Christopher Nolan ha convertido La Odisea en uno de los grandes acontecimientos cinematográficos del verano. La adaptación del poema de Homero, ya estrenada en los cines españoles, sitúa a Matt Damon en la piel de Ulises y reúne a un reparto en el que también figuran Anne Hathaway, Tom Holland, Zendaya, Robert Pattinson y Charlize Theron. Después de Oppenheimer, el director vuelve a apostar por una producción de gran escala construida para la pantalla grande.
El cineasta, sin embargo, ha tenido que renunciar a uno de los momentos más recordados del texto original. No se trata de una batalla, de una criatura mitológica ni de uno de los obstáculos que retrasan el regreso del héroe a Ítaca, sino de un juego de palabras con casi 3.000 años de historia. Nolan intentó trasladarlo a la película, pero terminó descartándolo porque no encontró una fórmula que funcionara en pantalla y sobreviviera a la traducción.
El engaño de Ulises al Cíclope
La escena pertenece al encuentro entre Ulises y Polifemo. Atrapado junto a sus hombres en la cueva del Cíclope, el protagonista se presenta con un nombre falso: “Nadie”. El engaño cobra sentido cuando los griegos ciegan al monstruo y este pide ayuda a los demás cíclopes. Al preguntarle quién lo está atacando, Polifemo responde que “Nadie”, por lo que sus compañeros interpretan que no existe ninguna amenaza y lo abandonan a su suerte.
El pasaje resume una de las principales virtudes atribuidas a Ulises: su capacidad para escapar mediante la inteligencia cuando la fuerza no basta. También introduce un alivio cómico dentro de una secuencia marcada por la violencia y el peligro. Sin embargo, la broma depende por completo del doble significado del nombre elegido por el héroe, un mecanismo que no conserva la misma naturalidad en todas las lenguas.
Nolan abordó la ausencia durante una entrevista con Jon Stewart en The Daily Show. El presentador le trasladó la queja de quienes conocen el poema y echaban de menos el célebre truco verbal. El director reconoció que no se trataba de un olvido y explicó que llegó a probar distintas posibilidades antes de eliminarlo. “Lo intenté, pero no funcionó”, resumió, señalando que los juegos de palabras resultan especialmente difíciles de trasladar entre idiomas.
Una adaptación obligada a elegir
La decisión refleja uno de los principales desafíos de llevar La Odisea al cine. El poema ha atravesado siglos, traducciones y reinterpretaciones, pero una superproducción contemporánea debe convertir sus recursos orales y literarios en imágenes, diálogos y acciones comprensibles para una audiencia global. No todo lo que funciona sobre la página mantiene su eficacia al ser pronunciado por un actor o doblado a decenas de idiomas.
Nolan ha preferido sacrificar el chiste antes que incluir una explicación artificial que frenara la escena. La ausencia puede llamar la atención de los lectores de Homero, pero también muestra que su película no busca reproducir cada episodio de manera literal. El director selecciona, transforma y elimina elementos para adaptar el viaje de Ulises a su propio lenguaje cinematográfico.
Así, uno de los chistes más antiguos de la literatura occidental se ha quedado fuera de la película más ambiciosa del verano. No porque Nolan no lo conociera, sino porque ni siquiera el ingenio de Ulises logró superar esta vez el obstáculo de la traducción.
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