Primero fue el asalto en el mar. Después, el traslado a barcos militares convertidos, según sus propios testimonios, en una suerte de “cárceles flotantes”. Y más tarde llegaron las bridas, los golpes, las descargas eléctricas, el hambre, la sed y la privación del sueño. Los activistas de la flotilla detenidos por Israel el pasado lunes han relatado a Europa Press un episodio que describen como una cadena de violencia, humillación y castigo físico durante las horas posteriores a la interceptación de las embarcaciones en aguas internacionales.

A la espera de regresar a España desde Estambul, los activistas Laura Campos, Iván Soriano y Pablo Quesada han reconstruido ante la agencia las condiciones en las que, aseguran, fueron retenidos por el ejército israelí. Sus relatos dibujan una secuencia difícil de desligar del contexto más amplio de la ofensiva israelí contra cualquier intento de romper el cerco sobre Gaza: una operación militar contra civiles que viajaban en una misión humanitaria y que, de acuerdo con sus testimonios, fueron tratados como enemigos.

Los tres coinciden en una expresión: “Secuestrados”. Aseguran que permanecieron durante 48 horas bajo custodia israelí tras la interceptación de las embarcaciones, en instalaciones militares flotantes que describen con concertinas y condiciones de encierro. La palabra cárcel aparece una y otra vez en sus relatos, pero no como metáfora. Hablan de contenedores, de hacinamiento, de movimientos restringidos y de soldados armados vigilando incluso los desplazamientos más básicos.

“Un túnel terrorífico” y descargas con táseres

Uno de los testimonios más duros lo ofrece Iván Soriano, que ya había sido detenido en una misión anterior de la flotilla. Su comparación con aquella experiencia resulta especialmente relevante: asegura haber percibido una “escalada importante de la violencia” por parte del ejército de Israel. “Había un túnel terrorífico con soldados con pistolas táser dándonos calambres en la cara y en la cabeza, a algunos les inyectaron sustancias que no sabemos lo que son y nos agredían con patadas”, ha explicado Soriano a Europa Press.

"Tuvimos que dormir agazapados en posición fetal con la cabeza chocando contra las paredes del contenedor y sin poder movernos"

Los activistas sostienen que algunas personas detenidas sufrieron lesiones graves, entre ellas fracturas en las costillas o incluso una perforación pulmonar que requirió atención médica. De acuerdo con su versión, centenares de integrantes de la flotilla acudieron al hospital al llegar a Estambul para someterse a pruebas y documentar el estado físico en el que salieron de la custodia israelí. También tratan de aclarar qué sustancias les fueron inyectadas durante el traslado a prisión, según su denuncia.

El relato no habla solo de violencia puntual, sino de un sistema de presión continuada. Soriano asegura que los detenidos eran obligados a permanecer en “contenedores” donde se hacinaban alrededor de “60 personas”, sin poder salir con normalidad para acudir al baño. Cuando intentaban hacerlo, denuncia, eran apuntados con láseres.

Pablo Quesada, secretario de sociedad civil y movimiento popular de Podemos, ha descrito unas condiciones de encierro marcadas por la falta de espacio y el agotamiento físico. “Tuvimos que dormir agazapados en posición fetal con la cabeza chocando contra las paredes del contenedor y sin poder movernos”, destacaba. La privación del sueño aparece como uno de los elementos centrales de las denuncias. Los activistas aseguran que eran despertados de forma constante, trasladados de una celda a otra y sometidos a reconocimientos médicos que, según interpretan, no buscaban atenderlos, sino impedir que descansaran.

“Cada dos por tres nos sacaban esposados de celda en celda para evitar que nos durmiéramos y nos llevaban a reconocimientos médicos solo para mantenernos despiertos”, ha relatado Laura Campos. La situación, según su testimonio, se prolongó durante casi dos días. A esa dinámica se sumó la escasez de agua, comida y productos básicos. “No nos dieron papel de váter ni comida”, denuncian. Soriano ha añadido otra cifra que resume las condiciones del encierro: “Cinco litros de agua para más de 30 personas”.

Bridas, humillaciones y el himno de Israel

Para Campos, uno de los momentos más duros llegó durante el traslado a puerto y la posterior estancia en prisión. Según ha relatado, los activistas fueron obligados a permanecer más de dos horas arrodillados, con la cabeza gacha, mientras sonaba de forma constante el himno de Israel. A su alrededor, ha asegurado, había soldados con sus familias haciendo fotos y “selfies”. La escena, tal y como la describen, no remite únicamente a una detención. Remite a una exhibición de poder. A una pedagogía de la humillación diseñada para mostrar que la maquinaria militar israelí no solo intercepta barcos, sino que también convierte el castigo en mensaje político.

Las bridas fueron otro de los elementos repetidos en los testimonios. Soriano denuncia que algunas estaban tan apretadas que llegaban a entumecer las manos por falta de riego sanguíneo. Él mismo asegura que todavía no ha recuperado la sensibilidad en un pulgar. Quesada abunda en esa denuncia: “Había gente pidiendo que se las aflojaran porque estaban perdiendo la sensibilidad y en ningún momento atendieron nuestras peticiones”.

En ese contexto, Campos sitúa la aparición del ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben-Gvir, cuyas imágenes junto a los activistas detenidos se han difundido durante las últimas horas y han generado incluso el reproche del primer ministro Benjamin Netanyahu. Su presencia añadió una dimensión política a una detención ya de por sí cargada de simbolismo: el Estado israelí exhibiendo a activistas internacionales como trofeo en plena ofensiva contra la solidaridad con Palestina.

“Qué no le harán al pueblo palestino”

Los activistas insisten en que prácticamente ninguno pudo reunirse con su abogado ni comunicarse con sus familiares durante el recorrido desde el barco militar hasta la cárcel. Campos sostiene que ninguno de los alrededor de 500 detenidos se libró de agresiones físicas. La reflexión final que comparten los tres entrevistados por Europa Press conecta su experiencia con el fondo del conflicto. Si ese trato se produjo contra ciudadanos extranjeros, con atención mediática internacional y con gobiernos pendientes de su situación, se preguntan qué ocurre cada día con la población palestina bajo ocupación, bloqueo y guerra.

“Si esto nos lo hacen a nosotros, teniendo presión internacional y con muchísimo foco mediático, y con estrategias de tortura, qué no le harán al pueblo palestino”, han coincidido Campos, Soriano y Quesada. Los activistas apuran ahora sus últimas horas en Estambul antes de regresar a España. Está previsto que este sábado salgan tres vuelos: uno con destino a Bilbao, donde aterrizará a las 12:30 horas; otro a Barcelona, a las 13:00 horas; y un tercero a Madrid, a las 19:00 horas.

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