Quedo con Ana Torroja en Sala Equis y de camino voy pensando en cuántas veces las canciones nos salvan. Las canciones de la Torroja me han acompañado muchas veces en mi vida, a veces descubriendo en los discos viejos de casa alguno de Mecano donde se hablaba de cosas que no entendía muy bien pero que me hacían sentirme contento o super triste, como pensando que en el espacio había una perra abandonada llamada Laika, y otras ahorrando el dinero de la paga para comprarme uno de sus discos en solitario.
Son las doce del mediodía y en Madrid parece que ya quiere ser primavera, aun así, Ana necesita calentarse con una infusión. Le digo que me gusta la taza para las fotos que acompañan este texto, Rafa, parte de su equipo, atento le dice que quite la bolsita que no queda bonita. Ana no sabe muy bien dónde dejarla porque estamos en una sala de cine vacía, Rafa le hace un gesto de que se la deje en la mano, a la Torroja aquello le da apuro. Al final accede. Le digo “ahora iré contando que eres tan diva que haces que te recojan las bolsas de te en la mano”. Se ríe, Rafa en cambio apunta “la diva ha sido la primera en llegar esta mañana y ha abierto la sala ella”. Ana contesta “no pensaba que no fuera a haber tráfico esta mañana…”.
Nos quedamos solos Ana y yo en una inmensa sala de cine de color roja. Ana lleva una blusa blanca que hace que destaque en medio de este mar escarlata. Sin duda es la protagonista de este momento. Vamos a ello.
PREGUNTA: He escuchado que de pequeña te gustaba jugar a hacer de cura. Explícame esto.
RESPUESTA: Pues yo creo que por eso de dar el sermón y que todo el mundo se quedara mirándome.
P: ¿Fue por ser el centro de atención o por qué?
R: No sé por qué se me ocurrió ser cura y no presentadora, por ejemplo.
P: ¿De pequeña ibas a misa?
R: Sí que iba. Iba a misa porque había que ir a misa, es lo que tocaba. Pero de verdad que ahora que me lo preguntas, no sé porque elegí jugar a ser cura. Posiblemente sí tenga que ver con el hecho de ser el centro de atención, de que todo el mundo te haga caso.
P: Una vez escribiste un deseo en un papel. Ese deseo era “ojalá un día componga un disco entero”. El deseo se ha cumplido y se llama ‘Se ha acabado el show’.
R: Eso es, además se ha cumplido de una manera totalmente inconsciente. Sería algo que tendría en el subconsciente porque yo no recordaba que había pedido ese deseo. Haciendo el mini documental de la grabación del disco en México la directora encontró en mi casa el libro de los tesoros de Mecano y empezó a sacar postales que había dentro del libro. Entre esas postales había una hoja con unas preguntas que yo había contestado escritas y una de esas preguntas era “¿cuál sería tu deseo?” y contesté “hacer un disco entero escrito por mí misma”. Y sin pensarlo ahí estaba ese deseo, esperando ser cumplido.
P: ¿Por qué ‘Se ha acabado el show’? ¿Llegaste a pensar en algún momento que se había cumplido tu tiempo en esto de la música?
R: Sí, sobre todo de un tiempo a esta parte. Realmente me costaba tener esa motivación, esa ilusión por hacer algo nuevo, no era capaz de encontrar la forma de contar algo que no hubiera contado ya. Siempre cada uno de los discos que he hecho ha sido un mundo diferente y eso me ha permitido jugar y me ha divertido. Pero ya decía “¿dónde voy a ir que no haya ido ya?”, “¿con qué voy a trabajar?”, “¿qué quiero contar?”. Y de pronto me di cuenta de que realmente estaba teniendo esa crisis existencial que nos llega de vez en cuando y que quizás no volvía a la música.
P: ¿Y lo vivías como algo malo?
