El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero volvió este miércoles a colocarse en la primera línea de la defensa del Ejecutivo de Pedro Sánchez con una intervención en Mañaneros 360 en la que cargó con fuerza contra el acuerdo entre PP y Vox en Extremadura y marcó distancias con las críticas de Felipe González al actual rumbo del PSOE.

Zapatero evitó el choque frontal con Felipe González, pero dejó una desautorización clara. Dijo que le tiene “mucho respeto” y que no quiere guardar “ningún mal recuerdo personal” de él, ni de nadie. Aun así, rechazó de forma expresa la “crítica tan insistente” que el expresidente dirige al Gobierno de Pedro Sánchez. Cuando le preguntaron si González sigue siendo “de los suyos”, respondió con una frase breve y cargada de distancia: “Él sabrá”. Después fijó el criterio con el que quiso responderle: lealtad política y balance de gestión. A su juicio, este Ejecutivo ha hecho “grandes cosas” en economía y en la proyección internacional de España, así que no ve razones para esa impugnación constante desde dentro del socialismo histórico.

Ese reproche a González no quedó aislado. Formó parte de una defensa más amplia del Gobierno y del bloque progresista en un momento de fuerte presión desde la derecha y la ultraderecha. Zapatero volvió a ejercer de escudero político de Sánchez y usó buena parte de su intervención para atacar el acuerdo entre PP y Vox en Extremadura, en especial la llamada “prioridad nacional” pactada por ambos partidos. La calificó como una “vergüenza internacional” y advirtió de que supondría “retroceder 50 años”. No habló solo en términos ideológicos. También cuestionó su viabilidad jurídica. “Cualquier juez lo pararía”, afirmó, al definir esa propuesta como una “hipocresía anticonstitucional”.

Zapatero quiso además sacar el debate del marco estrictamente español. Se preguntó qué pensarían gobiernos y sociedades de países como Ecuador, Argentina o Bolivia ante una medida que establece filtros de acceso y preferencia en función del origen. No lo planteó como una hipótesis lejana. Lo llevó al terreno personal y recordó encuentros vividos en América Latina durante los últimos años. Contó que se ha sentido especialmente orgulloso de España cuando mujeres de Ecuador o Bolivia se le han acercado para agradecerle la regularización de personas migrantes aprobada durante su etapa en La Moncloa.

Esa parte de la entrevista le sirvió para defender una idea muy precisa de país. Habló de “patriotismo constitucional” y lo vinculó a los derechos civiles, la cultura cívica y el respeto a los derechos humanos. Frente a la prioridad nacional de PP y Vox, opuso una definición simple: “una patria es un país con justicia”. También recordó algo muy concreto: buena parte de los trabajos más duros y peor pagados en España recaen sobre población migrante. Con eso buscó desmontar el discurso de exclusión que, a su juicio, intenta normalizar la extrema derecha.

Sobre ese terreno amplió el tiro. Acusó a la ultraderecha de haber colocado la igualdad en el centro de sus ataques. “La igualdad es la contraseña de la democracia, y ese es su gran objetivo”, dijo. A partir de ahí, reivindicó la socialdemocracia, el feminismo y las políticas de igualdad como herramientas eficaces de avance político y social. También lanzó un mensaje de confianza a la izquierda internacional. “Cuando actúa con valentía, se impone. El viento está cambiando”, sostuvo. Es una idea en la que viene insistiendo desde hace días, sobre todo tras su protagonismo en la Cumbre Global Progresista de Barcelona, donde se volcó en insuflar ánimo al espacio progresista ante el repunte ultra en varios países.

En la entrevista hubo tiempo para otros asuntos. Sobre la causa judicial que afecta a Begoña Gómez, Zapatero consideró “insólito” el proceso y recordó que todas las parejas de los presidentes del Gobierno han tenido asistentes, “incluso dos”. No quiso, sin embargo, afirmar que haya jueces que prevariquen. En clave parlamentaria, enfrió la idea de una moción de censura y admitió que sigue a la espera de poder retomar el diálogo con Junts.

También habló de Venezuela. Defendió la actuación del Gobierno de Sánchez con los venezolanos que han salido del país y sostuvo que el Ejecutivo español se ha comportado “con gran dignidad y generosidad”. En ese punto, marcó distancia con algunos de los referentes habituales del antichavismo y aseguró no conocer a María Corina Machado ni haberla visto en las negociaciones en las que él participó. A la vez, elogió a Delcy Rodríguez por impulsar “una ley de amnistía de una manera inmediata y contundente”.

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