestras ideas, cómo se relacionan con la música y cómo dialogan con la sociedad. Porque lo importante de Fillas de Cassandra somos nosotras y nuestras ideas.

P: ¿Y con qué os gustaría que se quedara alguien después de veros en concierto?

R: Con una sensación alborotadora y divertida. Y también con más paz consigo misma. Con haber vivido algo que se le quede dentro para siempre.

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