En la música contemporánea hay dos cosas que viajan más rápido que el sonido: las referencias y las sospechas. A veces llegan juntas. Otras, una persigue a la otra con retraso algorítmico. Esta semana, el grupo barcelonés Ciutat ha decidido ponerle nombre a esa sensación difusa de déjà vu creativo que, según sugieren, conecta su universo artístico con el de los argentinos Ca7riel y Paco Amoroso, recién coronados por la industria internacional.
Lo han hecho como mejor saben: con una pieza audiovisual que mezcla humor seco, estética performativa y un subtexto lo bastante serio como para que aparezca un abogado en pantalla. El vídeo, difundido en Instagram, se presenta como un “comunicado oficial” respaldado por su equipo legal. Una fórmula que suena solemne… hasta que deja de serlo.
Desde el primer minuto, la banda juega a ese equilibrio inestable entre la ironía y la advertencia. “No acusamos a nadie, ni afirmamos que haya copia”, dicen. “Solo señalamos paralelismos llamativos”. La frase funciona como una especie de hechizo legal y, al mismo tiempo, como detonante narrativo. No pasa nada, pero quizá pasa algo. No hay conflicto, pero tampoco tranquilidad. La ambigüedad como forma de arte.
El inventario de coincidencias empieza en lo físico, casi en lo gimnástico. Recuerdan que, hace un par de años, miembros del colectivo Mainline -al que pertenece Ciutat- aparecían caracterizados como hombres musculosos en distintas performances. También mencionan las cintas de correr utilizadas en sus conciertos de presentación del primer disco o la sesión de DJ de Marcelo Pantani sobre una bicicleta estática. Cardio pop antes de que el cardio pop fuera tendencia, vienen a insinuar. Elementos que, con el tiempo, habrían aparecido en los espectáculos del dúo argentino.
“Hasta aquí podría ser casualidad”, conceden, con esa elegancia pasivo-agresiva que solo domina quien ha ensayado mucho frente al espejo conceptual.
Pero el verdadero territorio de fricción no está en la utilería, sino en las ideas. Según Ciutat, tras su salto al reconocimiento global, Ca7riel y Paco Amoroso habrían abrazado una noción de comunidad artística muy similar a la que los barceloneses desarrollan desde su último trabajo. A eso se suma la presencia de una figura de mentor espiritual que recuerda sospechosamente al gurú ficticio Richard Cardino, pieza central del imaginario narrativo de Ciutat y protagonista simbólico del documental que acompaña a Ciutat L’amistat.
La historia del pop está llena de ecos incómodos. Desde riffs que suenan demasiado familiares hasta coreografías que parecen soñadas por otra persona. A veces hay juicio. A veces hay colaboración. Y, en muchos casos, simplemente hay silencio. Ciutat ha elegido una cuarta vía: el humor con subtítulos legales.
El cierre del vídeo resume esa estrategia con precisión quirúrgica. “Igual es fallo nuestro y tendríamos que haber previsto que un año después tendrían ellos estas ideas”, bromean. El abogado, convertido en personaje secundario de comedia absurda, remata: “Para otra vez me avisáis antes”. La risa llega, pero deja un poso extraño, como cuando uno se ríe en un velatorio porque no sabe qué otra cosa hacer.
Queda por ver qué ocurrirá ahora. Tal vez no pase nada y todo se disuelva en la espuma efímera de las redes. Tal vez haya respuesta desde Argentina. O quizá, en un giro digno de esta década imprevisible, la historia termine en colaboración, escenario compartido y narrativa reconciliada. El pop tiene debilidad por los finales irónicos.
¿Coincidencia? ¿Inspiración? ¿Sincronía pop?