El escenario internacional mantiene el foco puesto en Oriente Próximo. La escalada de bombardeos desde Estados Unidos e Israel a Irán ha derivado en una guerra que obliga a Europa a no bajar la vista ante los constantes ataques y amenazas confeccionados en Washington y que, en la última semana, han devuelto al primer plano el Tratado del Atlántico Norte que se firmó el 4 de abril de 1949.

Pese a que la escalada de tensiones iniciada el 28 de febrero fue orquestada por Estados Unidos e Israel con el objetivo de derribar al régimen de los ayatolás iraníes, los 32 países que a finales de la década de los 40 firmaron el mencionado tratado de la OTAN permanecen en vilo ante los ataques aéreos y bombardeos entre el Ejército estadounidense y el país persa. Del Artículo 5 de este acuerdo se desprende la obligación de las partes firmantes de asistirse mutuamente en caso de que uno o varios de ellos resulten atacados. Literalmente, el artículo reza lo siguiente: "Las Partes acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas, que tenga lugar en Europa o en América del Norte, será considerado como un ataque dirigido contra todas ellas [...]".

Esto mismo es lo que ha resucitado diferentes preguntas en el tablero internacional como, por ejemplo, hasta qué punto Estados Unidos podría exigir a los aliados que lo ayuden, en qué momento podría activarse este artículo o, incluso, si cabe la posibilidad de que España -país miembro de la OTAN- entre en guerra. Cuestiones que se han agudizado todavía más después de conocerse que en los últimos días los sistemas de defensa de la OTAN han interceptado varios misiles que se dirigían a Turquía -otro de los firmantes del Tratado- o después de que el pasado 2 de marzo un dron impactara en las bases británicas de Chipre, lo que despertaba la respuesta de Francia, Grecia e, incluso, España, quienes enviaban fragatas hasta el territorio para fortalecer la presencia de la defensa de los aliados en la zona, pese a que Chipre, como estado, no forma parte de la OTAN.

En este sentido, según rige en el Artículo 5 de la OTAN, “si tal ataque se produce cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, ayudará a la Parte o Partes atacadas”. Por lo que, si Irán o alguno de sus aliados atacara a los países firmantes del Tratado -como bien podría haber sido el caso de Turquía-, el resto de miembros debe responder. No obstante, se subraya el derecho a la legítima defensa, es decir, únicamente se podría invocar si es atacado primero por otro. Esto, llevado al conflicto actual, se traduce en que Estados Unidos no podría obligar a los aliados a que lo defiendan ya que es este Estado el que inició los ataques contra Irán a finales de febrero.

Volviendo de nuevo a las líneas recogidas en el Artículo 5, se expresa que los miembros de la OTAN ayudarán al país atacado “adoptando seguidamente, de forma individual y de acuerdo con las otras Partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada, para restablecer la seguridad en la zona del Atlántico Norte [...]". Esto implica que cada miembro puede colaborar por la vía que considere, no siendo esta necesariamente militar. Podría, por tanto, ayudar al país atacado por la vía económica, prestando colaboración de los servicios de inteligencia del país o permitiendo el uso de sus bases militares.

Sobre ello, conviene recordar que aunque en el momento de la firma del Tratado se garantizó el respeto a la igualdad de derechos y a la determinación de los pueblos, este obliga también a la asistencia mutua, por lo que, aunque un país no quisiera entrar en conflicto, si se activa el Artículo 5, el país debe responder. Eso sí, por la vía que prefiera.

Entre otras cosas, sería el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el responsable de hacer cesar las actividades que se llevaran a cabo. “[…] Cualquier ataque armado de esta naturaleza y todas las medidas adoptadas en consecuencia serán inmediatamente puestas en conocimiento del Consejo de Seguridad. Estas medidas cesarán cuando el Consejo de Seguridad haya tomado las disposiciones necesarias para restablecer y mantener la paz y la seguridad internacionales".

No obstante, con todo ello, resulta necesario subrayar que antes de invocar el Artículo 5, el Artículo 4 marca que los aliados “se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellos, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las partes fuese amenazada”. Algo que se llevó a cabo por última vez en septiembre de 2025, cuando Polonia sufrió la violación de su espacio aéreo por parte de drones rusos.

El 11-S, la primera vez que se activó el Artículo 5

Con todo ello, pese a que Estados Unidos no lo podría invocar al haber atacado él primero y, de hecho, haber sido descartada la opción por el secretario de Guerra y jefe del Pentágono, Pete Hegseth, quien señaló que “no tiene sentido que se active algo parecido al artículo 5”, este Artículo se ha invocado en diferentes ocasiones a lo largo de la historia.

La primera de ellas fue con los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando dos aviones secuestrados impactaron contra el edificio del Pentágono en Washington y contra las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York. Tras ello, los aliados invocaron de forma solidaria con Estados Unidos el Artículo y, aunque no llegaron nunca a intervenir militarmente en una guerra, respaldaron en los años posteriores diferentes operaciones.

Al margen de ello, en otras ocasiones la OTAN ha puesto en marcha medidas de defensa colectiva. En 1991, con el despliegue de misiles Patriot a razón de la Guerra del Golfo; en 2003, coincidiendo con el acuerdo sobre un paquete de medidas defensivas y la Operación Despliegue de Disuasión durante la guerra de Irak; y en 2012, en respuesta a la situación en Siria con los misiles Patriot.

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