Durante décadas, la escultura contemporánea ha dependido de un equilibrio frágil: galerías, encargos puntuales o, en muchos casos, la capacidad económica del propio artista. Un sistema que ha limitado no solo la producción, sino también el desarrollo de ideas ambiciosas. En ese contexto aparece ahora una propuesta que aspira a cambiar las reglas del juego.
Se llama DELAFUENTEART PROJECT y se presenta como la primera estructura editorial dedicada exclusivamente a la escultura contemporánea. Su planteamiento rompe con el modelo tradicional: no es exactamente una galería, pero tampoco un taller al uso. Es, más bien, un sistema híbrido que combina curaduría, desarrollo técnico y producción bajo un mismo paraguas.
La clave está en su enfoque editorial. El proyecto selecciona artistas con una identidad definida, desarrolla sus obras en un laboratorio propio y produce ediciones limitadas que pasan a formar parte de un catálogo internacional. Todo ello con una diferencia fundamental: el artista no asume el coste de producción.
Una colección inaugural que marca el punto de partida
El proyecto se dio a conocer el pasado 19 de febrero con una colección fundacional de 32 esculturas, desarrolladas durante los dos últimos años en el estudio DELAFUENTEART, ubicado en Meco (Madrid).
Cada pieza forma parte de una edición numerada —entre 8 y 25 ejemplares—, certificada y vinculada a un contrato de cesión de derechos de explotación durante cinco años. Las obras exploran una amplia variedad de materiales, desde piedra, metal o madera hasta resinas cristalinas, vidrio y combinaciones híbridas.
El estudio ha desarrollado más de 70 procesos y acabados propios, lo que permite abordar tanto piezas de pequeño formato como esculturas monumentales, pensadas no solo para coleccionistas, sino también para proyectos de arquitectura e interiorismo de alto nivel.
El problema que nadie había resuelto en la escultura
Detrás del proyecto está Jesús de la Fuente, con casi tres décadas de experiencia produciendo obra para artistas y galerías internacionales. Su diagnóstico es claro: la escultura carecía de una estructura estable como la que sí existe en disciplinas como la fotografía o la obra gráfica.
A esa falta de sistema se suma otro problema: la desconexión entre el desarrollo conceptual y la producción técnica, además de la dependencia económica de los artistas.
“Durante casi tres décadas he visto cómo grandes ideas escultóricas quedaban limitadas por falta de estructura productiva o por dependencia financiera”, explica De la Fuente. “Era necesario crear un sistema profesional que protegiera al artista sin comprometer su libertad creativa”.
Un modelo donde el artista no paga (y sí cobra royalties)
Uno de los puntos más disruptivos del proyecto es su modelo económico. La editorial asume la inversión completa: investigación de materiales, prototipado y producción. El artista, en cambio, conserva su autoría, sus derechos y recibe royalties por cada venta.
Esto le permite centrarse exclusivamente en el desarrollo conceptual y formal de su obra, sin depender de encargos externos ni asumir riesgos financieros.
Las piezas producidas se integran en el catálogo internacional del proyecto, aunque esto no impide que los artistas sigan trabajando con sus galerías habituales. De hecho, el modelo está diseñado para complementar —no sustituir— el circuito tradicional, aportando estabilidad y estructura a largo plazo.
Hacia una “industria” de la escultura
Tras esta primera colección, DELAFUENTEART PROJECT prevé incorporar nuevos artistas mediante selección directa, ampliando progresivamente su catálogo.
El objetivo es ambicioso: construir una estructura sólida y coherente para la escultura contemporánea, similar a la que ya existe en otros ámbitos artísticos.
“Si la pintura tiene un mercado estructurado y la música tiene una industria, la escultura necesitaba su editorial”, resume De la Fuente.
Por ahora, las obras pueden visitarse con cita previa en el estudio, aunque también se difundirán a través de un catálogo digital y colaboraciones con galerías internacionales y espacios vinculados al interiorismo.
Un primer paso que, si cumple lo que promete, podría transformar no solo cómo se produce la escultura, sino también cómo se entiende.