San Valentín tiene algo de examen sorpresa. Parece que ese día todo el mundo debe demostrar que siente muchísimo, que ama mejor que nadie y, a ser posible, que lo hace con reserva previa en un restaurante carísimo. Por suerte, el cine romántico ofrece una salida digna: emociones intensas… pero desde la comodidad del sofá y con derecho a pausar para buscar más palomitas.

Porque sí, el amor en pantalla grande puede ser cursi, exagerado y poco realista. Pero también puede ser divertido, melancólico, torpe, inesperado y, en ocasiones, peligrosamente reconocible. Por eso aquí van diez películas perfectas para San Valentín, tanto si celebras en pareja como si tu plan más firme es discutir con la manta sobre quién ocupa más espacio.

1. El diario de Noa (2004)

Sí, es intensa. Sí, probablemente alguien llore. Una de las historias de amor más populares del siglo XXI. Romance juvenil, diferencias sociales, reencuentros bajo la lluvia y una intensidad que no pide perdón. Ideal para quienes entienden San Valentín como una excusa legítima para llorar sin dar explicaciones.

2. Notting Hill (1999)

Un librero tímido se enamora de una actriz famosa. Clásico absoluto de la comedia romántica británica, con humor elegante, momentos incómodos deliciosos y una frase final que sigue funcionando décadas después. Perfecta para recordar que el amor también puede ser absurdamente improbable.

3. Bridget Jones’s Diary (2001)

Torpeza, vino, pensamientos incómodos en voz alta y una heroína romántica tan imperfecta que resulta imposible no quererla. Perfecta para recordar que el amor propio -y reírse de una misma- también cuenta como plan de San Valentín.

4. 10 Things I Hate About You (1999)

Instituto, sarcasmo adolescente y una de las comedias románticas más queridas de los noventa. Ligera en apariencia, pero con un corazón sorprendentemente sincero. Ideal para equilibrar azúcar y diversión sin caer en el empalago.

5. Valentine’s Day (2010)

Historias cruzadas, amores que empiezan, otros que terminan y unos cuantos que simplemente se complican. Desigual pero entretenida, funciona como mosaico sentimental para quienes quieren un poco de todo en una sola noche.

6. Her (2013)

Un hombre que se enamora de una inteligencia artificial podría parecer ciencia ficción fría, pero aquí se convierte en una de las reflexiones románticas más delicadas del cine reciente. Soledad, conexión y emociones en tiempos tecnológicos. Romántica… con vértigo existencial.

7. Moulin Rouge! (2001)

Exceso visual, música, pasión y tragedia. Baz Luhrmann convierte el romance en espectáculo puro sin perder emoción. Perfecta para quienes creen que amar también puede ser grandioso, dramático y un poco imposible.

8. In the Mood for Love (2000)

Silencios, miradas y deseo contenido. Una de las películas más bellas jamás filmadas sobre el amor que no llega a suceder del todo. Melancólica, elegante y perfecta para San Valentín… si el plan incluye nostalgia.

9. Casablanca (1942)

El clásico entre los clásicos. Amor, guerra, renuncia y una despedida que el cine no ha logrado superar en más de ochenta años. Recordatorio eterno de que algunas historias románticas son grandes precisamente porque no terminan bien.

10. Call Me by Your Name (2017)

Verano, descubrimiento y una emoción que crece lentamente hasta quedarse instalada en el espectador. Delicada, luminosa y profundamente humana, demuestra que el primer amor puede ser tan hermoso como doloroso.

Lo mejor de esta lista es que funciona en todas las situaciones posibles:

  • En pareja, crea la ilusión de que todo es un poco más cinematográfico.

  • En soltería, confirma que el sofá sigue siendo un gran compañero emocional.

  • Tras una ruptura, recuerda que siempre hay personajes tomando decisiones sentimentales peores que las tuyas.

El cine romántico, en el fondo, no trata solo de encontrar a alguien. Trata de cómo cambiamos cuando alguien nos importa, incluso si la historia no termina como esperábamos.

Luego se encienden las luces, suenan los créditos y toca volver a la normalidad.
Pero con suerte, también con la sensación -pequeña, pero persistente- de que el amor, de una forma u otra, sigue mereciendo la pena.

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