Ha tardado en llegar. Sin embargo, la espera ha valido la pena. ‘Hacks’, bajo demanda semanal en HBO Max España desde el pasado 15 de diciembre -hay disponibles 4 de los 10 episodios de que consta esta primera temporada-, es mejor de lo que nos habían contado y se merece todos los premios. Después de llevarse el pasado septiembre 3 de los 15 Emmys por los que competía, parte como una de las claras favoritas en los próximos Globos de Oro de este 9 de enero. Está nominada a mejor serie de comedia y sus dos protagonistas Jean Smart y Hanna Einbinder pelean por el galardón a la mejor actriz.
Jean Smart interpreta magistralmente a Deborah Vance, una gran diva del mundo de la comedia cuyo éxito y popularidad empieza a peligrar y tambalearse tras el desgaste que, con el paso de los años, sufren sus chistes y sobre todo ella misma como artista. Lejos de resignarse, y desquiciada por el miedo al olvido, contrata a una joven y sobrada guionista Ava (Hannah Einsbinder) para que refresque y dé un nuevo aire a sus oxidados monólogos.
Juntas, y aunque no se soportan, emprenden un camino por la comedia y por la vida, lleno de continuos desencuentros y poderosos choques de trenes generacionales, emocionales y personales.
En medio de ambientes luminosos y un lujo que coquetea con lo más kitsch, el humor surge tanto de las insólitas situaciones que se suceden, una tras otra y la caja de sorpresas que ha sido la vida de Deborah, como de las arrolladoras actuaciones de las protagonistas y sus potentes personajes.
A pesar de ser una comedia, Hacks entre risa y risa esconde un poso bien amargo de tristeza. Ni estrellas como Deborah que, a diferencia del resto de los mortales, viven rodeadas de millones de fans e incondicionales fieles seguidores, logran esquivar y menos con la edad, a la traidora y dolorosa soledad, esa que pesa tanto.
Cuando uno es joven piensa que está solo porque quiere, porque es una opción y porque ya habrá tiempo de recomponerse. El pasar de los años, el rostro ajado por arrugas a pesar de la cirugía y el silencio sordo y callado, arriba y abajo, de noche y de día, no hacen sino confirmarle a uno, y a Deborah más, que aquella abanderada soledad nunca fue elegida, sino la consecuencia del mejor salvoconducto para un éxito tan deseado como perdido con el tiempo.
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