La gestión sanitaria de Donald Trump en Estados Unidos acontece en un nuevo episodio que ha sembrado la polémica a nivel internacional. El principal mandatario de la Casa Blanca ha aprobado este martes una orden por la que se insta a los Estados del país a reducir las vacunas infantiles a once, siete menos que las recomendadas por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Un escrito legal que ofrece “recomendaciones de máximo nivel en vacunación infantil”, las cuales “maximizan las opciones de los padres en materia de vacunación para sus hijos y alinean tres categorías de inmunizaciones infantiles con la evidencia científica y las mejores prácticas de países desarrollados similares”.

Las vacunas recomendadas para los menores de edad se remitan a la del sarampión, paperas, rubeola, difteria, tétanos, tos ferina, poliomielitis, Haemophilus influenzae tipo B, enfermedad neumocócica, virus del papiloma humano (VPH) y varicela. Con ellas, las inmunizaciones aconsejadas para ciertos grupos o poblaciones de alto riesgo son las correspondientes a anticuerpos monoclonales contra el virus respiratorio sincitial (VRS), hepatitis A, hepatitis B, meningococo B, meningococo ACWY y dengue.

En población infantil general, las vacunas basadas en la toma de decisiones clínicas compartidas serán de hepatitis A, hepatitis B, rotavirus, enfermedad meningocócica, gripe y Covid19. Añadido a ello, se recomienda dividir la vacuna combinada contra el sarampión, las paperas y la rubéola en tres dosis individuales para cada enfermedad, y administrar todos los compuestos en visitas médicas separadas para brindar más opciones con respecto al momento y la frecuencia de la administración de esta vacuna.

No obstante, la Administración Trump levantará la mano sobre estas indicaciones porque se tendrá en cuenta “la libertad de elección de los padres en materia de vacunas infantiles al promover el cumplimiento por parte de los Estados de la legislación constitucional y federal relacionada con la autoridad parental, la libertad religiosa, las adaptaciones para personas con discapacidad y la igualdad de protección ante la ley, incluidas las obligaciones de los Estados de proporcionar exenciones religiosas y médicas del requisito de vacunación infantil y adolescente”.

Se contempla a su vez la presentación de planes alternativos para “mejorar la investigación sobre vacunas y las opciones para los padres estadounidenses, incluyendo una evaluación de los perfiles de riesgo y beneficio de todas las vacunas infantiles”.

La razón que ha motivado estas modificaciones se sustenta, según la Casa Blanca, en “la evaluación científica que concluyó que Estados Unidos recomienda actualmente más vacunas infantiles que cualquier otro país comparable”. Para el Gobierno de Trump esta reducción reafirma el compromiso “con la ciencia de máxima calidad, garantizando que los estadounidenses reciban el mejor asesoramiento médico posible y brindando a pacientes y médicos la máxima flexibilidad”.

La OMS advierte de riesgos

Ante este anuncio de importante calado sanitario infantil y de interés sanitario general, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reiterado la importancia de seguir los pasos del calendario de la vacunación infantil –elaborado por “expertos médicos que analizan cómo se propagan las enfermedades, quiénes enferman con mayor frecuencia y a qué edades”-, advirtiendo de que el hecho de “retrasar, espaciar o modificar” las dosis puede exponer a los niños a las enfermedades que se pretenden prevenir.

La OMS se remite a un texto de diciembre de 2025, en el que se recuerda el papel “fundamental” de la protección sanitaria infantil inyectando, así, las vacunas antes de que el menor se exponga a los gérmenes dañinos. Por ello, suelen aplicarse “entre los 12 y 18 meses de vida”: “Durante más de 60 años, la OMS y otros expertos mundiales en salud, como el Grupo Asesor Estratégico de Expertos en Inmunización (SAGE, por sus siglas en inglés) y las autoridades nacionales, han estudiado intensamente la transmisión de enfermedades, la seguridad de las vacunas y la forma en que protegen a las personas”, añaden.

Bajo este marco, la organización mundial también ha recordado que cada vacuna se recomienda “en el momento en que ofrece la mejor protección contra enfermedades graves” basándose así en “años de investigación a nivel mundial”.

Unas pautas que se han visto respaldadas por el portavoz Tarik Jašarević quien ha explicado al respecto en rueda de prensa desde Ginebra que la inmunización infantil se apoya en “más de 60 años de investigaciones” de la institución sanitaria mundial: “Los tiempos de cada vacuna responden a años de investigación sobre cómo madura el sistema inmunológico y en qué etapa de la infancia el riesgo de contagio es mayor”, ha desgranado.

En efecto, son los calendarios nacionales, fijados por comités técnicos de expertos apoyados en SAGE, los que “operan con independencia de los gobiernos y basan sus decisiones en la evidencia más reciente”: “Lo que sale de la OMS está basado en la ciencia. Esperamos que todos los países utilicen la mejor evidencia científica disponible”, ha expresado en alusión indirecta a la decisión de la Casa Blanca.

España carga contra el “dogmatismo” de Trump

Desde el ámbito geopolítico, una de las críticas más abiertas a la decisión de la Casa Blanca ha venido de la mano del Gobierno de España. La ministra de Sanidad, Mónica García, ha condenado que Trump priorice la “ignorancia y dogmatismo” a la evidencia científica, considerando que la decisión de reducir las vacunas infantiles se encamina al “negacionismo científico”.

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