La utilización de personas a través de la migración como ariete de presión internacional es una estrategia política habitual de regímenes como Marruecos. Lo vivido estos días en Ceuta se ha visto en anteriores ocasiones, siempre coincidiendo con un momento de tensión entre el país africano y España, como quedó claro en 2021, tras la acogida española del líder del Frente Polisario para ser tratado de Covid 19. Mohamed VI es experimentado en el uso coercitivo de la migración, igual que sus principales aliados: Israel y Estados Unidos.
La triple alianza conformada por los opresores del Sáhara, el Estado ilegítimo y genocida y el mayor imperio invasor de la historia es de sobra conocida. “No se están portando bien, pero pronto aprenderán. Igual de pronto que cuando renunciaron a Cuba, Guam, Filipinas y Puerto Rico y fueron todas nuestras”, pronunciaba hace tan solo un mes el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Unas palabras que sin duda parecen anticipar con sorna la crisis que ha vivido Ceuta y el conjunto del país esta semana.
"Israel es el nuevo socio más importante de Marruecos y que se encuentra en una posición privilegiada para ejercer presión […] La negativa de España a permitir el acceso de Estados Unidos a sus bases militares de Rota y Morón durante la guerra contra Irán, su reiterado incumplimiento de los objetivos de gasto en defensa de la OTAN y la postura beligerante del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hacia la administración Trump, han generado una auténtica fisura en la defensa estratégica de España sobre Ceuta y Melilla”, recogía la prensa israelí a finales de abril.
El Gobierno de España, capitaneado por Sánchez, fue el primero de Occidente en alzar la voz contra el genocidio en Palestina, liderando una alianza europea contra los crímenes de guerra israelí. También ha sido el único de la OTAN en inclinarse ante Trump y renegar de destinar un 5% del Presupuesto a Defensa, con todo lo que ello ha supuesto en términos de ataques y represalias contra el país. Por si fuera poco, el jefe del Ejecutivo español visitó Argelia, enemigo histórico de Marruecos, hace solo diez días y acordó con su presidente abrir una nueva etapa de relaciones.
Muestra de la intencionalidad y los protagonismos que están detrás del traspaso masivo de fronteras son las reacciones de altos cargos israelís y estadounidenses, desde ministros hasta embajadores ante la ONU; de igual manera que la posición cipaya asumida por la derecha española, tanto Vox como Partido Popular, atribuyendo la situación a la regularización extraordinaria, pese a que nada tiene que ver y que ninguna de estas personas podría acceder, y evitando criticar las botas que llevan besando concienzudamente desde hace años.
Pegasus, la OTAN y el Sáhara
La negativa de España a sucumbir a los caprichos del amigo de Jeffrey Epstein y la normalización de las relaciones con Argelia no son las únicas variables que salpican a los últimos acontecimientos. La crisis del Pegasus, programa de espionaje desarrollado por la empresa israelí NSO Group, que supuso la infección de los móviles de Sánchez y de varios ministros, como Margarita Robles o Fernando Grande-Marlaska apuntaba a los servicios de inteligencia marroquíes como responsables, pero la Justicia española no pudo dilucidar la autoría por boicot israelí.
El juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama, que actualmente investiga a José Luis Rodríguez Zapatero, denunció que Israel había “frustrado” al desoír hasta cinco de sus peticiones e “incumplir” las obligaciones internacionales. “La falta de ejecución de las comisiones rogatorias [peticiones de cooperación] dirigidas a las autoridades de Israel impide investigar sobre la atribución de la autoría de los hechos delictivos investigados a persona concreta alguna, abocándonos, de forma indefectible, a acordar el sobreseimiento provisional”, zanjó el magistrado, obligado a archivar la investigación.
Entre las diferentes tramas de espionaje y conflicto internacional aparece también, inevitablemente, el Sahara Occidental. La Administración de Trump fue la primera de todo el mundo en reconocer la soberanía marroquí del territorio, paso que también dio tiempo después e incomprensiblemente España. Hace tan solo tres meses, la Cámara de Representantes estadounidense cuestionó la españolidad de Ceuta y Melilla, apuntando que se sitúan en “territorio marroquí” y dejando clara la posición del supuesto aliado de la OTAN.
Marruecos quiere el territorio, igual que Ceuta y Melilla, ciudades sobre las que históricamente ha tenido aspiraciones, y no ve con buenos ojos el acercamiento español a Argelia. EEUU e Israel son rivales directos ahora de España y están implicados a fondo en desestabilizar el país y a su gobierno, tanto económica como políticamente. La triple relación es más que evidente, por eso la derecha calla y dibuja un escenario paralelo aprovechando la oportunidad generada por sus socios del exterior. Prioridad Internacional.
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