R: No, lo vivía con cero traumas. O sea, realmente lo vivía como algo que podía ser, algo que podía llegar a ocurrir en algún momento determinado y sin ningún trauma. El otro día en El Hormiguero me preguntaba Pablo Motos si no me daba vértigo pensar en no volver a la música y la verdad es que, si lo pienso, me daría vértigo pensar en la gente que dejaría detrás…
P: ¿Y realmente podrías dejarlo?
R: A veces siento que sí, porque cuando me tomo esos espacios largos entre un trabajo y otro y soy solo yo, solo Ana, conmigo misma y me voy a esos lugares donde nadie me reconoce.... estoy muy a gusto. Yo tengo ese problema, que me adapto a cualquier situación.
P: ¿Y alejarte para vivir no te genera ganas de contar historias nuevas?
R: Me genera una necesidad de estar yo conmigo misma sin tener compromisos y con la libertad de usar el tiempo en lo que quiera. ¿Qué pasa cuando hago eso mucho rato? Pues que de pronto sí te puede empezar a entrar el gusanillo. Pero el problema y el porqué de esa pregunta y de ‘Se ha acabado el show’ es que ese gusanillo no me llegaba.
P: ¿Y qué hizo que llegara?
R: El hacer por hacer, como dice Bosé.
P: O sea, hacer hambre.
R: Exacto, buscar hacer una canción o dos para poder hacer otra gira. Porque lo de ganar dinero con la venta de discos es complicado, con lo que se gana dinero es con los tours. Empezamos a lo tonto con un par de canciones y poco a poco, sin pretender nada realmente empecé a pensar que por qué no hablaba de esa duda existencial de si se habría acabado el show o no, porque sentía que no debía ser yo la única a la que le pasaba. Y enseguida fue como cuando te quedas embarazada y ves carritos de bebé por todas partes, o cuando te compras un coche y luego lo ves por todos lados. Me di cuenta de que esa duda nos atacaba a todos los artistas, a los más jóvenes por saber si lograrán consagrarse y a los consagrados por la falta de motivación.
P: A lo mejor también tiene que ver con que todos los que trabajamos creatividad dependemos de la validación externa y a veces dices “oye, ya no me apetece esperar a que me validen desde fuera”.
R: Sí, absolutamente. Pero fíjate que no hago los trabajos para eso. Obviamente cuando sale bien, pues te hace ilusión que la cosa vaya bien, pero yo simplemente digo “por favor, que la gente se dé la oportunidad de escucharlo” y luego ya decide si quiere sumarlo a su banda sonora. O una canción o dos, o todo el disco entero, pero rezo para que le den la oportunidad de escucharlo. También es verdad que es complicado hoy en día porque es todo tan disperso y hay tantas formas de escuchar música que con los algoritmos dichosos y todas esas cosas…
P: La gente ya no se toma el tiempo de escuchar un disco de inicio a fin.
R: Es así y me da mucha pena porque hay un trabajo ahí… En mi caso son dos años de trabajo. Y una implicación personal no solo por lo que se cuenta y no solo en este disco, que bueno, hay más implicación personal de la que de la que he tenido en otros... Pero te puedo hablar de Rosalía, por ejemplo, de todo lo que involucra hacer un trabajo de ese calibre y que la gente se tome el tiempo de escucharlo…
P: Has dicho que “cada disco que hago es un mundo nuevo que descubro, no solo de melodías, sino también de personas que dejan a su paso una huella inolvidable” ¿A quién has descubierto gracias a “Se ha acabado el show”?
R: A todos con los que he compuesto. Hablábamos de Samuraï antes. Ella, por ejemplo, es una persona que me ha dejado huella. Hemos quedado en vernos en México porque ella va para allá ahora en unos días. Me parece sorprendentemente madura para su edad, que yo me acuerdo cuando tuvimos la primera conversación le dije ¿Pero tú cuántos años tienes?
P: Os separan 40 años, ella tiene 26.
