La serie de purgas realizadas en Vox ha constatado la falta de pluralidad y la persecución de la disidencia en el seno de la formación ultraderechista. El presidente de la extrema derecha española, Santiago Abascal, con el brazo ejecutor del secretario general, Ignacio Garriga, y el apoyo en la sombra de los empresarios que alimentan el partido, Kiko Méndez-Monasterio y Gabril Ariza, ha expulsado a más de una cara conocida, propiciando una cascada de acusaciones cruzadas y filtraciones que han dejado al descubierto como funciona la cocina ultraderechista.
El ajusticiamiento de Javier Ortega Smith, por el peso que el madrileño tuvo en el partido y la posición que ocupó a la derecha de Abascal cuando apenas era conocida la marca, es el que más ha dado que hablar. El todavía portavoz de Vox en el Ayuntamiento de la capital y diputado en el Congreso de los Diputados se aferra a sus cargos institucionales, pero ha sido desprovisto de sus responsabilidades orgánicas, incluido su silla en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN). Sobre la decisión de expulsarle del órgano rector, este lunes, se han conocido más detalles.
El periódico El Mundo ha revelado los mensajes de WhatsApp que fueron enviados en el grupo aquel 22 de diciembre de 2025, cuando en apenas 15 minutos se certificó la expulsión de Smith. El proceder parece, a todas luces, premeditado, dada la velocidad con la que los integrantes respondieron a la petición. Garriga, a las 19:07 horas del lunes que inauguraba la semana de Navidad, revelaba que había solicitado a Abascal que “de acuerdo a los estatutos, proceda al cese de Javier Ortega Smith de este comité”.
Además, adjunta un documento con los cinco correos electrónicos que envió a Smith y que no fueron respondidos, situación que el purgado atribuye a que el correo electrónico estaba en desuso. Tan solo un minuto después, a las 19:08 horas, el presidente del partido envía un largo mensaje, citando el artículo 15 de los Estatutos de Vox, en el que propone el “cese inmediato de Javier Ortega Smith como miembro del CEN por la pérdida total de confianza política y personal”. Asimismo, propone a Julia Calvet, responsable de Juventud a nivel nacional, como sustituta.
Es necesario, según los propios estatutos de Vox, el apoyo de dos tercios del Comité Ejecutivo Nacional para validar esta decisión (14 de 20). Dos minutos después de emitir Abascal su mensaje, sin que hubiera dado siquiera tiempo a leer el informe adjuntado por Garriga, más de una decena ya habían dado su validación a la propuesta del líder ultraderechista. Llanos Massó, presidenta de las Corts Valencianas; Luis Gestoso; portavoz municipal en Murcia; Vicente Barrera, líder del partido en Valencia; y el eurodiputado Jorge Buxadé fueron los más rápidos en responder.
El resto (Ignacio Garriga, Rosa Cuervas-Mons, Pepa Millán, José María Figaredo, Rocío de Mer, entre otros muchos) se fueron sumando a continuación. Finalmente, el resultado fu certero: 19 votos “a favor” y tan solo uno en contra, el de Ortega Smith, que llegó cuando todos sus excompañeros ya se habían pronunciado. “En contra”, se limitó a poner el protagonista. Es más, ni siquiera dio tiempo a que se pronunciase antes de que el secretario general ratificase la expulsión, al acumular ya 19 síes y ser el voto del afectado indiferente.
“Javier, el Comité Ejecutivo Nacional ha acordado por unanimidad (19 síes) tu cese como vocal del mismo. Por favor, abandona el grupo”, escribió Garriga. “En contra”, respondió Ortega Smith. Desde ese momento, transcurrieron 20 minutos en los que nadie se atrevió a pronunciarse, según lo detallado por El Mundo, y la tensa calma no se rompió hasta que volvió a escribir el secretario general. “A la vista de que no abandonas el grupo, proceso a crear uno nuevo”, solventó el ejecutor el rechazo de Ortega Smith.
"Este grupo deja de ser operativo, os agradeceré a los miembros del comité que abandonéis el grupo”, certificó. La purga había sido constatada, pero todavía quedaba por delante muchos enfrentamientos entre la cúpula de Vox y Ortega Smith, subiendo de tomo con el paso del tiempo y ganando más relevancia pública. El culebrón parece estar lejos de terminar y pone en peligro las aspiraciones electorales de Vox, que se juega su futuro en muchos territorios, donde está elevando y hundiendo líderes autonómicos a una gran velocidad.
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