El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, inicia este jueves su primera visita oficial a Argelia desde la crisis diplomática abierta en 2022 tras el giro del Gobierno español sobre el Sáhara Occidental. El viaje llega en un momento clave, con la energía, especialmente el gas, como eje central de unas conversaciones destinadas a recomponer una relación estratégica deteriorada en los últimos años.
La agenda incluye un encuentro con su homólogo argelino, Ahmed Attaf, en el que se abordarán asuntos bilaterales y la situación internacional, en un intento de consolidar el reencuentro entre ambos países. Sin embargo, el objetivo de fondo es reforzar los vínculos políticos y energéticos en un contexto marcado por la inestabilidad global.
La cuestión energética ocupa un lugar prioritario. Argelia se mantiene como uno de los principales proveedores de gas de España y el posible incremento del suministro a través del gasoducto Medgaz se perfila como una de las claves del encuentro.
Este acercamiento energético se produce en paralelo a una progresiva normalización de las relaciones bilaterales. Tras la ruptura diplomática de 2022, cuando Argelia retiró a su embajador y suspendió el Tratado de Amistad, ambos países han dado pasos graduales hacia la reconciliación, aunque dicho tratado sigue sin restablecerse.
El trasfondo de esta crisis sigue siendo el Sáhara Occidental. El respaldo del Gobierno español al plan de autonomía marroquí alteró profundamente el equilibrio regional, situando a España en una posición delicada entre Rabat y Argel. Aunque no siempre figure de forma explícita en la agenda oficial, este asunto continúa condicionando las relaciones diplomáticas y marcará inevitablemente las conversaciones.
Además del gas y el Sáhara, la reunión abordará otros temas de interés común, como la cooperación en materia de seguridad y el control de la inmigración irregular. Argelia es un socio clave en la gestión de los flujos migratorios en el Mediterráneo, lo que añade otra dimensión estratégica al encuentro.
La guerra de Irán dispara los precios energéticos y presiona la economía global
Desde el inicio de la guerra en Irán a finales de febrero de 2026, los mercados energéticos han experimentado una fuerte volatilidad. El país persa, clave en la producción mundial de petróleo y gas y con control sobre el estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del suministro global, ha situado la energía en el centro de la crisis económica internacional.
En las primeras semanas del conflicto, el precio del petróleo ha superado los 100 dólares por barril, mientras que el gas natural en Europa registró subidas superiores al 40%. Estas tensiones han provocado un encarecimiento generalizado de los combustibles, con incrementos de hasta el 23% en el crudo y del 66% en el gas desde el inicio de la escalada bélica.
El impacto no se limita al sector energético. El aumento de los costes del transporte, la electricidad y los alimentos está alimentando una nueva ola inflacionaria, con riesgo de estanflación en economías europeas. Además, la interrupción de rutas comerciales clave y la incertidumbre geopolítica amenazan con frenar el crecimiento global e incluso provocar una recesión si el conflicto se prolonga.
El Gobierno rebaja el IVA de gasolina y diésel para contener los precios
Ante este escenario, el Gobierno español ha aprobado un paquete de medidas anticrisis destinado a mitigar el impacto del encarecimiento energético sobre los ciudadanos. Entre ellas, destaca la rebaja del IVA de los carburantes del 21% al 10%, una medida temporal que busca reducir el precio final en el surtidor.
La reducción fiscal se complementa con una bajada del impuesto especial sobre hidrocarburos y ayudas específicas para sectores especialmente afectados, como el transporte o la agricultura. En conjunto, estas medidas pueden suponer un ahorro de hasta 30 céntimos por litro y alrededor de 20 euros por depósito en un vehículo medio.
El Ejecutivo ha enmarcado esta iniciativa dentro de un plan más amplio dotado con miles de millones de euros para hacer frente a las consecuencias económicas de la crisis internacional. No obstante, el efecto real de la rebaja dependerá en gran medida de la evolución de los precios internacionales del petróleo, condicionados por la guerra en Oriente Próximo.