El terremoto de magnitud 7,4 que ha sacudido Colombia deja ya más de un centenar de muertos y graves daños en varias zonas del país. La magnitud de la tragedia ha provocado una inmediata respuesta internacional, con mensajes de solidaridad y ofrecimientos de ayuda llegados desde Europa, Estados Unidos y numerosos países latinoamericanos.

Desde el continente europeo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha trasladado la solidaridad de la Unión Europea al pueblo colombiano y ha anunciado la activación de Copernicus, el servicio europeo de observación de la Tierra mediante satélites. "El corazón de Europa está con el pueblo de Colombia", ha señalado, asegurando además que la UE está "lista para brindar apoyo". El sistema permite elaborar mapas de las zonas afectadas y obtener información geoespacial que puede ser utilizada por los equipos de emergencia para evaluar los daños y orientar las labores de rescate. No se trata, por tanto, únicamente de un mensaje político: Bruselas ha puesto una herramienta operativa al servicio de la respuesta colombiana.

España también se ha sumado desde las primeras horas. Pedro Sánchez ha trasladado su "cariño y solidaridad" al pueblo colombiano y ha subrayado que "España está con Colombia en estos momentos tan difíciles". El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha explicado que la Embajada española en Colombia, el Consulado General en Bogotá y la unidad de emergencia del Ministerio se encuentran movilizados para atender a los ciudadanos españoles que puedan necesitar asistencia. Alberto Núñez Feijóo también ha mostrado su apoyo a las familias de las víctimas, en unos momentos de "dolor, tristeza e incertidumbre" para el pueblo colombiano.

La reacción europea se ha extendido a otros gobiernos, como el galo. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha ofrecido la ayuda de Francia y ha enviado sus condolencias y su "afecto más sincero" a los colombianos. Italia también ha trasladado su solidaridad. Su primera ministra, Giorgia Meloni, ha señalado que el país "se une al pueblo colombiano, a las familias afectadas y a todos los que están comprometidos en las operaciones de rescate". 

Pero el mapa de la fraternidad se hace todavía más amplio al cruzar el Atlántico. Estados Unidos ha anunciado una ayuda de 15,5 millones de dólares para responder a las necesidades provocadas por el terremoto. La Administración de Donald Trump ya había trasladado, a través de su secretario de Estado, Marco Rubio, que estaba siguiendo de cerca la situación y preparada para respaldar al Gobierno colombiano. "Estamos listos para apoyar al pueblo de Colombia y al Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella", ha señalado Rubio. 

La cercanía geográfica y los vínculos históricos hacen que la respuesta latinoamericana tenga una dimensión especialmente amplia. México ha ofrecido ayuda a Colombia y se ha sumado a una cadena de solidaridad en la que también aparecen Brasil, Argentina, Chile, Perú y Ecuador. A ellos se han añadido Panamá, El Salvador, Honduras, Uruguay, Nicaragua, Costa Rica, Bolivia y Guatemala, con distintos ofrecimientos de asistencia, equipos de rescate, personal médico o apoyo logístico.

Chile ha reaccionado además desde la experiencia de un país acostumbrado a convivir con grandes terremotos. Su presidente, José Antonio Kast, ha puesto los equipos de emergencia del país a disposición de Colombia y ha resumido así el ofrecimiento: "Chile conoce el dolor y el desafío que dejan los sismos". El mandatario ha trasladado su solidaridad a los afectados y ha defendido la disposición de su país a colaborar ante una emergencia de estas dimensiones.

La proximidad de la emergencia ha contribuido a que la respuesta regional sea especialmente rápida. Ecuador y Panamá se encuentran entre los países donde el movimiento sísmico también pudo sentirse, mientras Venezuela, todavía recuperándose de los terremotos que sufrió recientemente, ha trasladado igualmente su solidaridad y disposición para ayudar. México también ha ofrecido apoyo inmediato, en una reacción que se suma a la de buena parte del continente.

La dimensión de esta respuesta se entiende mejor al observar lo que está ocurriendo dentro de Colombia. El seísmo ha causado al menos 130 muertos y ha provocado daños en más de 1.600 edificios, con decenas de inmuebles completamente derrumbados. Cali, Pereira, Manizales y Quibdó se encuentran entre las zonas afectadas, mientras los equipos de rescate continúan trabajando para localizar a personas que puedan permanecer atrapadas bajo los escombros. El epicentro se situó cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, una de las áreas donde las dificultades de comunicación complican todavía más la evaluación de los daños.

El Gobierno colombiano ha agradecido las muestras de solidaridad recibidas desde el extranjero y mantiene contactos con representantes de distintos países para coordinar posibles vías de colaboración. La respuesta internacional, de momento, combina tres velocidades: los mensajes de condolencias de los gobiernos, los ofrecimientos de ayuda y las primeras medidas concretas, como la activación de Copernicus o los fondos comprometidos por Estados Unidos.

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