1. Informe Caritas
El Informe Caritas (no confundir con el Informe Cáritas) no engaña, pues solemos ser dueños de nuestras palabras pero no de nuestros músculos faciales: las caras de Juanma Moreno y Manuel Gavira en el momento de la firma del acuerdo del PP y Vox para hacer presidente al primero y vicepresidente al segundo lo decían todo. Moreno parecía estar firmando su sentencia de muerte y Gavira parecía que acabara de cobrar el bote de La Primitiva.
2. El educado ‘no’ del señor Moreno
El 2 de julio de 2026 pasará a la historia político-espiritual de Andalucía como el día que Juan Manuel Moreno Bonilla vendió su alma al Diablo a cambio de un plato de poder. Ese día, Vox ‘mató’ a Juanma haciéndole firmar a cambio de su investidura un documento cargado de infamias xenófobas que el Juanma anterior a esa aciaga jornada no había cesado de repudiar de forma inequívoca aunque, eso sí, con mucha educación, con demasiada educación quizás.
3. Ay, Juan Manuel, Juan Manuel
Ay, Juan Manuel, Juan Manuel, quién te ha visto y quién te ve. Durante la campaña y mucho antes el presidente andaluz había mostrado de forma inequívoca su discrepancia con la dichosa ‘prioridad nacional’ de Vox, pero lo había hecho en términos lo bastante corteses como para sospechar que podría acabar haciendo lo que finalmente ha hecho: aceptarla. Lo más duro que Moreno dijo de la prioridad nacional es que era un “eslogan hueco” o que su implantación podría ser “ilegal”. Era obvio que estaba en contra, pero también lo era que bien podría acabar no estándolo. A su rechazo a la prioridad nacional siempre le faltó rotundidad: Moreno no quemaba las naves, solo ocultaba las velas con las que, llegado el caso, podría echarse de nuevo a la mar capitaneando la nave San Telmo, pero esta vez con un hombre de la extrema derecha como Primer Oficial.
4. Más toros y menos moros
El primer plato del menú cocinado por el chef por Abascal, servido por el camarero Gavira y engullido con gesto funeral por Moreno es esa ominosa ‘prioridad nacional’ que más bien debería llamarse ‘prioridad racial’; el resto de platos con su correspondiente guarnición se resume fácilmente sin necesidad de entrar en muchos detalles: más toros y menos moros, más blancos y menos negros, más turistas y menos ecologistas, más cazadores y menos maricones, menos neuronas y más testosterona. Ah, y menos rojos, claro, que para eso el documento con 150 medidas incluye la derogación de la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía, aprobada en 2017 por el Parlamento autonómico sin ningún voto, por cierto, en contra.
5. Esta es mi alma, y si no les gusta…
Si la pobre presidenta extremeña María Gardiola hubiera hablado de Vox con el tacto y la prudencia con que venía haciéndolo Moreno, podría haber salvado la dignidad cuando se vio forzada a pactar con el mismo Vox al que tan alegremente había vilipendiado antes a abrazarse a él. Al pactar con Abascal, Guardiola perdió el alma y la dignidad; Moreno ha perdido el alma pero conserva el palacio: yo ya no soy yo pero mi casa sí es mi casa. Esta es mi identidad, y si no les gusta, tengo otra. Esta es mi alma, y si no les gusta tengo otra. La diferencia entre perder el alma y perder la dignidad es que la pérdida de la dignidad es muy visible y suscita en quienes la contemplan vergüenza ajena, cuando no directamente compasión, mientras que la pérdida del alma es un hecho más sutil, más etéreo, más difícil de conceptualizar y, por eso mismo, más fácil de olvidar y perdonar.
6. Roca viva, cartón piedra
El ajustadísimo resultado de las elecciones andaluzas puso al alcance de Moreno la opción de hacer un último intento de salvar su alma convocando nuevamente elecciones, obviamente con el propósito de alcanzar, esta vez sí, la mayoría absoluta que las urnas le habían negado el 17-M por solo dos malditos escaños: no es imposible que en una repetición electoral un buen puñado de votantes de izquierdas hubieran acudido a socorrerlo para así cerrar el paso a las huestes de Abascal. Con su gesto Moreno habría visibilizado inequívocamente que su resistencia a pactar con Vox era de roca viva, no de cartón piedra: habría sido, ciertamente,una jugada a cara o cruz, pero es que a Moreno la cruz ya le había salido el 17 de mayo; lo peor que podía pasarle si repetía elecciones es que de nuevo le saliera cruz, en cuyo caso se sometería al yugo ultra, sí, pero al menos le cabría la dignidad, la incierta gloria de haber intentado escapar de él.
7. Lo siento, es mi carácter
Pero las hechuras psicológicas, biográficas y políticas de Moreno no dan para semejante heroicidad: no es el andaluz un dirigente con la autonomía, el empaque y la determinación suficientes para intentar una jugada tan audaz que, además, o más bien sobre todo, habría disgustado a la dirección nacional del PP, descolocado todavía más a su vacilante líder Alberto Núñez Feijóo y dejado al aire las vergüenzas de sus homólogos autonómicos de Extremadura, Aragón y Castilla y León, quienes, ellos sí, vaya que sí, dieron desde el primer momento por buena y aun por única la opción de pactar y gobernar con Vox: más toros y menos moros, más cazadores y menos maricones, etc., etc.
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