Coincidiendo con el anuncio de The Last King World Tour, la gira con la que recorrerá trece ciudades europeas en 2027 y que hará parada en Bilbao (8 de julio), Valencia (10 de julio), Murcia (11 de julio), Madrid (15 de julio), Málaga (16 de julio) y Galicia (18 de julio), Don Omar conversa con Revista Bando sobre el legado de una carrera que ayudó a cambiar la historia de la música urbana.
El artista puertorriqueño reflexiona sobre el peso de seguir siendo uno de los últimos grandes pioneros del reggaetón en activo, explica cómo el género pasó de ser una música marginal a conquistar el planeta y recuerda el papel decisivo que desempeñó España en su trayectoria, un país que, asegura, le abrió las puertas cuando nadie apostaba por el reggaetón y al que sigue regresando más de dos décadas después por una razón muy especial.
Pregunta: ¿Cual es el peso y la responsabilidad de ser rey?
Respuesta: El peso es seguir siendo parte del género. No pedí que me llamaran rey, pero desde que lo hicieron sentí que me dieron la responsabilidad de hacer buena música. También seguir moviéndome por el mundo y conquistando regiones. Cargo con respeto ese peso porque sigo amando lo que hago y por seguir siendo parte de esa generación que lo comenzó todo.
P: Eres de los poquitos que quedan.
R: El género ya no tiene a un Daddy Yankee ni a un Héctor, ni tampoco a Wisin y Yandel Juntos. Soy de los únicos que queda de todos aquellos que empezamos a hacer esta música. Ese es otro peso con el que debo cargar. Y también asumo la responsabilidad de seguir viéndolo todo con respeto, seguir apoyando y ayundando a las nuevas caras porque son parte de la evolución.
P: ¿Cómo es posible que un género callejero de Puerto Rico se haya convertido en una música absolutamente global que ha conquistado el mundo entero?
R: Maduró el reggaeton porque maduraron los jugadores. Maduró Daddy Yankee, Don Omar, Tego Calderón y Wisin y Yandel. También entraron nuevas oportunidades y nuevas propuestas de música. Hoy en día tenemos a una tercera o cuarta generación. Artistas como Bad Bunny o Karol G, que si miras son dos espectros completamente distintos. Antes todo era la influencia de la calle, era punky y sumamente urbano. Se narraban los sucesos criminales de la calle, mientras que hoy en día se trata de un género completamente limpio. Para que la evolución se produzca, hay que quitar algunas cosas y permitir que otras nuevas comiencen. No me gusta usar la palabra "fresa", pero el género es mucho menos violento y explícito. Simplemente cambió y evolucionó. La razón del éxito que tiene hoy en día la música urbana es que se dio la oportunidad de evolucionar.
P: ¿Qué ha significado España en tu carrera?
R: Todo. La primera vez que vine a España fue hace 23 años. En aquel momento nadie ponía reggaetón en la radio. Era una música prácticamente prohibida, asociada a los cabarets, y muy poca gente quería saber de ella. Sin embargo, España fue el país que me dio una base muy sólida. Mi primer concierto multitudinario fuera de Puerto Rico fue en Tenerife, ante 10.000 personas, hace más de dos décadas. Después terminé viviendo en Madrid durante 40 días y 40 noches, dedicándome por completo a la promoción, a trabajar y a empezar a conocer a la gente. España me abrió las puertas cuando el reggaetón todavía no tenía el reconocimiento que tiene hoy. Por eso este país es tan importante para mí. Siempre intento incluir más fechas aquí en mis giras porque me gusta comprobar con mis propios ojos cómo ha cambiado todo en estos veinte años y ver hasta dónde ha llegado el género.
P: Uno de tus conciertos del año que viene es en Bilbao. Y muy cerquita está Santurtzi, pueblo que dio origen a Santurce, tu lugar de nacimiento.
R: No sabía eso. Voy a darme una vuelta, entonces.
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