Me paso las tres horas de La Odisea sin pestañear. Me da bastante igual la libre interpretación de Christopher Nolan sobre los versos de Homero porque esa concatenación de planos cortos, imágenes como crochets y un sonido sísmico me hacen gozar como un niño ciego de Adderall. Sin embargo, lo que realmente me conmueve no se ve. Es un concepto que me grita dentro del cráneo. La Ley de Zeus.

No sabía lo que era y durante le película reflexionaba sobre que mi familia, al igual que la antigua Grecia, también se ha regido por ella. Mis padres, sin ellos saberlo, han honrado esa ley que señala que estamos moralmente obligados a dar cobijo al extraño ya que no podemos saber si se trata de "un hombre de buena fe, un pirata o un Dios disfrazado de humano". Y me parece una norma cojonuda para la convivencia. Al final, el catolicismo cultural mediterráneo tiene sus raíces en Grecia y la Ley de Zeus nos lleva irremediablemente al segundo mandamiento: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Lo dicho. Las puertas de mi casa siempre han estado abierta a los de fuera y en la mesa siempre han tenido un plato de alubias. He sido testigo silencioso de ello y, sin darme cuenta, yo mismo opero igual. Pensándolo en frío, se trata de una de las mejores virtudes heredadas en mi familia. Y si no que se lo digan a mi colega Sahil que tiene llaves de mi casa, siempre las tendrá y para entrar a mi hogar no tiene ni que pedir permiso.

Odiseo se cagó en Zeus y sus leyes para hacer caer Troya, entregársela a Agamenón y precipitando así la caída de la civilización antigua. Mucho culpan a la pobre Helena pero ella solo fue la justificación. La razón fue el comercio. El dinero. El capitalismo. Lo de siempre. No hay más que abrir los ojos y mirar a tu alrededor para ver cuántos hijos de puta siguen quebrantando La Ley de Zeus. Es absolutamente necesario regirse bajo esta regla y recordar que Los Pueblos del Mar no son seres peligrosos de otro color que navegan por el Mediterráneo sino que somos nosotros mismos. Eso sí. Cuando hay 100 tíos en tu salón comiendo gratis durante años, anhelando tirarse a tu mujer y matar a tu hijo, pues qué te voy a contar: acero en vez de Zeus. 

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