R: Pues hace dos años, cuando tuvimos esa conversación, tenía 24. Recuerdo que me dijo “tú sabes que mis amigos me llaman la abuela”. Y les digo “pues no me extraña, porque me sorprende que podamos tener con esta diferencia generacional, estas, estas charlas y estas conversaciones, como si tuvieras tú mi edad”. Es una persona muy abierta también a descubrir, muy curiosa y muy talentosa. Pero vamos, te podría decir todos los nombres del disco, porque todos de verdad que han sido importantísimos y además de una generosidad tan grande. Ha habido cero egos y no puedo estar más agradecida. Hemos hecho una gran familia.
P: Acabas de decir, que ha habido cero egos porque no es fácil en un disco con tantos productores diferentes que haya cero egos...
R: Totalmente. O sea, ha sido un experimento que ha salido bien. Desde un primer momento todos han dejado los egos a un lado y han trabajado a favor del disco, a favor de la música y poniendo por delante el amor por lo que estábamos haciendo. Y sí había que dar un paso atrás se daba y todo el mundo proponía soluciones. Era democracia pura y dura.
P: Recuerdo que uno de los primeros discos que me compré con mi propio dinero fue ‘Frágil’ (2003) y han pasado de aquello 23 años y aquí estamos. ¿Qué queda de aquella Ana Torroja de 2003?
R: Hombre, yo creo que es que queda todo. Y de la de hace más décadas también. Yo creo que eso es un poco lo que lo que digo, entre otras cosas, o quizá entre líneas como en la canción “La maleta”, todo eso viene con uno. Y esa canción, por ejemplo, surge porque muchas veces los periodistas me preguntáis si no tengo nostalgia de la época de ‘Mecano’ y siempre digo que no porque viene conmigo la maleta. Nunca he dejado de cantar esas canciones. Y todo lo que todo lo que soy está en los discos y está en el momento en el que se hizo el disco y en el trabajo que se hizo con ese disco. Y fíjate, este disco en concreto del que me hablas, que se llama ‘Frágil’ vuelve un poco a ‘Se ha acabado el show’ porque en ‘Rosa del desierto’ vuelvo a hablar un poco de esa fragilidad. Cuando hice ese disco estaba en un momento un poco delicado anímicamente, porque bueno, había tenido un par de rupturas amorosas así. Yo soy una romántica empedernida, entonces, bueno, pues a mí todas estas cosas me afectaban mucho. Bueno, me afectan. Lo que pasa es que ahora llevo veintitantos con una persona, entonces ya no, no he tenido rupturas últimamente (se ríe). Pero bueno, todo el mundo, todos los que escribimos canciones, decimos que las canciones se escriben desde, desde el dolor, desde la tristeza, porque necesitas hacer esa catarsis.
P: Has puesto voz a la educación emocional de mucha gente de este país ¿eres consciente de ello?
R: Es muy bonito, siempre que me lo dicen lo pienso. En México hicimos varias escuchas con plataformas y estábamos en Spotify y la gente que dirige Spotify ahí es muy joven. Y entonces era muy gracioso porque íbamos escuchando las canciones del disco y me decían eso. Me decían “guau, he aprendido muchas cosas hoy con estas canciones”. Lo que pasa es que bueno, cosas que a lo mejor ellos no habían vivido o que habían vivido peor no sabían cómo explicar están en mis canciones. A mí también me ha pasado con las canciones de otros, yo también tengo mi banda sonora.
P: ¿Quién te ha educado emocionalmente a ti con su música?
R: Prince, los Rolling Stones, Cat Stevens, James Taylor y Luz Casal, por ejemplo. Luz tiene canciones increíbles. O sea, hay muchas canciones que me que me pasa que representan momentos en mi vida emocionalmente importantes y esa es la magia de la música también, porque cuando luego te pones en los conciertos es cuando revives cada momento. Eso es muy terapéutico y muy catártico también.
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