Amy Winehouse dejó innumerables momentos fundamentales en la historia de la industria musical, tanto sobre el escenario como fuera de él. Sin embargo, hay uno que ya forma parte de la historia de la música: su conmovedora reacción al ser anunciada como ganadora del premio a Mejor Grabación del Año en los Premios Grammy de 2008.

El galardón lo obtuvo gracias a Rehab, el sencillo principal de su segundo disco, Back to Black, publicado en 2006. Pero ese no fue el único reconocimiento de la noche. De las seis categorías en las que estaba nominada, Winehouse ganó cinco: por Rehab se llevó también el premio a Canción del Año, y además fue reconocida como Mejor Artista Pop Femenina, Mejor Artista Nuevo y Mejor Álbum Pop Vocal.

Con estos premios, igualó el récord de artistas como Beyoncé y Norah Jones en número de estatuillas obtenidas en una sola edición y, además, se convirtió en la primera artista británica en ganar cinco premios Grammy en una misma gala.

La artista no acudió a la gala

La cantante, nacida en el barrio londinense de Camden Town, fue la gran protagonista de aquella ceremonia, aunque también su gran ausente. Su intención inicial era asistir en persona, pero la embajada estadounidense en Reino Unido le negó el visado tras la difusión de un polémico vídeo en el que aparecía fumando crack, hecho que la llevó posteriormente a ingresar en un programa de rehabilitación.

Aunque días después, tras una apelación presentada por su equipo, el visado fue finalmente concedido, ya no había margen para organizar el viaje. Todo estaba dispuesto para que su participación se realizara vía satélite desde los Studios Riverside, en Londres.

Desde allí, Winehouse siguió la gala visiblemente emocionada y agradecida, e interpretó dos de sus canciones más emblemáticas: Rehab y You Know I’m No Good. Pero el instante más emotivo llegó cuando Tony Bennett pronunció su nombre desde el escenario al anunciarla como ganadora del Grammy a Mejor Grabación del Año. Amy quedó paralizada, con la mirada fija y los ojos muy abiertos, incapaz de reaccionar mientras su equipo celebraba eufórico. Poco después rompió a llorar, abrazó a quienes la rodeaban y dedicó el premio a su madre, a la que estrechó con ternura.

“No me sorprendió ganar el Grammy, sino escuchar a Tony Bennett decir mi nombre”, confesó más tarde en una entrevista con ABC News, refiriéndose al impacto que le causó que fuera precisamente su gran ídolo quien anunciara el premio.

Diez años después, el documental póstumo Amy Winehouse: Back to Black recuperó parte del concierto que la artista ofreció esa noche en los Studios Riverside, un evento íntimo al que asistieron únicamente familiares, amigos y miembros de su equipo.

Tony Bennet, su mentor

Aquella gala marcó el inicio de una estrecha relación entre Winehouse y Tony Bennett, quien se convirtió en su mentor. La admiración era recíproca y Bennett no dudó en elogiar públicamente su talento: “Desde Elvis Presley, los Beatles y los Rolling Stones, ella fue la única capaz de cantar como yo lo entiendo: como debe hacerse”, pronunció. 

Ambos grabaron juntos Body & Soul, la última canción registrada por la cantante británica. El tema se incluyó en el álbum Duets II de Bennett, publicado en septiembre de 2011, apenas tres meses después de la muerte de Amy Winehouse. Esa colaboración le valió a Winehouse su sexto premio Grammy, otorgado de manera póstuma. El galardón fue recogido por Tony Bennett junto a los padres de la cantante, visiblemente emocionados. “Me golpeó el corazón con muchísima fuerza cuando supe que había fallecido. Era una gran cantante de jazz y, cuando recibí la llamada… fue como perder a una hija”, confesó Bennett tras el trágico final de Amy Winehouse.

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