Estados Unidos e Irán han firmado el memorando de entendimiento y abren un periodo de 60 días durante el que se cerrarán los detalles del acuerdo final de paz. Los presidentes de ambos países, Masud Pezeshkian y Donald Trump, han rubricado el texto de forma telemática, destacando la elección de la localización del estadounidense, que se ha decantado por el Palacio de Versalles, donde los alemanes claudicaron tras perder la Primera Guerra Mundial. Una mera coincidencia o quizá el reconocimiento de que las cosas no han salido como pretendía la Casa Blanca.
El régimen iraní no solo sigue en pie, sino que ha reforzado su posición y aplacado las revueltas impulsadas desde el exterior. Sin embargo, occidente sigue sufriendo las duras consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz, abierto antes del ataque ilegal de EEUU e Israel, y la destrucción de plantas y refinerías de materias energéticas. Los ayatolás han resistido y se han llevado el gato al agua, o así se desprende del memorando firmado por ambas partes, en el que la administración de Trump se compromete a ser quien pague las costas.
Irán se compromete a abrir las puertas de un estrecho que estaba abierto hace escasos meses y “los Estados Unidos de América se comprometen, junto con socios regionales, a elaborar un plan definitivo y mutuamente acordado, dotado con al menos 300.000 millones de dólares (poco más de 260.000 millones de euros), para la reconstrucción y el desarrollo económico de la República Islámica de Irán”. Más allá del dinero destinado a la ofensiva, la casa blanca tendrá que desembolsar otros cientos de miles de millones para pagar la reconstrucción, castigo históricamente reservado al derrotado.
EEUU se encargará también de otorgar “todas las licencias, exenciones y permisos necesarios para las transacciones financieras pertinentes”. Asimismo, el punto siete establece lo que quizá sea más importante: “EEUU se compromete a levantar todo tipo de sanciones contra la República Islámica de Irán -incluidas las derivadas de resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y de la Junta de Gobernadores del OIEA, así como todas las sanciones unilaterales de EE UU, tanto primarias como secundarias- conforme a un calendario acordado como parte del acuerdo definitivo”.
“La República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América reconocen la importancia crítica de la cuestión del levantamiento de sanciones antes mencionada y expresan su intención de abordar estos asuntos de inmediato en las negociaciones, a fin de alcanzar un acuerdo mutuo al respecto”, añade este punto. En esta línea, el Departamento del Tesoro de los EE UU, según el punto diez, “emitirá exenciones para la exportación de crudo, productos petrolíferos y derivados iraníes, así como de todos los elementos asociados. servicios, incluyendo transacciones bancarias, seguros, transporte, etc”.
Por último, según el punto once, “Estados Unidos se compromete a poner a disposición los fondos y activos congelados o restringidos de la República Islámica de Irán una vez implementado el Memorando de Entendimiento”. Y todo a cambio de la apertura del estrecho de Ormuz y del compromiso del régimen de los ayatolás a no desarrollar unas armas nucleares que ya garantizó que no estaba persiguiendo Un acuerdo que parece beneficios económicamente, y por tanto victorioso, para Irán; aunque Trump se ha negado a reconocerlo.
Trump niega lo firmado por sí mismo
El presidente de EEUU ha querido negar la evidencia y, aparte de amenazar a Irán si no cumple en 60 días, ha negado que Washington vaya a contraer compromisos de inversiones en Irán, pese a que el memorando así lo recoge. "Eso es falso. Gente, podéis invertir si queréis. Quiero decir, ¿qué voy a hacer, decir que nadie tiene permitido invertir nunca? No, nosotros no vamos a invertir", ha indicado, insistiendo en que Estados Unidos no contrae este tipo de obligación con Irán y que no va a destinar ni "diez céntimos".
"No tenemos ningún fondo. Si lo hacen, perfecto. Pero yo diría que no lo harán hasta dentro de un tiempo, hasta que vean cómo se comportan. Es una cuestión de comportamiento. Pero nosotros no vamos a invertir", ha ahondado, al ser preguntado si la iniciativa podría quedar solo en manos de los países del Golfo. “Si no me gusta cómo se portan, si no se portan bien, volveremos a lanzarles bombas justo en medio de la cabeza, porque se han portado mal durante 47 años", ha zanjado, intentando ocultar la realidad plasmada sobre el papel.
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