Con el telón de fondo de la evolución de la guerra en Irán, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ante las acusaciones de “inacción” a los países de la OTAN por no respaldarle en su ofensiva militar en Oriente Próximo, ha planteado la amenaza de sacar a su país de la Alianza Atlántica. En este marco, la pregunta es obligada: ¿Es acaso posible?

En conversaciones este miércoles con el diario británico The Telegraph, el mandatario de la Casa Blanca ha señalado que se encuentra “considerando muy seriamente” salir de la OTAN, organización internacional a la que ha denominado “tigre de papel”, y a cuyos aliados les ha reprochado que no hayan participado junto a él en los ataques contra Teherán.

Debido a la incertidumbre que lleva asentando Trump sobre sus decisiones en el escenario bélico, y puesto a que es un mandatario imprevisible en cuanto a sus próximos movimientos, es difícil adivinar si llevará a la práctica esta última amenaza, pero, en caso de que así proceda, enfrentará a un proceso parlamentario y legal arduo.

Trump, en choque contra el Congreso y Senado

Si el inquilino de la Casa Blanca decide finalmente que la gran potencia norteamericana quede fuera de la Alianza Atlántica, tendrá como primer obstáculo la Ley de Autorización de Defensa Nacional, una normativa vigente y aprobada en 2023 que establece que el presidente de la nación “no puede suspender, terminar, denunciar o retirar a Estados Unidos de la OTAN sin la autorización de dos tercios del Senado o a través de una nueva ley en el Congreso”.

Esta ley se aprobó hace tres años precisamente bautizada como Trump proofing, es decir, “a prueba de Trump”, augurando entonces que una situación de estas características podría suceder y que vino para blindar la participación de Estados Unidos en la OTAN ante, entonces, la inminencia de un regreso de Trump a la Casa Blanca que terminó por confirmarse en las elecciones presidenciales de 2025.

Incluso la redacción de la normativa conlleva una situación incongruente: uno de sus redactores fue el actual secretario de Estado del Gobierno de Trump, Marco Rubio, quien, a su vez, es uno de los principales actores diplomáticos en el conflicto sobre Irán. En el momento de su aprobación, llegó a afirmar que sería “difícil decir que no” a apoyarla puesto que él mismo la impulsó: “Es un papel importante que el Congreso debe desempeñar”, defendió.

De una manera u otra, el magnate del Despacho Oval tendría que maniobrar para materializar sus designios, lo que, al menos a corto plazo, hace imposible que el país norteamericano salga de la Alianza mientras perdure el marco de conflicto en Oriente Próximo.

En el caso de la Cámara de Representantes, los republicanos de Trump cuentan con una mayoría muy ajustada para lograr sacar adelante una medida de este calibre internacional; mientras que, desde el Senado, se haría aún más imposible porque precisaría de dos tercios a su favor, teniendo en cuenta que, actualmente el reparto de fuerzas políticas se sitúa en 54 republicanos y 46 demócratas.

Otra de las alternativas que daría vía libre a la ejecución de Trump con la OTAN, aunque aún más ardua que las anteriores, pasaría por aprobar un dictamen ejecutivo, pero plantearía así un choque frontal de corte constitucional entre los poderes legislativo y ejecutivo que podría declinar en manos del Tribunal Supremo de Estados Unidos.

Los cálculos de Trump con la OTAN entre críticas a los aliados

Que el mandatario de la Casa Blanca haya vertido en las últimas horas sendas críticas contra los aliados de la Alianza no es una novedad en la consecución de acontecimientos sobre la guerra en Irán. En las últimas semanas, Trump ha cargado contra Francia, Alemania o Reino Unido, también España, por no sumarse a su ofensiva militar sobre suelo iraní y no permitir –en el caso español e italiano- el uso de bases militares estadounidenses en sus respectivos territorios con estos fines.

“Diría que está más que siendo considerado. Nunca me dejé influir por la OTAN. Siempre supe que era un tigre de papel”, ha deslizado este miércoles sobre su permanencia en la organización internacional, reiterando que el respaldo del resto de países en un escenario de tal calibre “debería ser automático”.

En este sentido, ha recordado su papel en la guerra de Ucrania, cuando Estados Unidos estuvo ahí “automáticamente”: “Fue una prueba, y estuvimos allí por ellos, y siempre habríamos estado allí por ellos. Ellos no estuvieron allí por nosotros”, ha reprochado.

Sin ir más lejos, este martes ya advirtió a los países aliados, especialmente a los europeos, de que no les brindará más ayuda, y les instó a que fueran ellos mismos los que cogieran “su propio petróleo” del estrecho de Ormuz: “Tendrán que empezar a aprender a defenderse por sí mismos; Estados Unidos ya no estará ahí para ayudarles, igual que ustedes no estuvieron ahí para nosotros”, sentenció en sus redes sociales.

A su juicio, Washington continuará estudiando si la OTAN “sigue cumpliendo su propósito, o si ahora se ha convertido en una calle de sentido único”, en referencia a una supuesta falta de implicación de los aliados europeos. “Cuando necesitamos su ayuda, no les pedimos que realicen ataques aéreos, cuando necesitamos que nos permitan usar sus bases militares, ¿su respuesta es no?”, ha cuestionado, por su parte, Marco Rubio.

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