La crisis migratoria que estalló en Ceuta el jueves de la semana pasada, con 72.000 personas atravesando ilegalmente la frontera y más de 100 fallecidos, está generando múltiples reacciones y enfrentamientos más allá de España. Gobierno y oposición españoles chocan por la prevención, la dotación de agentes y la respuesta dada a la situación; materias muy similares a las que están enfrentando a las diferentes formaciones marroquís, que se verán las caras en las elecciones generales que se celebrarán en tan solo mes y medio, el próximo 23 de septiembre.

De la misma manera que en España, la mayor oleada migratoria de la historia conjunta de ambos países está marcando la actualidad de Marruecos, con la importante suma de la final del Mundial de Fútbol de 2030, que se celebrará en estos dos Estados y Portugal. El actual presidente del Gobierno marroquí, Aziz Ajanuch, ha optado desde que llegó al cargo, a finales de 2021, por el inmovilismo. La estrategia a lo largo de estos años ha sido no pronunciarse en las grandes crisis hasta que lo hiciera el rey Mohamed VI.

La desigualdad en la distribución de la riqueza, tanto entre clases sociales y territorios, está detrás de este drama

Las palabras del tirano monarca llegan, principalmente, a través de los ministros que nombra directamente, entre los que se incluyen, casualmente, los de Interior y Asuntos Exteriores. Esto maniata casi en todas sus facetas al Ejecutivo del país vecino. Quizá por esto el presidente actual decidió irse de vacaciones a Mallorca en plena crisis migratoria. Un movimiento que, sumado a las revueltas de la generación Z, que le señalaban directamente a él, impiden que Ajanuch vuelva a presentarse a los comicios al frente del Reagrupación Nacional de los Independientes (RNI).

Ajanuch ha sido criticado por su propio socio de Gobierno, el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), quien pretende presentarse a las elecciones con la figura de Fouzi Lekjaa, actual ministro de Presupuestos y presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, lo que sumaría la lucha por el Mundial como activo político. Pero más allá de estos partidos, la oposición islamista, por un lado, y los izquierdista, por otro, afilan sus cuchillos y han lanzado duras críticas contra la gestión de la crisis migratoria.

El líder del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), Abdelilá Benkirán, reclama la creación de una comisión de investigación y lamenta las imágenes que se dieron la pasada semana, coincidiendo con la Fiesta del Trono de Mohamed VI. “Experimenté un sentimiento de tristeza en medio de la celebración al ver la llegada de un gran número de jóvenes, menores y mujeres que caminaban en dirección a Ceuta”, trasladó en redes sociales el que fuera primer ministro, desconcertado y molesto por no conocer las causas de la “marea humana”.

La izquierda ha sido más contundente. “Las informaciones sobre el número de muertos, de salvamentos de víctimas proceden esencialmente de las autoridades y medios españoles”, ha afeado el Partido por el Progreso y el Socialismo (PPS), primera formación en pronunciarse al revelarse las primeras imágenes. Los que otrora fueron el Partido Comunista de Marruecos exigen una investigación oficial y responsabilizan al Gobierno actual de la crisis, debido a las políticas socioeconómicas asumidas durante su mandato.

La desigualdad en la distribución de la riqueza, tanto entre clases sociales y territorios, está detrás de este drama”, exponen los socialistas, recordando que existe cuatro millones de jóvenes de hasta 35 años que ni estudian ni trabajan, lo que les deja en una situación de precariedad inmensa. Causas, todas ellas, que mantiene al rojo vivo la lucha interna en Marruecos, mientras el país lucha en el exterior, con el apoyo de Estados Unidos e Israel, con España, de forma más o menos soterrada.

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