El rey Felipe VI ya la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, llevaban un tiempo tendiendo puentes en la distancia, intercambiando halagos y buscando normalizar unas relaciones dañadas desde hace siete años, debido a la insistencia mexicana en recibir un perdón por la conquista y la negativa española a disculparse por los crímenes cometidos. Este jueves, el cierre de la crisis y el acercamiento entre países hermanos se ha certificado con el encuentro de los dos jefes de Estado en el Palacio Nacional, ubicado en la capital mexicana.
La excusa para este encuentro era perfecta. El monarca ha cruzado el charco para disfrutar del partido de España contra Uruguay, último de la fase de grupos del Mundial de Fútbol, que se celebrará en Guadalajara, en la madrugada de este sábado. La máxima mandataria mexicana cursó invitación a la Casa Real, que no ha desaprovechado la oportunidad de recuperar las buenas relaciones entre países, cuyo daño intentó ser agravado hace apenas un mes por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
Felipe VI, a diferencia de la mandataria madrileña, no ha acudido a México a homenajear a Hernán Cortes e insultar a todo el pueblo mexicano con una sarta de declaraciones ignorantes y bravuconas. Tampoco ha calificado su democracia de “narcoestado” sin democracia. En vez de hacer este ridículo, el Borbón ha charlado con su homóloga sobre la importancia histórica de los pueblos originarios de México, además de sobre otros aspectos culturales, históricos y de actualidad, que ha permitido a ambos disfrutar de una charla cordial y amena.
Corto encuentro con sabor mundialista
El Mundial ha servido de excusa a los dos mandatarios para reunirse, con un ambiente alegre para ambos en este ámbito, pues ambas selecciones avanzan campantes, a la esperar de cómo se resuelva el próximo partido de España, al que Sheinbaum invitó a Felipe VI. El rey ha sido recibido el secretario de Relaciones Exteriores mexicano, Roberto Velasco, quien le ha recogido en su llegada al Aeropuerto Internacional de Ciudad de México. Poco después, la presidenta le ha recibido en su residencia y sede del Poder Ejecutivo Federal, el Palacio Nacional.
El encuentro futbolístico se celebrará en Guadalajara, por lo que la cita no ha podido prolongarse en demasía. Felipe VI continuará ahora su camino, acompañado del ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares. Ambos, desde Zarzuela y Exteriores, han destacado que el viaje se enmarca en un contexto de intensificación de las relaciones bilaterales entre ambos países" y en que permitirá reforzar "los vínculos de cercanía y afinidad que unen a ambos pueblos".
La Cancillería Mexicana coincide con el análisis y ha confirmado que se "continúan fortaleciendo sus lazos diplomáticos en beneficio de la relación y del bienestar de sus pueblos". Gestos de acercamiento entre ambas partes, en beneficio de sendos pueblos, que encontraron su última mano tendida cuando Felipe VI aceptó la invitación después de reconocer públicamente algunas de las peticiones mexicanas.
El rey no dudó en señalar que hubo "mucho abuso" durante la Conquista y admitió que aquellos comportamientos vistos desde la óptica y los valores actuales no son como para sentirse "orgullosos". Sus palabras fueron bien recibidas por la presidenta mexicana, que decidió entonces viajar a España para participar en una reunión en defensa de la democracia junto a otros líderes progresistas el pasado 18 de abril. La de este jueves ha sido la última cita que se espera que siga acercando a ambos países, pese a que algunas figuras prefieran lo contrario.
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