El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, se encamina a las elecciones generales con cada vez menos apoyos. Los comicios están fijados para el próximo 27 de octubre, pero las tensiones internas podrían anticipar la disolución del Parlamento (Knéset). El genocida, líder del partido Likud, ha intentado jugar a dos bandas, con los ultraortodoxos y con les sectores más laicos, y le ha salido mal, todo a cuenta de la ley que permite a los fanáticos religiosos no cumplir con el servicio militar obligatorio.
El histórico acuerdo, cuya traducción establece que “la Torá es su profesión”, eximía a decenas de miles de israelíes de incorporarse al Ejército hasta que el Tribunal Supremo, hace cosa de dos años, estableció que “no existe base legar para excluir a los hombres ultraortodoxos del reclutamiento”. En este contexto, Netanyahu se comprometió con los sectores más radicales religiosos a aprobar una ley que recuperase este mandato, pero posteriormente abandonó esta intención alegando que no contaba con los apoyos suficientes para sacar adelante la medida.
El debate, desde hace varios años, ocupa un gran espacio en la política israelí, debido a la molestia de los sectores no ultraortodoxos, cuyos integrantes son llamados sin distinción al servicio militar obligatorio, en un momento de recrudecimiento de las ofensivas israelíes ilegales en distintos puntos de Oriente, que se suman al incesante genocidio desplegado en Palestina. La guerra le viene bien a Netanyahu, todos los partidos la apoyan y apenas existen israelíes contrarios al genocidio, pero quién empuñas las armas y pisa los terrenos invadidos divide a quienes sostiene al jefe de los genocidas.
Necesidad de soldados, también ultraortodoxos
El jefe del Estado Mayor del Ejército israelí, Eyal Zamir, advirtió hace escasos días, en una comisión de Exteriores y Defensa de la Knesset, que, sin el reclutamiento de los ultraortodoxos, la autoridad castrense podría colapsar ante la falta de medios disponibles por los múltiples frentes que afronta Israel en la región. Es decir, el ejercito genocida necesita soldados porque los ataques ya no se basan exclusivamente en bombardeos sistemáticos y a larga distancia contra población civil extranjera y hay en torno a 100.000 estudiantes de la Torá que hasta ahora se han librado.
Los partidos opositores de Netanyahu, Yesh Atid, liderado por Yair Lapid, y los Demócratas de Yair Golan presentaron hace algo más dos semanas sendos proyectos de ley para adelantar las elecciones parlamentarias, programadas para el mes de octubre, apretando al actual Ejecutivo. A la par, el líder de la facción de Degel HaTorá, el rabino Dov Lando, también se ha mostrado a favor de disolver el Parlamento israelí. "Ya no confiamos en Netanyahu. De ahora en adelante, solo haremos lo mejor para el judaísmo haredí y el mundo de las yeshivás”, ha trasladado.
“Debemos disolver la Knesset cuanto antes. Para nosotros, el concepto de bloque ya no existe", ha afirmado Londo. De igual forma, la facción Agudat Yisrael, que pertenece a Judaísmo Unido de la Torá (formación que ya le retiró el apoyo a raíz de este conflicto) y está compuesta por tres diputados, ha apoyado dicha iniciativa después de que Netanyahu confirmase a los diputados ultraortodoxos la pasada semana que no cuenta con los votos necesarios para aprobar la normativa para eximir a los fanáticos religiosos.
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