La últimas elecciones autonómicas han demostrado una cosa: Gabriel Rufiàn tiene razón. Y es que la izquierda a la izquierda del PSOE está siendo condenada al ostracismo por los españoles. El motivo abre un debate largo y profundo, pero la realidad es que la fragmentación penaliza, y solo hay que remitirse a los hechos consumados con los resultados electorales. La decisión de Mónica Oltra de concurrir como candidata a la alcaldía de Valencia con la libertad de hacer una lista unitaria con todas las formaciones de izquierdas convierte a Valencia, literalmente, en el laboratorio de pruebas de la conocida como vía Rufiàn.

En las últimas municipales, Podemos se presentó sólo y sacó más de 9.000 votos que no fueron a ninguna parte porque el partido de Ione Belarra se quedó más que lejos del 5% necesario para tener un concejal. Pero esos números no hay que mirarlos aislados sino de forma conjunta en una candidatura apoyada por toda la izquierda, y con una candidata potente y de consenso como es Oltra.

Esos 9.000 votos hay que contarlos en suma. Eso tiene una explicación muy sencilla, con el concejal que baila por 1.000 votos. Y no es el concejal que gana un partido, sino el que pierde el oponente. Es decir: ese concejal para la izquierda en realidad son dos concejales.

Como todo en política, hay que ver qué dicen las encuestas. Pero en Valencia, una ciudad donde el ayuntamiento cayó por la mínima, y después de la tragedia de la DANA que ha costado 230 vidas, y con él comportamiento tan poco ejemplar del PP, ese laboratorio de pruebas tiene todas las posibilidades de convertirse en la aldea gala de la izquierda a la izquierda del PSOE.

Y si en Valencia, donde hay partidos propios más allá de los que tienen el resto de autonomías, se consigue llegar a un acuerdo, cuál será la excusa de Podemos y Sumar para no hacerlo en el resto de España.

La vía Rufiàn, nada mal pensada por parte del dirigente de Esquerra, tiene, gracias a Oltra, un laboratorio de pruebas que hace tres días ni imaginaba tener. Ahora bien, ese laboratorio tiene que ser completo. Es decir, el candidato a la Generalitat de Compromís, Joan Baldoví, no puede ir por libre con respecto a Oltra.

Dejar fuera las filias y las fobias

El votante no es tonto, pero además, es que el votante de izquierdas es muchísimo más crítico y segmentado que el de derechas, por lo que no aceptará blanco para el ayuntamiento y negro para la Generalitat. Otro punto a tener en cuenta es que los dirigentes de Sumar, Podemos, Izquierda Unida y Esquerra van a tener que dejar sus filias y sus fobias en sus casas.

Si uno quiere unidad, qué menos que aparentar esa unidad aunque luego, al acabar el acto, ni se hablen. Volvemos a los mismo de antes: hay que conocer a tus votantes, y los de izquierdas ya vienen ‘separados’ de origen. Por lo tanto, o la unidad se respira en el ambiente o volverá a suceder como cuando Podemos se unió por primera vez a Izquierda Unida y se perdieron más de un millón de votos por el camino.

Rufiàn lo explica muy bien, y muy simple: Los números no dan”. También tiene razón cuando habla de que hay que ver quién tiene más números en cada territorio y apostar por ese o esa candidato o candidata. El problema, el de siempre, los egos en esa cosa llamada política. Por tanto, si Oltra ha conseguido ser la primera candidata de la izquierda a la izquierda del PSOE en lograr unir a todos, ¿qué excusa tienen los demás en el resto de territorios para poner problemas?

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