Hace justo diez años muchos medios tecleaban por primera vez los nombres “Rosalía” y “C Tangana”. Una década después se han vertido ríos de tinta sobre ellos. El lanzamiento de Antes de Morirme el 30 de junio de 2016 supuso un auténtico punto de quiebre en el desarrollo popular de lo que se conoce como música urbana, que hoy copa con total normalidad las listas de éxitos, siendo además el género que más suena en las discotecas españolas aglutinando un 35,67% de las canciones. C Tangana y su obsesión con salir de la etiqueta estanca del rapero bohemio le llevó primero a sintetizar su escritura yendo más a la yugular que a hacer pensar, lo hizo con 10/15 y las famosas bases de Drake, y meses más tarde con Antes de Morirme, junto a una desconocidísima catalana llamada Rosalía de la que solo se sabía que estudiaba en la Escuela Superior de Música de Cataluña y estaba entusiasmada por el flamenco, pero también demostrando a través de sus redes un nada desdeñable gusto por el rap, compartiendo canciones, frecuentando las salas de la época y teniendo enlaces con artistas del género como Dano o Mi.Amargo.
“Estoy viendo un poco de revuelo con los medios últimamente, creo que la cosa está muy caliente, puede que sea el momento para colarnos en el mainstream de verdad. Sinceramente, creo que da igual de lo que hables, solo tienes que hacer el hit y tener un poco de suerte con las radios, veremos a ver”, pronosticó C Tangana para Jenesaispop en 2015, año de planificación para el asalto al mainstream.
Escribía la periodista Marta España en un artículo para El País que “según datos de entre 2015 y 2019 extraídos de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España el seguimiento mediático del fenómeno se basaba en si se alineaba o no con los códigos de conducta socialmente aceptados, convirtiéndose en un producto cultural estigmatizado para los no pertenecientes a dicha esfera cultural”. El trap, más que como un sonido común, se utilizaba como un paraguas bajo el que englobar y prejuzgar a una generación acusada de no dar un palo al agua, pero que terminó partiendo por la mitad mucha de la ortodoxia musical al hibridar géneros, discursos y sensibilidades que se escapaban como arena entre los dedos de la mayoría de redactores de los medios generalistas.
C Tangana ya estaba con la mosca detrás de la oreja y al ver la connotación negativa y el uso infantilizado con que estaban tratando a la etiqueta y, por ende, a su generación quiso ir más allá. En el fondo su misión no era otra que demostrar que esto no era un juego de niños o de cuatro ‘mataos’, ¿y cómo se conseguía aquello? Publicando una canción que, como un cohete, superase la atmósfera del nicho y llegase a la estratosfera de los oídos del gran público: “Está pasando en todo el mundo, y lo más honrado por mi parte era entrar a través de lo que tenía más cerca. El trasfondo, que ya empezó antes de Antes de morirme, es la voluntad de querer hacer música de baile. La música desde el principio está vinculada a la fiesta y al baile, que después queda denostado porque somos europeos y lo que nos parece bueno es la música clásica en actitud contemplativa. Pero lo humano son los tambores africanos, es lo que llevamos en la sangre. Y yo tenía la espina clavada de querer hacer música de baile desde hace años”, explicaba para TimeOut en 2018.
Producida por Alizz, el arquitecto-catapulta sonora de Tangana, la fusión crepuscular de dancehall y R&B contemporáneo con percusiones cálidas en Antes de Morirme fueron el transbordador definitivo de hibridación y legitimación entre la música urbana y el pop, que poco a iría absorbiendo su espíritu sonoro así como reconfigurando sus nuevas estructuras de difusión y afectividades. “Ahora la nueva cultura popular es esa cultura urbana. Yo siempre he hablado de pop como intención: quiero que me escuchen y piensen en pop y no en rap”, reconocía el madrileño en septiembre de 2016 para El País, donde en la misma entrevista Rosalía declaraba que “el mainstream ha bajado y lo de abajo ha subido. La gente joven ya no escucha la radio. Tener un montón de visitas en Internet te puede dar la misma visibilidad. Desde el mainstream saben que pueden aprovecharse de lo nuestro: es como un coolhunter que va por un barrio bajo a chequear qué pasa y luego lo pone en una pasarela”.
Como decía Madjody -redactor, podcaster y cofundador de El Bloque TV, programa clave para la expansión especializada del movimiento- en el libro Making Flu$ de 2021, “ese track tenía todos los ingredientes necesarios para convertirse en un éxito, y así fue. Podemos decir que fue la primera canción del verano proporcionada por dos figuras de la escena urbana española”. De manera similar ambicionaba Alizz recordando sus primeros acercamientos con C Tangana: “No se trataba de hacer canciones de nicho, sino de pensar a lo grande y hacer canciones pop”.
Ese verano de 2016 fue diferente. No solo se movió la gente al son del Pokemon Go, también lo hicieron los cimientos de una industria en alza, con internet como principal bastión. El vídeo de Antes de Morirme, dirigido por Manson, irradiaba un verano nostálgico que parecía acabar pero que recién comenzaba. También a nivel simbólico fue el inicio de muchas cosas. Tampoco había que ser muy inteligente para notar la complicidad entre un C Tangana y una Rosalía, que fueron pareja y a los que semanas antes les vimos flirtear digitalmente en Llámame más tarde, precuela y una especie de hermana pequeña de la canción que nos ocupa. La música urbana empezaba a despegar sus pies del asfalto.
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