El 2 de julio, apenas cinco días antes de la cumbre de la OTAN en Ankara, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, hablaba de gasto militar y de lo que para él era una injusticia en términos comparativos entre lo que aportaba Washington y lo que aportaban el resto de miembros de la Alianza Atlántica. En el marco de esas palabras, cargó especialmente contra España, llegando a la amenaza: "Pertenecen a la Alianza pero no son buenos miembros, se niegan a ayudar a los demás y no se están portando bien. Aprenderán pronto, tan pronto como cuando renunciaron a Cuba, Guam, Filipinas y Puerto Rico". Unas palabras que se depositaban, directa e indirectamente, sobre las pérdidas territoriales españolas durante los procesos de descolonización. Aquellas palabras resuenan hoy de nuevo con la situación de Ceuta. 

Lo que Trump ejemplificó como las consecuencias de una defensa débil, no obstante, no se trata de la amenaza de un tercero externo, como se enarbola desde los círculos otanistas que abogan por el aumento del gasto en defensa, sino de la guerra de 1898 y del Tratado de París. El presidente estadounidense le quiso recordar a España quién fue el beneficiario de aquello: precisamente, Estados Unidos. Una bravuconada que pretendía intimidar a Madrid para que volviera a plegarse a los intereses de Washington, anticipando, además, posibles problemas territoriales como el de esta semana. Medios de comunicación interpretaron aquellas palabras de Trump como un guiño a Canarias, Ceuta y Melilla, territorios extrapeninsulares que chocan directamente con la letra pequeña de la OTAN.

Aquella advertencia de Washington recuerda que existe una vulnerabilidad estratégica en estos territorios: las ciudades autónomas expresamente cubiertas por el área de defensa automática de la OTAN que invoca el Artículo 5, que determina que cualquier Estado miembro que reciba un ataque recibirá el apoyo automático de toda la alianza. Sin embargo, el artículo 6 delimita su aplicación territorial: el área de influencia incluye Europa, Norteamérica, Turquía y las islas situadas en el Atlántico Norte al norte del trópico de Cáncer, donde se encuentran las Islas Canarias, que sí quedan bajo el paraguas geográfico atlántico.

Nuevas dimensiones

Tras lo ocurrido en Ceuta, las palabras de Donald Trump toman una nueva dimensión. "No se están portando bien, pero aprenderán", dijo textualmente el dirigente norteamericano. Las dos ciudades autónomas forman parte de España, pero no están protegidas, al menos sobre el papel, por las posibilidades del Tratado del Atlántico Norte.


Aquellas palabras de Trump no constituían una amenaza directa, pero sí un claro conato de presión a Madrid. Estados Unidos lleva varios años insistiendo en el aumento del gasto en defensa, y España ha sido, precisamente, una de las voces más discordantes en este sentido, del mismo modo que se ha opuesto a la utilización de las bases militares estadounidenses en territorio español para fletar tropas y vehículos a la guerra en Irán. Gestos más simbólicos que políticos que han molestado al tycoon republicano y que le han hecho amenazar a nuestro país en varias ocasiones, la última, con aquellas palabras que ahora toman otra dimensión. Cabe recordar que Marruecos es el principal aliado de Estados Unidos e Israel en el norte de África y que España también ha sido uno de los países más vocales contra el genocidio palestino.

El informe que anticipaba todo

Cabe recordar, por otro lado, un informe que elaboró la Cámara de Representantes de Estados Unidos en el mes de mayo y que encaja perfectamente con la situación actual. El citado organismo cuestionó la españolidad de las ciudades autónomas situadas en el norte de África, refiriéndose a ellas como "ubicadas en territorio marroquí y administradas por España", "siendo objeto de la reclamación que Marruecos mantiene desde hace tiempo". Un texto en el que se podía leer, además, una loa a la "histórica alianza entre Estados Unidos y Marruecos, formalizada en 1786 mediante el Tratado de Amistad y Paz".

Los párrafos dedicados a España y a Marruecos figuraban en las páginas 86 y 87 del documento, introducidos por el legislador republicano de Florida y vicepresidente del Comité de Asignaciones y preside el subcomité de Seguridad Nacional, Departamento de Estado y Programas relacionados, Marco Díaz-Balart. Este político mantiene una estrecha amistad con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y ambos coinciden en que Ceuta y Melilla son, por su emplazamiento y otros factores, puntos débiles para España en su diplomacia con Marruecos. El contexto actual es el reflejado en fenómenos como el de esta semana: dos ciudades que son sometidas a los flujos migratorios como arma política al albedrío de Mohammed VI cuando España toma alguna decisión que es del desagrado de Rabat. Del "pronto aprenderán" de Trump a que el principal aliado de Estados Unidos en el norte de África posibilite este flujo migratorio después de que España haya hecho un acercamiento diplomático con Argelia no hay encaje de bolillos.

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