España y Portugal pueden convertirse en el gran motor industrial de la Europa del siglo XXI. Esa es la tesis central que ha llevado a Davos la Iniciativa Ibérica de Industria y Transición Energética (IETI), un foro intersectorial impulsado por McKinsey & Company junto a compañías como ACS, EDP, Galp, Iberdrola, Moeve, Naturgy, Repsol y Técnicas Reunidas. Reunidos en el marco del Foro Económico Mundial, sus miembros han presentado un diagnóstico ambicioso y una hoja de ruta clara basada en cinco acciones estratégicas para garantizar la competitividad industrial y energética de la Península y, con ella, reforzar la autonomía estratégica de Europa.

El punto de partida es claro. España y Portugal cuentan con una ventaja estructural única en el continente al disponer de unas condiciones naturales que permiten producir energías renovables a un coste que resulta, aproximadamente, un 20% inferior al de otras economías europeas, una sólida base industrial y una infraestructura energética robusta. En un contexto geopolítico marcado por la incertidumbre, la fragmentación de mercados y la urgencia climática, esta combinación sitúa a la península ibérica en una posición privilegiada para liderar la reindustrialización verde de Europa.

Según el análisis presentado por McKinsey, si se aprovecha plenamente este potencial, ambos países podrían generar conjuntamente hasta un billón de euros en valor añadido y crear alrededor de un millón de empleos de aquí a 2030. No se trata solo de una transición energética, sino de una transformación profunda del modelo productivo europeo, capaz de revitalizar sectores tradicionales, como podrían ser la automoción, la cerámica o el refino, así como impulsar nuevas industrias vinculadas a las baterías, las moléculas renovables, la inteligencia artificial o los centros de datos.

Los participantes en la sesión de Davos, entre ellos Enrico Letta, ex primer ministro de Italia; representantes de la Comisión Europea y los primeros ejecutivos de las empresas integrantes de IETI, coincidieron en un diagnóstico común,  el cual señala que Europa arrastra una posición industrial debilitada frente a otras potencias, pues afronta una menor productividad laboral, fragmentación regulatoria, retraso en innovación y una creciente dependencia exterior en sectores estratégicos. En ese escenario, la transición energética no es solo una obligación climática, sino una oportunidad histórica para reconstruir la base industrial del continente.

El Índice IETI, que analiza 21 indicadores sobre transición energética y reindustrialización en España y Portugal, muestra una evolución desigual. Por un lado, emergen señales alentadoras. En el último año se ha duplicado en España y quintuplicado en Portugal el número de proyectos industriales que han alcanzado la decisión final de inversión. El despliegue renovable avanza con fuerza, especialmente en Portugal, donde ya supone el 35% del mix, y los precios energéticos en España se sitúan un 27% por debajo de la media europea y la electrificación del transporte muestra ritmos inéditos, con el 40% de las ventas de vehículos en Portugal siendo ya eléctricas.

Sin embargo, el informe también identifica brechas estructurales que amenazan con frenar el despegue industrial. La inversión en I+D sigue anclada en torno al 1,5%-1,7% del PIB, lejos de las economías líderes; la productividad laboral permanece estancada; la calidad regulatoria y la agilidad administrativa no acompañan el ritmo de inversión; y el peso de la industria en la economía apenas avanza. A ello se suma un cuello de botella crítico: las redes eléctricas. En España, más de 70 empresas industriales han alertado ya de que la mayoría de solicitudes de conexión están siendo rechazadas por falta de capacidad.

Para los impulsores de IETI, el riesgo es claro: la oportunidad existe, pero la ventana se estrecha. Otros territorios, como podrían ser Estados Unidos, Asia o el norte de Europa, avanzan con rapidez para captar inversiones en industrias limpias. Convertir el potencial ibérico en realidad exige pasar de la ambición a la ejecución.

En palabras de Miguel Stilwell, CEO de EDP, “la ventaja competitiva ya no vendrá de más regulación, sino de una ejecución más rápida: permisos ágiles, reglas estables y redes modernas”. Si se acierta, sostiene, España y Portugal pueden convertirse en el ancla europea de las industrias intensivas en energía, elevar su PIB en torno a un 15% y crear cerca de un millón de empleos cualificados.

Por su parte, Maria João Carioca, co-CEO y CFO de Galp, y João Diogo Marques da Silva, co-CEO y EVP Commercial de Galp, exponen que "la transición energética representa una oportunidad única para reindustrializar Europa, e Iberia está especialmente bien posicionada para liderar esta transformación. España y Portugal combinan recursos abundantes, una sólida base industrial y el talento necesario para desempeñar un papel decisivo en el refuerzo de la competitividad europea".

Por otro lado, Agustín Delgado Martin, Chief Innovation and Sustainability Officer de Iberdrola, indica que "la electrificación es imparable: todo lo que transforma nuestra vida funciona con electricidad. La demanda crecerá con fuerza en la climatización de edificios, el transporte, la industria y los nuevos usos relacionados con la digitalización, y eso hará necesario contar con más redes eléctricas, más almacenamiento y más renovables, recursos autóctonos que se pueden desplegar con rapidez y aportan precios estables y competitividad, además de generar industria y empleo. Europa, como EE. UU., necesita autonomía estratégica".

Maarten Wetselaar, CEO de Moeve, alega que "el último informe de IETI muestra un fuerte impulso de la transición energética en España y Portugal, pero ahora necesitamos acelerar: desplegar soluciones de energía limpia, escalar la demanda y construir infraestructuras transfronterizas que permitan trasladar la abundante energía de Iberia allí donde Europa más la necesita".

Francisco Reynés, Presidente Ejecutivo de Naturgy, apunta que "debemos impulsar la innovación como punta de lanza del desarrollo futuro. Los factores clave para lograrlo son fomentar la ambición, no temer al fracaso, garantizar el acceso a una financiación competitiva, ofrecer incentivos fiscales y agilizar los procedimientos administrativos de autorización".

Las declaraciones de Josu Jon Imaz, Consejero Delegado de Repsol, señalan que "iniciativas como la simplificación a través de paquetes ómnibus, la revisión de determinados sectores y políticas industriales, y la nueva propuesta sobre normas de emisiones de CO₂ para los vehículos ligeros están orientando a la Unión Europea en la dirección correcta".

Juan Lladó, presidente ejecutivo de Técnicas Reunidas, considera que "la transición energética ofrece una oportunidad única para que Europa reconstruya su base industrial mediante soluciones escalables y competitivas. Desbloquear este potencial requiere una colaboración público-privada sin precedentes y una ejecución más ágil de los proyectos, eliminando cuellos de botella en los permisos, las redes y la financiación de nuevas tecnologías bajas en carbono". 

Es en este contexto donde la Iniciativa Ibérica plantea cinco acciones urgentes para desbloquear la competitividad industrial y energética. Cinco palancas que, combinadas, permitirían atraer inversiones, escalar nuevas industrias, reforzar las ya existentes y situar a la Península en el centro del nuevo mapa productivo europeo.

Súmate a

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio