Santiago Abascal y su férreo liderazgo estarán a examen en las elecciones de Castilla y León, y con ellas, la cohesión interna de un Vox recientemente desbaratado. Al igual que en Extremadura y Aragón, el líder de la ultraderecha ha relegado a un segundo plano a los respectivos candidatos, siendo el protagonista absoluto de las campañas, unos métodos que de momento han funcionado, pero que han ido acompañados de purgas y ceses que no han hecho sino apuntalar la fama de César que ya se había granjeado previamente. Es el caso del todavía portavoz en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith, o el exlíder murciano, José Ángel Antelo. Si los resultados en Castilla y León son buenos, las aguas se calmarán temporalmente, pero de lo contrario, es probable que las filas le exijan cuentas a Abascal tras el giro autoritario de su dirección.

Fuentes de la ultraderecha consultadas por El País valoran que si se confirma el pronóstico electoral, que vaticina aproximadamente un 20% para Vox y el estancamiento y caída del PP y PSOE respectivamente, el liderazgo vertical y duro de Abascal será ratificado. Toman las elecciones como un termómetro infalible: si los resultados son positivos, la estrategia habrá sido acertada y se podrá celebrar que Vox es el partido que más crece en la actualidad. Si hay batacazo, el panorama puede cambiar radicalmente. Cabe recordar, además, que ni siquiera en julio de 2023, cuando perdió más de un tercio de sus diputados, la ultraderecha hizo autocrítica.

En esta clave de dudas alrededor de la estrategia a seguir, el exportavoz parlamentario Iván Espinosa de los Monteros ha solicitado la celebración de un congreso extraordinario para debatir el funcionamiento interno del partido. El exparlamentario sostiene que la organización, de la que es fundador, se encuentra inmiscuida en un "giro iliberal y estatalista" y denuncia que está siendo dirigida minoritariamente y desde la sombra "por un grupo de gente desconocida para el gran público, que no pertenece al partido, pero que toman decisiones". El objetivo de este comité nunca ha sido sustituir a Abascal, pero la cúpula de Vox reaccionó a la petición como si así lo fuera: el número dos de la formación en el Congreso, José María Figaredo, ha acusado a Espinosa de haberse convertido en un instrumento del PP. "Quien lo está planteando es el Partido Popular a través de un antiguo portavoz de Vox al que están utilizando. Los que quieren este congreso buscan colocar a un títere del PP en Vox", valoraba, sin citar directamente a su compañero.

Duros cismas y el problema de la afiliación

La dura respuesta de la directiva a esta proposición imposibilita la convocatoria de un congreso extraordinario. Los Estatutos dictaminan que solamente se puede forzar este mecanismo "a petición escrita de al menos el 20% de los afiliados de pleno derecho", es decir, aquellos con más de nueve meses de antigüedad y al corriente de pago. El número de afiliados de la ultraderecha es una incógnita: Abascal los cifró recientemente en alrededor de 68.000, y las últimas cuentas de la formación, de 2024, recogen 65.615, de los cuales solamente la mitad, 32.000, pagaba las cuotas de afiliación. Así las cosas, para recabar las firmas de los afiliados y celebrar el consejo extraordinario, los promotores de la iniciativa tendrían ganarse el favor personal de cada uno de ellos, pero la lista está custodiada por una dirección nacional sin intenciones de facilitársela a nadie. Además, tienen una baza muy fácil de jugar: si alguien ajeno a los acólitos de Abascal la consiguiera, podría ser acusado de vulnerar la ley de protección de datos. Todo atado y bien atado.

No obstante, cabe recordar que Vox tiene pendiente celebrar su asamblea ordinaria, equivalente al congreso anual, antes del 30 de junio, para darle luz verde a sus presupuestos y enviarlos al Tribunal de Cuentas. En ese momento, ya se sabrá si la ultraderecha ha entrado o no en los gobiernos autonómicos de la mano del PP, en cuáles, bajo qué condiciones y si el liderazgo férreo de Abascal se termina de apuntalar o si hay un cambio de ciclo. A su vez, podrán hacer balance del ciclo electoral, con tres comicios, casi cuatro si se cuentan las elecciones andaluzas. Con todo este contexto sobre la mesa, la petición de Espinosa podría coger fuerza y que existiera un debate de posiciones de fondo. En las filas del partido hay un sentimiento común: son conscietnes de que un congreso en el que los afiliados debatan la línea a seguir no es posible si el Comité Ejecutivo Nacional lo veta, pero también piensan que no puede saldarse todo cortando la cabeza de los disidentes, aunque el centralismo les esté dando rédito electoral.

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