Las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) han perpetrado ataques contra infraestructuras energéticas en Irán, en concreto, cuatro depósitos de crudo y un centro de transferencia de productos petrolíferos en las provincias de Teherán y Alborz, además de haber atacado una planta de desalinización de agua en la isla de Qeshm, en el golfo Pérsico, de la que dependen al menos 30 localidades para disponer de agua corriente.
Estos bombardeos contra la "infraestructura de energía" en Irán "abren una nueva y peligrosa fase" del conflicto, en palabras del portavoz del Ministerio de Exteriores en Irán, Esmaeil Baqaei, plasmadas en X. Baqaei ha acusado a los atacantes de iniciar una "guerra química" contra los iraníes que se extenderá fuera de las fronteras del país, según ha expresado, y que incurre en "crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio, todo al mismo tiempo". Del mismo modo, Irán ha prometido responder de forma equivalente a estos ataques: Bahréin ya ha asegurado que drones iraníes han atacado una desalinizadora de agua, lo que ha hecho crecer los temores de que la línea roja de las infraestructuras civiles y de abastecimiento no puedan ser objetivos de ataques se haya traspasado sin retorno.
A su vez, los bombardeos han tenido consecuencia para otras infraestructuras, como los joob, es decir, las acequias de Teherán que recogen agua de lluvia, que ardieron en la madrugada del domingo después de que por esos canales empezase a correr petróleo tras los ataques a las infraestructuras relacionadas con el crudo. Las explosiones provocaron grandes bolas de fuego y una dura lluvia ácida que dejó charcos negros entre nubes de humo e incendios, una combinación que ha lanzado al ambiente de la capital iraní enormes cantidades de hidrocarburos, óxido de azufre y de nitrógeno, productos altamente tóxicos, según ha advertido la Media Luna Roja del país.
El objetivo: la destrucción del tejido económico
Estos son los primeros ataques conocidos contra infraestructuras petroleras y de abastecimiento desde Tel Aviv en este conflicto, y tienen un objetivo: destruir el tejido económico del país y golpearle en puntos especialmente vulnerables. Sobre la mesa, un precedente muy duro: el de su vecino, Irak. En 1991, el entonces secretario de Estado de Estados Unidos, James Baker, amenazó con que Irak sería bombardeado hasta "regresar a la época preindustrial". UNICEF hizo un cálculo y estimó que tras 43 días de bombardeos las pérdidas económicas equivalían a 232.000 millones de dólares en el valor de aquel entonces. Tras el conflicto, el país solamente podía generar el 4% de la electricidad que generaba antes de la contienda.
El derecho humanitario internacional contempla, además, que ataques como el sufrido por la planta potabilizadora de agua pueden constituir un crimen de guerra. El sábado, Israel había atacado ya el aeropuerto de doble uso civil y militar teheraní de Mehrabad, del que parten muchos vuelos internos desde la capital del país, y una instalación de estas características. Tampoco puede descartarse la posibilidad de que la industria petrolera siga siendo el objetivo de los ataques, ya que ésta proporciona a Irán alrededor del 25% de sus ingresos, y hacerla vulnerable debilitaría económicamente al extremo al país islámico. Por otro lado, una consecuencia directa de emprender una operación así sería la estratosférica subida del precio del barril de crudo: Irán es el tercer país con más reservas del mundo, y apartarle de los mercados haría crecer el valor del barril a más de 150 dólares, frente a los aproximadamente 80 en los que se encuentra ahora.
Retórica destructiva creciente
Los depósitos atacados se encuentran en una zona que abastece a más de 16 millones de personas de gasolina. Uno de ellos, el de Shahran, abastece a los vehículos del personal de la Guardia Revolucionaria, pero también a la red de transporte de mercancías como los alimentos y a edificios públicos de Teherán. Este domingo, Teherán redujo los litros de combustible que cada habitante de la capital puede comprar de 30 a 20, restricción atribuida al bombardeo de los depósitos.
El día anterior, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, volvió a hacer un llamamiento a los iraníes para que "se levantaran contra el yugo de la tiranía" y aseguró que el objetivo de Israel es "liberar a Irán", un mensaje simplista que obvia las intenciones expansionistas regionales del ente sionista. Con anterioridad, Yair Lapid, el líder de la oposición israelí, había publicado un mensaje en redes sociales en el que instaba a su país a "destruir todos los campos petroleros y la industria energética de Irán en la isla de Jarg". "Eso es lo que arruinará la economía de Irán y derrocará al régimen", urdió.
Paralelamente, los ojos internacionales siguen sobre el conflicto. La Liga Árabe se ha reunido de emergencia a petición de Arabia Saudí, aliado clave de Estados Unidos en la zona, con el fin de abordar los ataques contra Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y el propio país saudí. Varios analistas regionales no descartan la posibilidad de que las citadas naciones formen una coalición árabe que se sume a los ataques contra Irán para responder a los ataques que Teherán ha lanzado contra ellos. Un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores de Emiratos Árabes Unidos afirma este domingo que Irán ha lanzado más de 1.400 misiles y drones contra infraestructuras y objetivos civiles en ese país, y que tomarán "todas las medidas necesarias" para proteger su soberanía.