El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Mohsen Rezaei, ha advertido de que Teherán responderá contra los intereses de países los vecinos que decidan respaldar la campaña de presión económica impulsada por Estados Unidos contra la República Islámica, con sanciones que ya han sido afeadas, por ejemplo, por China, que sostiene que no se amparan por el derecho internacional.

Estas declaraciones se producen después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara a mediados de esta semana el lanzamiento de una "operación económica" contra Irán, iniciativa que presentó como un proceso de "aislamiento de una escala sin precedentes" y para el que instó a sus aliados a prestar apoyo. "Si los países que rodean a Irán se unen a Estados Unidos en su guerra económica contra Teherán, atacaremos sus intereses", ha advertido Rezaei, según declaraciones recogidas por la cadena estatal iraní IRIB.

El dirigente iraní ha advertido asimismo de que, si los países de la región colaboran con Washington, Teherán impedirá la salida de petróleo a través del golfo Pérsico y actuará también contra otras vías empleadas para exportar crudo desde la zona, con un control férreo del Estrecho de Ormuz, del que Trump llegó a decir esta semana que es "un nuevo territorio de Estados Unidos".

Rezaei ha añadido que las autoridades iraníes están preparadas para emprender acciones contra compañías petroleras estadounidenses y otras empresas con intereses en Oriente Próximo, elevando así el tono de las advertencias dirigidas a Washington y a sus aliados. La amenaza se enmarca, además, en un escenario de creciente tensión entre Irán, Estados Unidos e Israel. El 28 de febrero de este año, las fuerzas estadounidenses e israelíes llevaron a cabo nuevos ataques coordinados contra territorio iraní, apenas dos días después de la conclusión de la tercera ronda de conversaciones sobre el programa nuclear celebrada en Suiza.

A mediados de junio, las dos potencias atacantes alcanzaron un memorando destinado a detener las hostilidades. No obstante, Trump declaró el 8 de julio que el alto el fuego había quedado sin efecto, tras lo cual ambos países volvieron a intercambiar ataques. Desde entonces, Washington y Teherán han mantenido contactos indirectos con la mediación de varios países de Oriente Próximo en un intento de alcanzar un nuevo acuerdo que permita poner fin a las hostilidades y establecer las condiciones para una salida negociada al conflicto.

Sanciones económicas y un pacto que nació débil

El memorando firmado entre Estados Unidos e Irán el pasado 17 de junio, concebido para abrir un periodo de 60 días de negociaciones que permitiera avanzar hacia un acuerdo definitivo, expiró sin que Washington y Teherán hayan conseguido acercar posiciones. La fecha marca formalmente el final de una etapa diplomática, aunque sobre el terreno la realidad hacía tiempo que apuntaba en otra dirección: acusaciones cruzadas, enfrentamientos, amenazas y una creciente disputa por el estratégico estrecho de Ormuz habían ido vaciando de contenido el pacto.

La decisión de la Administración de Donald Trump de no prorrogar el acuerdo confirma ahora ese fracaso. El presidente estadounidense considera que Irán no está dispuesto a aceptar las condiciones que Washington juzga necesarias para cerrar definitivamente el conflicto y ha vuelto a situar entre sus prioridades impedir que la República Islámica pueda desarrollar un arma nuclear. La respuesta iraní tampoco apunta hacia la distensión. Teherán ha advertido de que podría pasar de una posición defensiva a otra "plenamente ofensiva" si no se producen avances y acusa a Estados Unidos de incumplir sus compromisos.

El resultado es una situación paradójica. La tregua concluía oficialmente el 17 de agosto, pero su muerte política se produjo mucho antes. A principios de julio, cuando apenas habían transcurrido unas semanas desde la firma del memorando, ambas partes ya cuestionaban abiertamente su funcionamiento. El documento contemplaba un periodo máximo de 60 días para alcanzar un pacto final prorrogable únicamente de común acuerdo, pero la disputa sobre Ormuz y la falta de confianza entre las dos potencias acabaron paralizando el proceso.

La negativa de Trump a ampliar el plazo revela una decisión política de mayor alcance. Ante la falta de resultados de la negociación, la Casa Blanca vuelve a colocar la presión económica y militar en el centro de su estrategia. El presidente estadounidense sostiene que Teherán no está dispuesto a aceptar el acuerdo que Washington considera imprescindible y mantiene como línea roja la posibilidad de que Irán obtenga armamento nuclear. Frente a las demandas iraníes de levantar el bloqueo, retirar fuerzas estadounidenses y obtener compensaciones por la guerra, la Administración Trump insiste en utilizar las sanciones y la superioridad militar estadounidense como instrumentos para obligar a la República Islámica a ceder. Una vía de presión máxima con la que Washington busca aumentar el coste de la resistencia para Teherán, pero también puede reducir el espacio para un compromiso. Irán ha avisado de que, si Washington no modifica su postura, responderá militarmente y tratará de romper el bloqueo estadounidense. Un alto cargo iraní aseguró además que el país está dispuesto a adoptar medidas militares si considera definitivamente agotada la vía diplomática.

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