El 26 de marzo de 2001 marcó un punto de inflexión en la música popular. Ese día se publicó Gorillaz, el primer álbum de la banda creada por Damon Albarn y Jamie Hewlett. Lo que parecía un experimento acabó convirtiéndose en uno de los proyectos más influyentes del cambio de siglo. El éxito fue inmediato. Alcanzó el número 3 en Reino Unido y superó los 7 millones de copias vendidas en todo el mundo. La banda terminó entrando en el Libro Guinness como la más exitosa dentro del formato virtual. Pero el verdadero impacto fue cultural.

Una mezcla que definió una época

El álbum rompía cualquier etiqueta clara. Mezclaba trip hop, dub, hip hop, rock alternativo y electrónica con una naturalidad poco habitual en aquel momento. Ese enfoque convirtió el disco en una referencia para una generación que empezaba a consumir música sin fronteras de estilo. Canciones como Clint Eastwood, 19-2000 o Rock the House marcaron el tono. Especialmente Clint Eastwood, con la colaboración de Del the Funky Homosapien, que condensaba la identidad del proyecto en pocos minutos. Oscuridad, ironía y un estribillo que terminó formando parte de la cultura de masas.

La idea de Gorillaz nació como reacción a la industria musical de finales de los noventa. Albarn y Hewlett querían responder a la saturación de productos prefabricados. Su respuesta fue crear una banda que jugara con esas mismas reglas, pero con una ambición artística distinta. Los personajes —2-D, Murdoc, Noodle y Russel— no eran un simple recurso visual. Formaban parte de un universo narrativo que ampliaba el alcance del proyecto. Música, imagen y relato avanzaban juntos. Ese planteamiento anticipó dinámicas que hoy son habituales. La construcción de identidad artística ya no depende solo del sonido. También pasa por lo visual, lo narrativo y la forma de conectar con el público.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compartió recientemente su entusiasmo por el último trabajo de Gorillaz. Lo calificó como “una delicia” y animó a escucharlo tras leer una entrevista del grupo. En esa conversación, Albarn afirmaba que el proyecto tiene una clara posición progresista: "Nos inclinamos por el socialismo. Definitivamente, somos de izquierdas al 100%", señaló el fundador de Blur. 

Así ha sido la discografía de Gorillaz

Desde su debut a principios de los 2000, Gorillaz ha construido una de las trayectorias más cambiantes y ambiciosas del pop contemporáneo, marcada por la mezcla de géneros, las colaboraciones y un universo visual propio. Su primer álbum, Gorillaz (2001), funcionó como carta de presentación: una fusión de hip hop, dub y electrónica que convirtió Clint Eastwood en un éxito global y validó la idea de una banda virtual en plena era MTV. El salto llegó con Demon Days (2005), considerado su obra más influyente. Con producción de Danger Mouse y temas como Feel Good Inc., el disco consolidó un sonido más oscuro y político, al tiempo que ampliaba su alcance comercial.

En Plastic Beach (2010), el proyecto se volvió más conceptual. Albarn construyó un álbum centrado en la contaminación, la cultura pop y la artificialidad, con una lista masiva de colaboradores y un enfoque más expansivo. Ese mismo año publicaron The Fall (2010), un trabajo menor grabado durante una gira con un iPad, que funciona como experimento más que como disco central dentro de su catálogo.

Tras varios años de silencio, regresaron con Humanz (2017), un álbum marcado por la incertidumbre política global y un enfoque coral lleno de colaboraciones, donde el protagonismo se diluye en favor del conjunto. Solo un año después, The Now Now (2018) apostó por lo contrario: un disco más íntimo, con menos invitados y mayor presencia de Albarn, que recupera cierta coherencia narrativa. El formato volvió a cambiar con Song Machine: Season One – Strange Timez (2020), planteado como una serie de canciones episódicas con colaboradores diversos, reflejando una lógica más cercana a internet que al álbum tradicional.

Su etapa más reciente arranca con Cracker Island (2023), donde el grupo explora un sonido más accesible y satírico, y continúa con The Mountain (2026), su nuevo proyecto, que apunta a una nueva fase tras 25 años de carrera.