Irán ha elevado el tono de sus advertencias frente a Estados Unidos mientras las negociaciones entre ambos países permanecen estancadas y crece la presión económica sobre Teherán. La Guardia Revolucionaria ha asegurado que, si se reanuda el conflicto, empleará un armamento más avanzado y con mayor capacidad destructiva que el utilizado en enfrentamientos anteriores, mientras el presidente del Parlamento iraní, Mohamed Baqer Qalibaf, ha reclamado preparar al país para afrontar una eventual nueva oleada de sanciones estadounidenses.
Las declaraciones se producen después de que Donald Trump incrementara este miércoles la presión sobre Teherán y anunciara una ofensiva económica que calificó de "sin precedentes". El intercambio de advertencias vuelve a situar la posibilidad de una escalada militar y económica en el centro de la relación entre Washington y la República Islámica.
Por su parte, el portavoz de la Guardia Revolucionaria iraní, Hosein Mohabi, ha advertido de que un eventual nuevo enfrentamiento militar no sería una repetición de los anteriores. En declaraciones difundidas por la agencia Tasnim, el general ha asegurado que las capacidades armamentísticas de Irán han evolucionado y que los misiles empleados en un hipotético conflicto incorporarían ojivas con una potencia destructiva superior. Según Mohabi, "la potencia destructiva de las ojivas utilizadas en los misiles de la Guardia Revolucionaria supera con creces" la de las utilizadas en guerras anteriores. El militar ha añadido que, si se desencadena una nueva guerra, las armas iraníes serían "completamente diferentes" en todos los aspectos.
La advertencia forma parte de un discurso dirigido tanto al exterior como al consumo interno. La Guardia Revolucionaria pretende transmitir que Irán ha aprovechado los últimos años para reforzar sus capacidades militares y que cualquier nuevo enfrentamiento tendría un coste elevado para sus adversarios. Mohabi ha asegurado que Teherán continúa desarrollando sistemas con mayor precisión, capacidad destructiva y sofisticación tecnológica. No obstante, sus declaraciones no aportan detalles verificables sobre qué nuevos sistemas estarían disponibles ni sobre el alcance real de las capacidades a las que hace referencia.
Momento clave del conflicto
La respuesta iraní llega, además, en un momento especialmente delicado. Estados Unidos mantiene una política de máxima presión sobre Irán y Trump ha advertido de nuevas medidas económicas, mientras las conversaciones entre Washington y Teherán permanecen bloqueadas. En este contexto, las declaraciones de la Guardia Revolucionaria elevan el riesgo de que el enfrentamiento político y económico termine trasladándose de nuevo al terreno militar. El general iraní también ha puesto el foco en Yemen y en la capacidad de los grupos armados respaldados por Teherán para resistir a sus adversarios regionales. En referencia a los enfrentamientos con Arabia Saudí, ha sostenido que Riad tendría dificultades para contener a los insurgentes yemeníes.
Como argumento, ha comparado la situación con el conflicto en Gaza y ha afirmado que Israel tampoco habría conseguido infligir daños graves a Hamás después de más de dos años de conflicto. A partir de esa comparación, Mohabi ha defendido que Arabia Saudí, cuyas capacidades militares considera inferiores a las israelíes, tendría todavía menos posibilidades de imponerse a los grupos yemeníes.
China cuestiona las sanciones estadounidenses
Por otra parte, el pulso entre Washington y Teherán también se sigue desde otras partes del globo. Pekín ha cuestionado la legitimidad de las sanciones económicas unilaterales contra Irán y sostiene que este tipo de medidas no tienen encaje en el derecho internacional.
La posición china añade presión diplomática sobre Estados Unidos, aunque no implica necesariamente un respaldo a todas las políticas de Teherán. Pekín mantiene relaciones económicas y estratégicas con Irán y ha defendido tradicionalmente la oposición a las sanciones unilaterales que no cuenten con el respaldo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, como las de índole económica aplicadas desde Washington a Irán.
Así las cosas, mientras Irán amenaza con responder militarmente si vuelve la guerra, prepara a su economía para una nueva ofensiva de sanciones y busca reforzar sus alianzas regionales, Estados Unidos incrementa la presión sobre Teherán con la coerción a través de la economía. El momento es tenso, pero las amenazas mutuas no equivalen a una confirmación de que vaya a producirse una nueva guerra. Pero el endurecimiento simultáneo del lenguaje militar, la presión económica y la diplomacia regional muestra que el margen para una desescalada continúa siendo muy delgado.
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