La estrategia de confrontación de Vox ha abierto una nueva brecha, esta vez con la Iglesia católica, en vísperas de la visita del Papa a Españavisita del Papa a España. A poco más de un mes de la llegada de León XIV, el partido de extrema derecha intensifica sus ataques al episcopado, en un movimiento que evidencia tanto su radicalización discursiva como su disposición a tensionar instituciones históricamente cercanas a su ideario.

El líder de Vox, Santiago Abascal, acusó recientemente a los obispos de “hacer negocio con la inmigración ilegal”, en una declaración que ha sido ampliamente criticada por su dureza y falta de pruebas. Estas palabras llegaron después de que el obispo de Canarias cuestionara las políticas de “prioridad nacional” impulsadas por Vox y sus pactos con el PP, invitando a los políticos a experimentar de primera mano la realidad migratoria antes de criminalizarla.

Lejos de rebajar el tono, Vox ha redoblado la ofensiva. Su portavoz, José Antonio Fúster, llegó a sugerir que algunos obispos deberían pasearse por barrios musulmanes en Bruselas, en una insinuación que ha sido interpretada como un intento de alimentar el miedo y la xenofobia. Esta escalada verbal forma parte de una serie de desencuentros que han ido en aumento en los últimos meses, rompiendo definitivamente la aparente sintonía que durante años mantuvieron ciertos sectores de la Iglesia con el partido.

Según recoge eldiario.es, punto álgido de esta tensión podría coincidir con la visita del Papa, prevista entre el 6 y el 12 de junio. Especial atención genera su intervención en el Congreso el 8 de junio, donde se espera que defienda la acogida de migrantes y un mensaje de paz. Vox ya ha advertido que no dudará en criticar al Pontífice si respalda políticas migratorias inclusivas, dejando claro que su línea ideológica está por encima incluso de figuras religiosas de alcance global.

Este posicionamiento no solo evidencia una ruptura con la jerarquía eclesiástica, sino también una deriva ideológica que sitúa a Vox en una confrontación directa con valores tradicionalmente asociados al cristianismo, como la solidaridad o la acogida. Paradójicamente, el partido que durante años se presentó como defensor de las “raíces cristianas” de España ahora acusa a la Iglesia de complicidad con el Gobierno y de priorizar intereses económicos.

A su vez, el Papa hará una visita a la iglesia de San Agustí en el Raval (adelantada por Religión Digital), un barrio que la propia ultraderecha llegó a calificar como “estercolero multicultural”, en una muestra más de su retórica despectiva hacia la diversidad.

En este contexto, Santiago Abascal confirmó en una entrevista en El Debate que acudirá al Congreso a “escuchar al Papa, un líder espiritual que reza por la paz en el mundo”, aunque no tardó en marcar distancias con una advertencia contundente: si cualquier líder religioso - “el Dalai Lama, el Papa, un rabino, un obispo o un cardenal” - defiende la acogida de migrantes o advierte sobre el auge del discurso islamófobo, Vox responderá con un rotundo rechazo.

Una postura que evidencia hasta qué punto el partido sitúa su agenda política por encima incluso del mensaje de figuras espirituales globales. Como telón de fondo, la imagen de Abascal junto al cardenal Robert Sarah, uno de los exponentes más duros del sector ultraconservador del Vaticano y firme opositor del fallecido Papa Francisco, refuerza la idea de una estrategia ideológica cada vez más alineada con los sectores más radicales y menos conciliadores de la Iglesia.

Ruptura total

La relación, que en su día fue calificada como una “luna de miel”, se ha deteriorado hasta el enfrentamiento abierto. Figuras cercanas a Vox, como Marcos de Quinto, han llegado a pedir a los ciudadanos que dejen de financiar a la Iglesia a través del IRPF, en un gesto que subraya la profundidad del conflicto.

Atrás quedaron los días de sintonía entre Vox y la jerarquía eclesiástica. Hubo un tiempo en el que el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, compartía actos con el entorno ideológico del partido, como la presentación del libro del filósofo Miguel Ángel Quintana Paz junto a Santiago Abascal. Hoy, esa imagen parece irreconocible: el propio Abascal acusa abiertamente a Argüello de no atreverse “a criticar al gobierno mafioso” porque, según sostiene sin pruebas, “el gobierno le proporciona su negocio con la invasión”. 

Mientras tanto, dentro del episcopado crece la preocupación. “Es un momento extraño para los obispos”, ha admitido uno de ellos, reconociendo que algunos sectores ya trabajan con la hipótesis de un futuro gobierno compartido entre PP y Vox, intentando tender puentes en cuestiones culturales. Sin embargo, esa estrategia convive con una creciente incomodidad ante el tono agresivo y la deriva ideológica del partido.

Fuentes eclesiales también han apuntado a la “preocupación” de Vox - compartida por algunos obispos - sobre el posible uso político de la visita del Papa por parte del Gobierno. Temas como la posición de León XIV ante conflictos internacionales o la cuestión migratoria podrían convertirse en munición política. Frente a ello, el sector más renovador de la Iglesia confía en que “no llegue la sangre al río” y han recordado que el Pontífice acude a España no solo como líder espiritual, sino también como jefe de Estado, en un intento de rebajar la tensión.

Choque por Cuelgamuros

En su mensaje, Marcos de Quinto volvía a poner el foco en otro de los grandes frentes de choque entre la ultraderecha y la Iglesia: la resignificación de Cuelgamuros, que estos sectores califican directamente de “profanación”. El exdirigente no solo retomaba este argumento, sino que lo vinculaba con la figura del cardenal Robert Sarah. En un tono marcadamente ideológico, planteaba una dicotomía sobre quién representa el “verdadero cristianismo”, contraponiendo el respaldo a las tesis de Sarah frente a lo que considera la pasividad de la Conferencia Episcopal ante la transformación del Valle de los Caídos y las políticas migratorias. Su discurso, además, recurre a referencias históricas como el franquismo o la batalla de Lepanto para reforzar una narrativa que mezcla religión, identidad nacional y confrontación política.

Mientras tanto, la situación en Cuelgamuros sigue generando incertidumbre. La comunidad benedictina se encuentra en una posición delicada, debatiéndose entre retirar su recurso contra el acuerdo alcanzado entre el Gobierno y el Vaticano o arriesgarse a que el Ejecutivo rompa definitivamente el pacto. En ese escenario, la posible extinción de la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos podría derivar en la expulsión de los monjes, una salida que ni la Santa Sede ni el Gobierno desean, especialmente a las puertas de la visita papal.

En este clima de creciente polarización, Vox no actúa en solitario. Organizaciones afines como Abogados Cristianos o Hazte Oír han intensificado su presión, trasladando incluso sus reivindicaciones a espacios institucionales como la sala de prensa de la Conferencia Episcopal. La presencia de actores que no representan a medios de comunicación en estos foros refleja un endurecimiento del clima político y mediático en torno a la Iglesia.

La tensión se ha trasladado también a la calle. Como ya ocurriera el año pasado, en los últimos días se ha vuelto a convocar un escrache contra los obispos, evidenciando hasta qué punto el conflicto ha escalado. Todo ello ocurre en un momento especialmente sensible, con la visita del Papa a la vuelta de la esquina. Desde el Vaticano se insiste en la necesidad de que el conflicto de Cuelgamuros quede resuelto antes de la llegada de León XIV a Madrid el próximo 6 de junio, con el objetivo de evitar que una cuestión interna empañe un viaje de alto valor simbólico y político.

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