La guerra de Ucrania ha entrado en una fase en la que la diplomacia parece moverse a medio camino entre la presión militar, la propaganda y el cálculo psicológico. La última muestra de ello la ha revelado The New York Times: negociadores ucranianos habrían planteado llamar “Donnylandia” a una parte del Donbás en disputa con la intención de atraer el favor de Donald Trump y blindar, al menos simbólicamente, el respaldo de Washington a una eventual salida negociada del conflicto.

La información, de enorme carga política y también de evidente extravagancia, describe una propuesta que, según esas fuentes, habría surgido inicialmente como una broma entre negociadores ucranianos. Sin embargo, el nombre habría seguido circulando en conversaciones posteriores para referirse a una zona del este del país que Kiev no quiere entregar a Rusia y que podría convertirse en un espacio especial dentro de un eventual acuerdo de paz. Según EFE, que resume la información del diario estadounidense, esa área cubriría unos 80 kilómetros de largo por 64 de ancho y su población actual oscilaría entre los 190.000 habitantes, según cálculos ucranianos, y menos de 100.000, de acuerdo con otras estimaciones, debido a la cercanía del frente y al colapso económico.

La clave no está solo en el nombre. La idea de “Donnylandia” formaría parte de una discusión más amplia sobre la creación de una zona desmilitarizada o de libre comercio en una parte del Donbás que ni Kiev ni Moscú controlarían de manera absoluta, y que Trump podría vender como un éxito personal. Esa hipótesis se inserta en las conversaciones sobre cómo cerrar una guerra que, más de cuatro años después de la invasión rusa a gran escala, sigue sin una salida clara y con el frente estabilizado en buena parte del este ucraniano.

Diplomacia del halago

Lo más llamativo del episodio es el trasfondo político que deja al descubierto. La propuesta revela hasta qué punto algunos actores internacionales consideran que una parte de la relación con Trump pasa por apelar a su ego, su marca personal y su necesidad de presentarse como vencedor. No sería, por tanto, solo una excentricidad semántica, sino una táctica diplomática adaptada al estilo político del presidente estadounidense.

Según la información difundida por EFE, un negociador ucraniano llegó incluso a diseñar una bandera verde y dorada para esa hipotética “Donnylandia” e incluso un himno nacional con ayuda de ChatGPT, aunque no está claro si ese material fue mostrado a la parte estadounidense. El mero hecho de que esa idea se haya abierto paso en el ámbito negociador da una medida del giro que están tomando las conversaciones: menos solemnidad diplomática clásica y más gestos destinados a seducir al interlocutor más decisivo.

No se trata de un detalle menor. Trump ya ha defendido públicamente fórmulas que pasan por congelar la guerra sobre las líneas actuales y asumir, de facto, que el Donbás quede “partido” como parte de una solución. Associated Press recogió hace meses que el presidente estadounidense planteaba que la región debía quedar “cortada” o repartida según el control existente sobre el terreno, una posición que encaja con la presión para que Kiev acepte concesiones territoriales a cambio del final de los combates.

Del sarcasmo a la arquitectura de paz

La fuerza del término “Donnylandia” no reside tanto en su viabilidad jurídica como en lo que simboliza: la adaptación de Ucrania a un entorno internacional en el que ya no basta con apelar al derecho internacional o a la solidaridad occidental. Ahora también cuenta la escenografía, el marketing político y la capacidad de ofrecer a Trump un relato que pueda presentar como una victoria propia.

En paralelo, el concepto de una zona especial en el Donbás ha aparecido también bajo otras fórmulas, como el llamado “modelo de Mónaco”, utilizado para describir un microterritorio semiautónomo o una zona económica libre dentro del este de Ucrania. Esa opción sí habría figurado en borradores más formales, mientras que “Donnylandia” se habría quedado en el terreno de las conversaciones informales. En cualquier caso, ambas expresiones apuntan a lo mismo: explorar una salida intermedia que evite a Ucrania entregar abiertamente el territorio y permita a EEUU forzar a Rusia a aflojar su posición.

El problema es que ese tipo de soluciones choca con la realidad de Moscú. El Kremlin sigue exigiendo la retirada ucraniana del Donbás como condición para la paz y no ha dado señales de aceptar una fórmula que excluya la presencia o supervisión rusa sobre una eventual zona desmilitarizada. Reuters recogió que Rusia mantenía esa exigencia como línea roja, mientras Ucrania insiste en que no puede aceptar una paz construida bajo tutela militar del invasor.

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