Mona Abuaisha perdió su casa en octubre de 2023, en la primera semana desde que Israel recrudeció el genocidio sobre la Franja de Gaza. Aún así, dice que su prioridad en la vida es estudiar, y ayudar a las futuras generaciones de palestinos a conseguir lo que mismo que ella: graduarse en la universidad.
Su historia es una de tantas en un territorio en el que todas las prioridades se diluyen desde hace años. “No podemos preocuparnos por nuestra educación. Solo por vivir, por qué vamos a comer hoy, dónde podemos conseguir agua potable y ese tipo de cosas”, cuenta en su entrevista con ElPlural.com. Mona vive en Ciudad de Gaza, la capital, aunque la ha tenido que abandonar varias veces por los bombardeos de Israel.
La guerra lo arruinó todo. Mi sueño es enseñar a otra gente, sí. Palestina, Gaza… nuestra gente lo necesita. No puedo abandonar
Antes de que comenzara el infierno en la tierra, en 2023, se graduó en Ciencias Informáticas en la Universidad Al-Azhar, que un año después fue destruida por el Estado genocida. Desde entonces, Mona es una de tantas estudiantes gazatíes que ha intentado salir de la Franja para estudiar en una universidad extranjera. Lo intentó en Canadá, en el programa PSSAR, que trata de intermediar en estos casos, pero no consiguieron que el Gobierno de allí intercediera para lograr que Israel le permita salir a labrarse un futuro.
Tras esto, se unió a Gaza40+, una organización que persigue el mismo fin en varios países europeos, entre ellos España. Desde la iniciativa, cuyo miembro Mohiuddin Kasmi explicó en otra entrevista que la universidad es “la única salida de Gaza” para muchos jóvenes, tratan de presionar ahora al Gobierno del Reino Unido, para que ayude a Mona. Ya tiene ofertas de las universidades de Leeds, Glasgow y Sheffield, pero no puede acceder a ninguna beca.
A pesar de lo que vive cada día, aún quedan en ella fuerzas para hacer el bien. Con una condición médica que le impide sufrir situaciones de estrés, hace dos meses que Mona intenta ayudar a su comunidad enseñando en una escuela de forma desinteresada. En su entrevista, dificil por los problemas de conexión que sufre Gaza y la barrera del idioma, cuenta que la vida allí sigue igual, a pesar del ‘alto el fuego’ que asegura mantener Israel, y de que el mundo haya dejado de mirarles.
PREGUNTA (P): Te graduaste en 2023, ¿cómo ha sido tu vida desde entonces?
RESPUESTA (R): Hemos vivido una guerra, pasando hambre, corriendo de aquí para allá. No tengo ninguna posibilidad de trabajar en mi campo. Ahora trabajo como profesora en una escuela. Le dije a mi padre que teníamos la oportunidad de aprender y enseñar a otras personas, y le insistí en abrir esta escuela en nuestra zona.
P: Así que, ¿has trabajado allí desde entonces?.
R: Sí. Desde hace dos meses.
P: Y desde 2023, ¿has podido seguir formándote?
R: No. Tampoco lo necesitaba porque ya estaba graduada, pero la vida no ha sido fácil, como se ha visto en las redes sociales. En cada sitio al que te mueves ves muerte, sangre por todas partes. No hay un lugar seguro al que ir. No podemos preocuparnos por nuestra educación. Solo por vivir, por qué vamos a comer hoy, dónde podemos conseguir agua potable y ese tipo de cosas. No hay internet, ni electricidad para cargar el móvil o el portatil, por lo que estudiar es casi imposible.
P: Desde que empezó la guerra, en 2023, ¿ha podido algún gazatí seguir tus pasos?
R: Hay algunos que han podido terminar sus estudios, pero ha sido muy, muy dificil. Iban a sitios en los que tenían que pagar precios altísimos para conseguir acceso a internet y electricidad. La situación aquí no permite un ambiente saludable para estudiar. El precio medio de una tarjeta para acceder a internet es de dos dólares cada hora. La mayoría de la gente aquí ha perdido su casa, su trabajo, y todo lo que tenía en la vida, por lo que dos dólares la hora es demasiado. Además de que, aún así, el internet que ofrece no es muy rápido, y se va constantemente, por lo que tenemos que buscar otros puntos.
P: ¿A qué tenéis que dedicar ese dinero?
R: En los días de más hambruna, a conseguir harina y adas [legumbres]. A conseguir algo que comer.
P: Antes de la guerra, ¿la situación era mejor?
R: ¡Era increíble, no te lo puedes imaginar! La mayoría de la gente desearía tener lo que teníamos antes de la guerra. Todo el mundo podía trabajar, tener una casa. Todo el mundo lo tenía todo en la vida. Ahora nadie tiene nada. La mayoría de la gente vive en tiendas de campaña, en la playa, donde hace mucho calor en verano y mucho frío en invierno. Muchos de los problemas que tenemos aquí no se ven en las redes sociales, pero existen. Lo peor de la situación es que no tiene fin. No tenemos ninguna fecha en la que esta vida vata a terminar, o en la que vayamos a estar mejor. O que nos haga tener algo de esperanza, por lo menos.
P: Cuando sea que termine, ¿cuáles crees que serán las consecuencias de toda la gente que no ha podido estudiar?
R: No creo que podamos recuperarnos. La educación y el aprendizaje son muy importantes. No hablamos de uno, o dos, hablamos de todos los niños de Gaza. Ninguno tiene un nivel adecuado de educación. Ninguno. Si le preguntas a cualquier niño por cosas de matemáticas, nunca te sabrían responder, por desgracia.
P: En este momento, ¿tu mayor preocupación es estudiar?
R: Para mí es lo más importante en mi vida.
P: Y crees que, cuando lo consigas, ¿podrás volver y ayudar a tu país?
R: Por supuesto. Antes de la guerra iba a ser profesora en la Universidad Al-Azhar. Y quería completar mi máster allí para convertirme en académica. Pero la guerra lo arruinó todo. Mi sueño es enseñar a otra gente, sí. Palestina, Gaza… nuestra gente lo necesita. No puedo abandonar.
P: ¿Cómo te ha ayudado Gaza40+?
R: Son gente maravillosa, literalmente. La PSSAR no me pudo ayudar tanto como ellos. Me están monitorizando, respondiendo a mis preguntas, ayudándome con los documentos que necesito. Son de mucha ayuda. Que Dios les bendiga.
P: Estamos hablando del trabajo que están haciendo para que los gobiernos europeos te ayuden. ¿Qué mensaje les mandarías?
R: Mi mensaje para todo el mundo es que la guerra en Gaza no ha acabado. Todos los días hay fuego. Todos los días muere alguien. La situación sigue igual que antes del ‘alto el fuego’. El mundo se ha cansado de nosotros, y ya no importamos. Creen que todos nuestros problemas se han solucionado, pero no. Hay que concienciar sobre esto.
P: Tu lo ves delante de tus ojos, ¿verdad?
R: Sí. Puedes estar trabajando en la calle y que, de repente, caiga una bomba delante tuyo, en un edificio, o detrás tuyo en un coche. No hay ningún sitio seguro aquí. No hay seguridad.
P: Me has dicho que te habías tenido que mudar de Ciudad de Gaza, ¿verdad?
R: Sí, muchas veces. Perdimos nuestra casa en la primera semana de guerra. Desde entonces vamos a las ciudades que nos dice Israel, en lo que llaman las ‘zonas verdes’, y dentro de ellas también nos hemos tenido que mover varias veces. Todas las ‘zonas verdes’ a las que vamos se acaban volviendo rojas en poco tiempo.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.